Ayer, 17 de marzo de 2026, martes, en Ciudad Real, me tomé un vino y un montado de calamares en un bar al que voy desde, al menos, el año 2002. Es uno de esos bares de polígono industrial que tanto me gusta descubrir, visitar y disfrutar. Entendí enseguida que había cambiado la dirección. Pero, aparentemente todo seguía igual, excepto algunas caras nuevas y la ausencia de otras.
Me pareció que el vino me lo sirvieron con miedo, a pesar de que tiene un precio que aconsejaría tener más fluidez en el servicio. Al pagar me di cuenta de que el precio del montado había subido -ya son 4,50 euros- pero, sobre todo, me sorprendió que me cobraran veinte (20) céntimos por un extra de queso. Pregunté y me dijeron que sí, que era por el sobrecito de mayonesa que pedí. No pasa nada. En realidad me cobraron otros veinte céntimos por el tomate que ni pedí, ni me sirvieron ni tomé. No creo que vuelva. Curiosamente, con seguridad habría dejado esa pequeña cantidad de propina o algo más, pero pensé que no procedía. En fin, debo estar mal acostumbrado. En algunos bares que frecuento cuando pido mayonesa o me dejan un bote para servirme a placer o me dan tres o cuatro sobres. También hay quiénes tienen cestillos con estos sobres de mayonesa, tomate, mostaza...sin que se cobre dinero extra alguno. El tiempo dirá si es buena práctica para conservar la clientela. Los cambios están a la vuelta de la esquina.

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