Hace unas semanas me llegó este primer ejemplar de "La Hora", con su nuevo tamaño. Se trata de un gran formato, sábana o, en inglés, "broad sheet".
Me ha recordado instantáneamente a mi juventud, en aquel período de emigrante, en el Londres del "tubo" (el metro), de periódicos enormes que, en muchos casos, facilitan la lectura de dos o tres viajeros a la vez.
Si estabas sentado a la izquierda del propietario del periódico podías leer las páginas pares, como si lo hubieras comprado tú. Si te sentabas a la derecha, tu página más fácil de leer era la impar. Aunque ciertamente los muy diestros compradores los manejaban magistralmente, doblándolos y seleccionando sólo la noticia o sección que les interesaba.
Me alegró saber que sigue en pie la muy difícil iniciativa del periodista César Muñoz Guerrero. Digo "muy difícil" por los cambios que venimos experimentando durante los últimos años. La prensa en papel - curioso que yo especifique, cuando "prensa" significa precisamente "impresa en papel" - está prácticamente desapareciendo, al menos como la conocíamos antes de la pandemia por Covid 19.
Ahora, por ejemplo, la excepción es poder leer un periódico en un bar, una cafetería, una consulta médica o un colegio. Antes era lo más normal del mundo.
Hoy la prensa provincial ha desaparecido parcialmente. En Ciudad Real el Diario Lanza, de titularidad pública, ahora es semanal y gratuito en la edición en papel. La Diputación Provincial de Ciudad Real lo distribuye en establecimientos privados que venden prensa, y en algunos públicos.
La Tribuna de Ciudad Real, empresa privada, se distribuye también gratuitamente de lunes a viernes, en la capital, Ciudad Real, en algunos bares, churrerías, hiper mercados y algunas instituciones, véase, la Biblioteca Pública del Estado, o tan peculiares como la comisaría de policía nacional. No pasa nada, me llama la atención.
He intentado conseguirlo o comprarlo en municipios como Villarrubia de los Ojos, con más de 9.000 habitantes, o en Piedrabuena, con más de 4.000. Misión imposible, salvo si alguna persona detallista y lectora lo deja el mismo día o el siguiente en algún que otro bar.
Un desastre, un verdadero cataclismo periodístico, informativo, cultural y literario.
Como quien no quiere la cosa hemos pasado de poder leer uno, dos, tres, cuatro... periódicos en bares y cafeterías, a ver la tele, escuchar los soniquetes insidiosos de las máquinas tragaperras - que deberían estar prohibidas excepto en espacios exclusivos para tal fin- y a mirar los omnipresentes móviles y escuchar a veces el del vecino.
En este espantoso momento que alguien tenga la iniciativa y la valentía de intentar sacar adelante un periódico me parece digno de encomio.
Y en el caso concreto del que hablo, nos encontramos con la sorpresa de este formato tan grande como llamativo. Más de medio metro de alto bien merece nuestra atención y lectura.
La Hora creo que es como una bandera roja que nos está avisando, a voces, de esta catástrofe que estamos viviendo. Así que, cuanto más grande, mejor, si sirve para llamar la atención y atraer lectores nuevos o veteranos. Plantar cara a este proceso de destrucción o anti-culturizador y, sobre todo, ante-pensamiento, me aporta una pizca de esperanza.
Gracias enormes por este trabajo a quienes lo estáis haciendo posible, a pesar de tantos y tantos pesares.
Obsérvese, arriba a la izquierda, el muy útil bolígrafo Bic que, como se sabe, también se usa como escala, con sus quince centímetros.
Gracias Paco por recoger en tu blog iniciativas como esta, ¡enhorabuena por el artículo!
ResponderEliminar¡Enhorabuena a César Muñoz por esta gran iniciativa!!!
ResponderEliminarMuchas gracias.
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