Estos días de febrero de 2026, como todos los años, se produce un fenómeno natural de impresionante valor naturalístico. Y es que los días se van alargando y un buen número de aves invernantes inician sus viajes migratorios de regreso. Las más grandes, llamativas y numerosas -unas 185.000, hogaño- quizás sean las grullas comunes (Grus grus). Han pasado aquí buena parte del otoño y del invierno y les ha llegado el momento de volver, para comenzar la cría, a miles de kilómetros de distancia. Y otras, en el extremo opuesto, van llegando. Antes de ayer vi mis primeras golondrinas y aviones en Piedrabuena, Ciudad Real, España. Son pequeñas aves que vienen de pasar estos nuestros fríos y cortos días en un destino más idóneo, África. Se cuentan por millones y muy pronto entrarán incluso en nuestras casas para acomodarse y criar en sus nidos. Golondrinas comunes, golondrinas dáuricas, aviones comunes, aviones zapadores, vencejos comunes...alegrarán nuestros cielos y comerán cientos de millones de mosquitos, al vuelo.
Los cernícalos primilla (Falco naumanni) llevan ya unos cuatro o cinco días en Piedrabuena. El alarmante descenso demográfico de hace unas década se ha conseguido invertir. Lo cierto es que estos pequeños halcones ya están por aquí, si no todos, sí los pioneros. Los escucharemos cerca de las iglesias y otros edificios, y veremos sus vuelos y espectaculares cernidos.
Es tiempo también de ver a los críalos (Clamator glandarius), casi siempre, perseguidos por las urracas (Pica pica), cerca de los nidos de estas. Otro espectáculo digno de observación.
De manera que lo que estos días nos brindan son despedidas y bienvenidas de aves. Hay que intentar disfrutar del espectáculo.
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