lunes, 25 de abril de 2016

Nota de Prensa: Brevemente se publicará la segunda entrega de la Historia del Ecologismo en la provincia de Ciudad Real.

Brevemente se publicará la segunda entrega de la Historia del Ecologismo en la provincia de Ciudad Real.
El año 2008 vio la luz un libro sobre la Historia del Ecologismo en la provincia de Ciudad Real: ”En primera persona: Apuntes para unaHistoria necesaria del Ecologismo en la provincia de Ciudad Real”. En breve se publicará la segunda entrega que, en esta ocasión, ha contado con las aportaciones de seis autores de ámbitos diferentes y sobre dos temáticas: los conflictos y vivencias en torno al agua en la llanura manchega y las lagunas volcánicas del Campo de Calatrava por un lado y el campo de tiro de Anchuras y la lucha contra su instalación, por otro.
Como en la primera ocasión, se ha intentado contar con todo tipo de testimonios, protagonistas, estudiosos y disciplinas para ofrecer una visión lo más abierta, dialogante y rica posible. E igualmente se ha tratado de una iniciativa que no ha contado con subvención alguna, buscando la máxima independencia y objetividad.
Para el tema del agua han aportado sus trabajos un sociólogo, un economista y un agricultor. Además, un geógrafo nos ofrece una síntesis de sus investigaciones sobre los numerosos cráteres ocupados por agua en la antiguamente llamada “región volcánica central de España”.
La lucha contra la instalación de un campo de tiro del ejército del Aire en el pequeño y alejado municipio de Anchuras es relatada, en primera persona, por uno de los más activos agentes de los tres primeros años, el que entonces fuera sacerdote de la población.  Además se incluye la visión de un maestro de escuela que estuvo tres años en ese hermoso y combativo pueblo.
Los autores son:
ALHAMBRA DELGADO, Miguel;
GOSÁLVEZ REY, Rafael Ubaldo;
LÓPEZ SANZ, Gregorio;
OÑATE DÍAZ, José María;
GALÁN DE LA FLOR, Rafael;
ZAMORA SORIA, Francisco.
La coordinación corrió a cargo de Francisco Zamora Soria. Algunas fotografías han sido facilitadas por el fotógrafo Manuel RUIZ TORIBIO.

La presentación tendrá lugar en algún lugar emblemático de la Conservación/destrucción de la Naturaleza en la provincia, como el río Guadiana o los Ojuelos del río Gigüela, en Villarrubia de los Ojos.


viernes, 8 de abril de 2016

Y el agua sigue subiendo en los Ojuelos.

Ya ha llegado el mes de abril. Aunque no se ha generalizado, la campaña de riego ya ha empezado. Las lluvias del inicio de la semana vinieron muy bien pero no han cambiado significativamente el balance de año escaso en precipitaciones.
Sin embargo, como ya sabemos, el Acuífero 23 tiene un funcionamiento que no se corresponde con las precipitaciones "directamente" sino que "discurre" mucho más lentamente. 
Los niveles piezométricos de marzo de 2016 han vuelto a subir. Y un simple vistazo es suficiente para comprobarlo in situ.
Así, hoy, 8 de abril de 2016, el nivel del agua en algunos afloramientos es mayor que el de hace un par de semanas.
El charquito de apenas unos centímetros se ha convertido ya en otro de más de dos metros por metro y medio. La vegetación acuática empieza a crecer y los anfibios aparecen muy activos en esos reductos de agua.
Siguen las transformaciones agrícolas y el proceso de intensificación de los cultivos parece que no ha hecho más que empezar. Contrasta la realidad que se percibe desde las carreteras y caminos con los discursos, las promesas, los llamados programas electorales y hasta los artículos falaces de una consejera de Castilla-La Mancha en el Diario Lanza hablando sobre el trasvase Tajo-Segura.








domingo, 28 de febrero de 2016

Sobre "La Ribera" de Víctor Díaz Núñez de Arenas.

"La Ribera"  del Víctor Díaz Núñez de Arenas es algo más que un libro de fotografías. Si solo fuera eso, un libro de fotografías sobre la ribera del río Guadiana, ya sería importante. Pero es, por ejemplo, una forma de ver la Naturaleza con delicadeza, con mucha atención, con sentimiento, buscando transmitir la grandeza de lo pequeño y lo tantas veces desapercibido.
Además, La Ribera es un canto poético a un espacio natural que lleva muchos años en una situación difícil. Es también una apuesta por el micromecenazgo y la creación artística. Y, por supuesto, una delicia, un remanso de paz hecho con calma.

sábado, 27 de febrero de 2016

Sigue la destrucción en los Ojuelos del río Gigüela.

Sigue la destrucción en los Ojuelos del río Gigüela. Se podría decir que inexplicablemente pero parece ser que es normal que se siga extrayendo arena de una zona de dunas con endemismos animales y vegetales protegidos y de gran interés. Parece que es normal que se trabaje los sábados y domingos desde el amanecer hasta bien entrada la noche. Se dice que los inspectores de Trabajo y de Hacienda no trabajan los fines de semana. Parece ser que los sindicatos, tampoco.
Normal debe ser que se almacenen materiales que producen lixiviados contaminantes en zonas de gran porosidad. Y lo más normal del mundo es que todo esto ocurre a diario desde hace meses a escasos cientos de metros de un Parque Nacional, Reserva de la Biosfera, Lugar de Importancia Comunitaria, Zona de Especial Protección para las Aves, Humedal de la lista Ramsar...
Se dice que las denuncias se suceden pero lo que se suceden son los trabajos con fuertes impactos. Se preguntan algunas personas a quién corresponde poner orden, ¿al SEPRONA? ¿a los agentes medioambientales de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha?¿a la guardería del Parque Nacional? ¿a los guardas de la Comisaría de Aguas?¿a la guardería Rural del Ayuntamiento de Villarrubia de los Ojos?
Lo más cómodo, como tantas veces, es responsabilizar a los ecologistas, que no hacen nada y, además, hay quiénes dicen que están comprados.
Las máquinas excavadoras han llegado a uno de los pequeños montecillos, quizás el más hermoso y el que mantiene una vegetación extraordinaria. Allí hay encinas impresionantes que nos recuerdan lo que fue este territorio hace unas décadas. Pero, pensándolo fríamente, ¿qué más dan unas encinas más que menos? ¿Es que estamos en contra del progreso? ¿Es que no queremos el desarrollo?¿Qué es más importante, un chaparro o una familia? ¿Y qué pasa porque se aprovechen esos metros cúbicos de arena y se "mejore" el suelo con buena tierra? ¿No es mejor plantar almendros en espaldera con riego?










Ya se conoce el informe del IGME sobre los Ojuelos del Gigüela.

Hace unos días se distribuyó de forma oficiosa el informe del IGME de Miguel Megías y Pozo. Es de agradecer el interés tomado por este evento hidrogeológico y geográfico y el trabajo realizado. El informe presenta abundante información e ilustraciones, fundamentalmente mapas geológicos. 
Como ya se expresaba en una entrada anterior, el estudio se basa en unos cuatro o cinco afloramientos detectados a finales de diciembre de 2015 y primeros de enero de 2016, sin que se hayan tenido en cuenta otros muchos aparecidos o descubiertos con posterioridad.
Tampoco se han manejado datos de los piezómetros disponibles y se incurre en algunos errores en este tema.
Cuando se describen los afloramientos no se enfatiza tanto en el concepto de "reperforación" de los ojuelos como se hacía en el titular de La Tribuna el 11 de febrero de 2016, casi desvirtuando y descalificando las noticias aparecidas anteriormente. En realidad se describe someramente lo  que se cree que pudo haber ocurrido, como parecería lógico en un trabajo que persigue la objetividad.


miércoles, 17 de febrero de 2016

Nuevos afloramientos en Los Chorreros.

Hoy, 17 de febrero de 2016, han sido localizados nuevos afloramientos en Los Chorreros. El agua, a simple vista, se encuentra a unos dos metros y medio de profundidad. Todo parece indicar que hay algunos puntos más con agua. 
Como se viene constatando en algunos puntos de estos terrenos, se pueden ver escombros y basuras incluso en los arroyos, pozas y zanjas.



Tablas de Daimiel publica el número 1 de su revista.

Tablasdedaimiel.com acaba de publicar su revista, el número 1. Se puede leer a texto completo, y descargar, en el enlace. El tema de los Ojuelos es uno de los más importantes de esta entrega.

martes, 16 de febrero de 2016

Propuesta del Ayuntamiento de Villarrubia de los Ojos para la protección de los Ojuelos del río Gigüela.

El pasado sábado se hizo pública la noticia, a través de una nota de prensa de la Asociación Ecologista Anea, que el Ayuntamiento de Villarruba de los Ojos, Ciudad Real, habría solicitado a la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha la declaración de micro-reserva de Los Ojuelos de Villarrubia de los Ojos, junto con las Pozas de los Alpargateros. 
De entrada y sin contar con más información que la dicha, parece una buena idea y una demostración de la buena disposición de la alcaldesa del municipio y de su equipo de gobierno. 
No parece, sin embargo, que se trate de espacios que cuenten ni con la continuidad territorial aconsejable ni con unos valores naturales  semejantes, por lo que parecería más lógico que se optara por la individualización de cada uno. Por otra parte, su historia, su génesis, su evolución, sus características...son muy diferentes, aunque puedan compartir la cercanía y el hallarse enclavados en el cauce del río Gigüela. Además, las microrreservas deben tener una extensión inferior a las 20 hectáreas, de manera que se quedarían fuera demasiadas hectáreas en el caso de optarse por una sola microrreserva.



lunes, 15 de febrero de 2016

El agua mana a flor de tierra en los Ojuelos del río Gigüela, en Villarrubia de los Ojos, Ciudad Real.

El agua mana a flor de tierra en Los Ojuelos del río Gigüela, en Villarrubia de los Ojos.
Francisco Zamora Soria, 9 de febrero de 2016.
Hace apenas un mes y medio desde  que Conce Sepúlveda, guía de campo de Villarrubia de los Ojos, descubrió un pequeño afloramiento de agua en una antigua zanja, en el paraje conocido como Los Ojuelos. El nivel del agua ha ido subiendo y se han detectado nuevos afloramientos en varias pozas y en antiguos pozos de noria.
Se trataba de antiguas pozas de escasa profundidad y de zanjas que, junto con los pozos, suman un total de veinticuatro puntos de agua, en ambas márgenes del río. En algunos casos se trata de aguas ligadas al río Gigüela mientras que en otros, todo parece indicar que sería el acuífero 23 el que está empezando a aflorar, a pesar de haber sido un año tan escaso en precipitaciones.
Los puntos con agua se encuentran en el paleocauce del río Gigüela, una zona muy llana, con una altitud de 610 metros sobre el nivel del mar. Aquel río trenzado, con diferentes cauces o madres entre las que destacaba la Madre Chica, fue encauzado definitivamente (por el momento) a finales de los años sesenta y primeros setenta del siglo XX. De los varios miles de metros de anchura, se dejó un canal de unos veinte metros con las riberas peraltadas y la Madre Chica, también encauzada y modificado su trayecto.
Ahora, el agua ha aflorado en una pequeña zona deprimida en torno a los 609 metros snm. Puesto que en los últimos días ha llovido, aunque muy poco, es recomendable esperar para comprobar cómo se comporta el pequeño manantial. Desde luego se trataría de una gran noticia si se confirmara en los próximos días que es agua del nivel del acuífero que empieza a alcanzar esa cota. Inicialmente se detectó apenas un charco con unos dos o tres centímetros de profundidad en una zona ligeramente deprimida. Al día siguiente ya se trataba de unos cuatro centímetros de profundidad y unos treinta centímetros, el lado más largo. A fecha de hoy, 14 de febrero de 2016, el afloramiento de agua tiene una profundidad de unos ocho centímetros y dobla la de los pasados días.

No parece que el pequeño charco esté relacionado con las lluvias de estos días sino más bien con la subida de los niveles de las aguas subterráneas que se están produciendo.


Afloramiento de unos cuatro centímetros de profundidad y unos 30 centímetros de largo por veinte de ancho, el día 9 de febrero de 2016. Fotografía de Francisco Zamora Soria.


Afloramiento el día 14 de febrero de 2016, con una extensión y profundidad del doble de la del día 10.

sábado, 13 de febrero de 2016

Noticia sobre los Ojuelos del río Gigüela del IGME en La Tribuna.

El jueves 11 de febrero de 2016 el diario  La Tribuna de Ciudad Real publicó un artículo titulado "El IGME confirma que los "ojos" del cauce del Gigüela han sido "reperforados artificialmente" de A. Criado. La misma noticia aparece en la edición digital.
Los datos aportados por el jefe de área de Hidrogeología Aplicada del Departamento de Investigación y Prospectiva Geocientífica del IGME, Miguel Megías siendo interesantes, resultan escasos y no parecen haber sido actualizados con el afloramiento de más puntos de agua. Tampoco hay una verdadera correlación entre el titular y el cuerpo del artículo. Así, no queda claro a qué se refiere exactamente ese concepto de "reperforación artificial". Es de suponer que se refiere a que en algunos puntos se aprecia claramente que se trata de zanjas o pozas realizadas hace unos treinta o cuarenta años o quizás más. 
Por otra parte, resulta curioso que no se haya hablado de las informaciones recientes que hablan de más de veinte puntos con agua a ambos lados del río Gigüela, por cierto. Esa información apareció publicada en el Diario Lanza el día 9 de febrero de 2016 y fue facilitada al diario La Tribuna el día 7 de febrero.
De cualquier manera es de agradecer tanto a La Tribuna como al IGME el trabajo realizado, en particular a Miguel Megías y a A. Criado.




martes, 9 de febrero de 2016

Artículo sobre los Ojuelos del río Gigüela en el Diario Lanza, el 9 de febrero de 2016.

Siguen apareciendo afloramientos de agua en Los Ojuelos del Río Gigüela, en Villarrubia de los Ojos.
Francisco Zamora Soria, 7 febrero 2016.
A mediados del pasado diciembre de 2015, un vecino de Villarrubia de los Ojos, Conce Sepúlveda, se dio cuenta del afloramiento de agua en una zanja, en la zona conocida como Los Ojuelos, en el paleocauce del río Gigüela, en Villarrubia de los Ojos.
En unos días se fueron descubriendo otros afloramientos por parte del citado vecino como por otros. Varios equipos de científicos y técnicos de diferentes instituciones iniciaron igualmente el reconocimiento del terreno para estudiar el fenómeno.
Tras casi dos meses, el afloramiento de aguas se ha seguido produciendo. Por un lado se ha detectado en varias pozas y zanjas y, por otro, en pozos de noria abandonados. El nivel del agua se encuentra muy cercano a la superficie. Debemos recordar que se trata del cauce (o paleocauce) del río Gigüela, las llanuras de inundación de este río que se encharcaban periódicamente debido a las crecidas del río y que, además, mantenían manaderos de agua conocidos como “ojuelos”.
Por el momento hay más de veinte puntos con agua, a pesar del difícil año, pluviométricamente hablando y todo parece indicar que seguirán aflorando.
Mientras que en los primeros momentos se afirmó que no había agua en los pozos cercanos, una revisión más pormenorizada ha puesto de manifiesto su presencia en, al menos, cinco de ellos.
El hecho de que se haya detectado la presencia de plantas como la masiega podría indicar que o bien el agua ya hubiera aflorado con anterioridad en los últimos años o bien que se encontrara muy cercana a la superficie en la que ahora es visible, lo que habría permitido que esas plantas prosperaran.
El río Gigüela en este tramo, antes de adentrarse en el Parque Nacional de las Tablas, presenta una considerable cantidad de agua, que contrasta con la nula presencia en la estación de aforo de Arenas de San Juan y con la muy escasa en la de Villarrubia de los Ojos, la número 204.
La zona tiene una gran diversidad geomorfológica y destacan las dunas de origen eólico, los suelos de limo, las zonas de yesos y algunos “montecillos”, pequeñas elevaciones de escasos metros. Son varias las especies de plantas endémicas de gran interés como los albardines y el limonio, entre otras así como las aves estepáricas. Sus valores naturales y patrimoniales son muy importantes.
El río Gigüela presentaba un cauce muy llano, anastomosado, con diferentes cauces trenzados. En los años sesenta se encauzó, quedando reducido a un canal estrecho y rectilíneo con malecones. Dónde había hasta dos o tres kilómetros el río quedó reducido a unos veinte metros de anchura. Los manantiales desaparecieron debido a la extracción masiva de aguas subterráneas, entre otras causas coadyuvantes. Los pozos de noria quedaron secos durante decenas de años y algunas pequeñas fincas dejaron de cultivarse para su tradicional función de huertas.
Todavía hoy son visibles los restos de las zanjas que en otros tiempos avenaban estas tierras y servían tanto para drenar como para regar y pescar.  En algunas de ellas, ahora, está volviendo a manar el agua, debido a la recuperación del acuífero. En otros puntos el agua está aflorando en pequeñas depresiones hechas con máquinas hace tiempo. Son “pozas” de unos doscientos a cuatrocientos metros cuadrados, algunas mucho mayores, y en algunos casos con vegetación palustre típica de estos humedales.
Las dunas son uno de los grandes valores de esta zona, a pesar del grave deterioro que siguen sufriendo algunas de ellas. Se trata de formaciones de origen eólico, con una antigüedad de unos 12.000 años, aunque se han producido momentos o períodos de reactivación, incluyendo el momento actual.

El futuro debería pasar por el estudio, la planificación y la toma de decisiones tendentes a la conservación de los valores presentes, así como la restauración y recuperación de los elementos más degradados. Resulta evidente la gran importancia de la Educación, de una correcta divulgación, de la colaboración entre todas las administraciones e instituciones y el fluido contacto con la sociedad civil. No es menos relevante el gran potencial educativo, didáctico y científico de los Ojuelos, en particular, y del complejo hídrico con el que cuenta Villarrubia de los Ojos, en conexión con los municipios limítrofes. Recordemos que muy cerca se encuentran los Ojos del Guadiana y el nacimiento del mítico río, así como las Pozas de los Alpargateros, ya en el río Gigüela, además de las interacciones con los aportes de la cercana sierra en los llamados “hontanares y bodonales”.





martes, 2 de febrero de 2016

Los Ojuelos del río Gigüela entre la esperanza y la destrucción que avanza.

Hoy es el Día Mundial de los Humedales. Los llamados medios de comunicación de masas nos hablarán de algunos humedales, de problemas y de soluciones. Hoy, habrá quiénes hayan aprendido o descubierto los problemas de estos enclaves tan frágiles. En colegios, institutos, universidades (eso sería lo deseable) se habrán trabajado lo mejor posible los aspectos más elementales del tema.
En las redes sociales también se aborda la cuestión y las instituciones, algunas, y los grupos ecologistas, científicos y profesionales lanzarán o han lanzado ya sus consignas, sus notas de prensa, sus campañas, sus deseos, sus denuncias, sus noticias, sus propuestas...
En un mundo como el nuestro, "líquido" según Zygmunt Bauman, por cierto, todo fluye y lo hace tan deprisa, que es cuestionable que pueda "calar" lo suficiente o, sencillamente, lo necesario.
Desde luego, es mejor que nada. 
Lo cierto es que ayer venía una noticia en el diario La Tribuna de Ciudad Real verdaderamente preocupante. Se hablaba sobre el Trasvase Tajo-La Mancha, ese del que el actual presidente de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, negaba que fuera un trasvase y lo calificaba de proyecto de abastecimiento, como cualquier otro. Nada se decía de los posicionamientos en contra de determinados sectores académicos ni de las propias autoridades en determinadas instituciones. Nada se decía de las promesas incumplidas en cuanto a los plazos y a las catastróficas consecuencias si no se llevaba a cabo en los plazos previstos. Un político, muchos en realidad, decía que no habría futuro ni progreso ni posibilidad alguna de desarrollo para Castilla-La Mancha si no se concluía rápidamente.



Tuvimos que ver como llegaba la crisis para quedarse muchos más años de lo previsto y como se paralizaban las obras y como la información brillaba por su ausencia. Tuvimos que ver como llovía y se iba recuperando el Acuífero 23 y afloraba el agua en los Ojos del Guadiana. Pudimos ver, los que quisimos verlo, con sorpresa y estupor, como por debajo de las enormes tuberías del Trasvase Tajo-La Mancha circulaba el agua de forma natural, con algunas modificaciones introducidas por la misma obra. Tuvimos que ver como, de golpe, tocaba no hablar de este macro proyecto muy ligado a todo lo que pasó después, como el cierre del Aeropuerto de Ciudad Real y el del Parque Temático el Reino de Don Quijote. Vimos como quebraba la Caja de Castilla-La Mancha y como "el ladrillazo" se estrellaba contra un suelo provocando un socavón social sin precedentes en las últimas décadas. No había dinero para casi nada y curiosamente, no había responsables ni culpables. Había gente a la que no se podía ayudar ni a comer ni a vivir bajo un techo. Había gente pasándolo muy mal de la que tampoco tocaba hablar en voz alta.

Y en este día no viene mal recordar que el agua también está aflorando en la zona de Los Ojuelos de Villarrubia de los Ojos. Allí hay unos diez afloramientos que suponen que la esperanza de la recuperación prosigue. Pero allí está también la cruda realidad del agua contaminada por vertidos, la destrucción total de una zona de dunas y de todo lo que en ellas había. Allí sigue habitando el olvido, el peor enemigo de los humedales. Aunque a veces, quizás sea preferible ese olvido a la atención interesada y sin principios.
Quedémonos con la idea de que, después de treinta años, empieza a aflorar el agua en viejos pozos de noria, en zanjas -algunas muy antiguas-, y en pozas hechas por máquinas excavadoras. Hay interés, y eso es lo más importante.

martes, 19 de enero de 2016

Los arenales y las pozas.

En los años ochenta del siglo XX los arenales o dunas de Villarrubia de los Ojos se estaban empezando a explotar con cierta intensidad. Había una zona que, debido al socavón producido por las máquinas excavadoras, se había convertido en "pozas", es decir, charcas de cierta extensión y de una profundidad de unos tres metros. Aclaremos que el término "poza" se venía usando en Villarrubia de los Ojos, desde hacía unos años. Se hablaba de "la fuente las pozas", "las pozas de los Alpargateros" o "la poza de don Ramón".
En esa poza había agua en verano y en invierno y algo de vegetación en las orillas. El agua nos recordaba mucho a la que había y hay en las pozas de los Alpargateros, con ese color tan característico entre verdoso y azulado. 
Había un pequeño trazado -muy pocos metros cuadrados- que, durante un tiempo, se convirtió en una pequeña pista de moto-cross, siendo usada muy esporádicamente por algunos aficionados del municipio.
Esos arenales se siguieron explotando cada vez más. Se produjeron verdaderos vaciados de las arenas de las dunas y, dónde quedaba un talud, pronto aparecían los agujeros excavados por decenas de abejarucos comunes, "Merops apiaster". Se apreciaba también alguna que otra zorrera y se veían las lechetreznas "Euphorbia", con sus orugas de esfinge.
Muy cerca apareció un yacimiento arqueológico muy interesante, por cierto.
En ocasiones se apreciaban los restos de vertidos de escombros. y llegó un momento en el que la propiedad instaló unos postes con una cadena para impedir el paso. 
Pero el verdadero mazazo se produjo cuando, ante el cambio de propietario, se siguió extrayendo material y se araron y explanaron los taludes, para aprovecharlos agrícolamente.
Se dijo que la gran colonia de abejarucos se mudó a los taludes calizos de la salida del pueblo por el camino de la Puente el Conde o del Molino de Griñón.
Lo cierto es que ese espacio se ha visto profundamente alterado en los últimos treinta años, a pesar de sus indudables valores naturales y arqueológicos.
Ahora, muy cerca, vuelve a manar el agua. Es como si la Naturaleza nos brindara una nueva oportunidad, que no debemos dejar pasar.

Los Ojuelos del río Gigüela parecen iniciar su recuperación.

Los Ojuelos del río Gigüela parecen iniciar su recuperación.
Francisco Zamora Soria, enero 2016.
A mediados de diciembre de 2015, un vecino de Villarrubia de los Ojos, Conce Sepúlveda, se dio cuenta del afloramiento de agua en la zona conocida como Los Ojuelos. Los Ojuelos llevaban más de treinta años secos, que se sepa. En realidad se trata del antiguo cauce del río Gigüela. Este río, del que casi nunca se habla cuando se nombre el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel, era extraordinariamente ancho hasta los años cincuenta del siglo XX. Hidrológicamente se comportaba como un río estacional, es decir, llevaba agua en algunas estaciones, invierno y primavera fundamentalmente, y en otras no. Además, en este río también había manantiales de agua que llegaban a las tablas.
A mediados de los años cincuenta empezaron las obras de canalización y encauzamiento del río. Grandes máquinas excavadoras profundizaron el cauce desecando cientos (o miles) de hectáreas y trazando un canal rectilíneo muy estrecho. El río Gigüela tenía un cauce anastomosado, es decir, muy ancho y divagante, que podía encharcarse o no, dependiendo de la cantidad de agua (aforo)  que llevara en cada momento. En algunos tramos el río tenía una anchura de cuatro kilómetros. Había islas que se correspondían con los terrenos cultivados y con edificaciones como quinterías y silos (viviendas subterráneas).
Se trataba de un paisaje de gran belleza, de gran diversidad de materiales geológicos y de gran diversidad animal y vegetal. En esos terrenos se encontraba el río, con sus diferentes canales o “madres”, las zonas adyacentes encharcables, las islas, los terrenos cultivados, las zonas de yesos, los ojuelos o manantiales, arroyos, un entramado de zanjas para regar y los arenales, verdaderas dunas de origen eólico. Las dunas son muy antiguas, se formaron hace unos once mil años, y todavía hoy se puede comprobar la acción del viento sobre ellas. En estos escenarios prosperan plantas endémicas de muy escasa distribución, de ahí su gran interés y su vulnerabilidad. En la misma medida, había fauna especializada y adaptada a estos espacios tan singulares.
Este tipo de hábitats  se encuentran catalogados por la Unión Europea como prioritarios para la conservación.
De manera que en esos kilómetros cuadrados encontramos gran cantidad de valores naturales que merecen la pena ser estudiados y conservados. Por otra parte, también se trata de una zona muy rica en valores patrimoniales que merece igualmente la protección correspondiente.
A pesar de los muchos años de alteraciones y de olvido, el paleocauce del río Gigüela ha vuelto a llamarnos la atención.
Por el momento no se conocen las razones por las que están aflorando las aguas en los antiguos ojuelos del río Gigüela. El río corre ligeramente y el Guadiana, muy cercano, también lleva tres años de lenta recuperación.
Se trata en ambos casos de sistemas hidrogeológicos (de aguas subterráneas) muy complejos y de difícil estudio pero todo parece indicar que algunas circunstancias han cambiado.
Resulta contradictorio comprobar como el agua aflora en unos cinco puntos diferentes a una profundidad de un metro y medio y, sin embargo, los pozos de noria tradicionales, que tienen unos diez metros de profundidad, siguen secos.
De cualquier manera, desde que se difundió la noticia, las diferentes administraciones e instituciones con competencias en estas materias, se han puesto a estudiar el fenómeno.

Para terminar, son varias las amenazas que existen y varios los focos de destrucción de los valores del río Gigüela y su entorno pero parece adecuado quedarnos con la lección que nos brindan las aguas de los Ojuelos del río Gigüela, que es una llamada de atención y un manantial de esperanza.




martes, 12 de enero de 2016

Los Ojuelos con agua, en RTVCLM.

Ayer fueron entrevistadas diferentes personas de Villarrubia de los Ojos por RTVCLM y hoy, 12 de enero de 2016, se ha emitido la noticia. Aparecen Conce Sepúlveda, que encontró el afloramiento, Carlos Villanueva, técnico de la Agencia de Desarrollo Local y la alcaldesa, Encarni Medina.
Resulta chocante que una parte muy importante de la noticia inicial se haya perdido en tan corto camino. Echamos en falta al menos una frase sobre los peligros y amenazas que existen en estos parajes y algunos datos más sobre ellos.
Tras iniciarse el informativo se vuelve a hacer referencia pero para hablar del fenómeno del nacimiento del río Mundo, achacable a las lluvias de los últimos días, según lo expresado. No es adecuado equiparar ambas noticias ya que nada tienen que ver y poco o nada tienen en común, generando un riesgo evidente -¿y pretendido quizás?- de que se puedan equiparar ambas realidades.
Como anecdótico podemos añadir que no solo no ha aparecido el nombre del río escrito correctamente, Gigüela, sino que tampoco han escrito bien la palabra "ojuelos". El nombre del río se suele escribir con "ce" en algunos lugares pero no en Villarrubia de los Ojos. Menos mal que hablan de la vega.
Agradecemos el esfuerzo y el trabajo de los periodistas, cámaras y demás técnicos pero nos gustaría que no se trivializara con un tema tan importante. Y esa es la sensación que hemos percibido. Ojalá estemos equivocados. Algunos profesores de Historia afirman categóricamente que las casualidades no existen.




domingo, 10 de enero de 2016

La Tribuna de Ciudad Real publica un artículo sobre el fenómeno del surgimiento de agua en Los Ojuelos de Villarrubia de los Ojos.

La Tribuna de Ciudad Real publica un artículo sobre el fenómeno del surgimiento de agua en Los Ojuelos de Villarrubia de los Ojos. El artículo aparece tanto en la edición digital como en la impresa. En el periódico aparece en portada y una doble página en el interior. El texto, muy bien escrito, es de la periodista María de la Sierra de la Osa y las fotografías de Remigio Rueda Villaverde.

sábado, 9 de enero de 2016

Interesante tesis de Ana Valdeolmillos Rodríguez titulada: "Registro paleoclimático y paleoambiental de los últimos 350.000 años en el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel (Ciudad Real)".

En este enlace podemos leer y descargar la muy interesante tesis de la doctora doña Ana Valdeolmillos Rodríguez titulada "Registro paleoclimático y paleoambiental de los últimos 350.000 años en el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel (Ciudad Real)".

Almanaque natural, tres entradas muy interesantes sobre los Ojuelos, las dunas, las llamadas estepas salinas...

En el interesante y documentado blog "Almanaque natural" del geógrafo Enrique Luengo podemos leer las entradas sobre los Ojuelos,"Los últimos albardinales manchegos: Los Ojuelos"  y sobre "los arenales manchegos" las dunas y las llamadas estepas salinas. Merece la pena leerlos con calma y disfrutar, además, con las preciosas y muy descriptivas fotografías.

La primera noticia sobre el agua de Los Ojuelos.

En la página www.tablasdedaimiel.com publicaron la primera noticia sobre el afloramiento del agua en Los Ojuelos de Villarrubia de los Ojos. Preferimos hablar de Ojuelos o sencillamente de "La vega del Gigüela" o del río Gigüela en vez de "tablas" que no se ajusta a estos parajes ni realidades. Independientemente de que nos haya parecido muy interesante y de que agradezcamos sinceramente este primer paso. Parece ser que la entrada tuvo mil visitas en muy pocos días. Desde aquí damos las gracias a "Tablas de Daimiel punto com".

Siguen apareciendo manantiales en el entorno del río Gigüela, en los Ojuelos, en Villarrubia de los Ojos.

Hace apenas quince días desde que se supo que había aparecido un manantial en el entorno del río Gigüela, en el término municipal de Villarrubia de los Ojos, Ciudad Real. Se trata de uno de los parajes con más interés natural y patrimonial del municipio por ser una zona en la que alternan los arenales, dunas de origen eólico que presentan cierta actividad y que albergan, junto con los yesares adyacentes, una vegetación de gran interés, con varios endemismos de muy escasa distribución.
Los hallazgos de los tres manantiales tienen una gran relevancia, después de haber estado completamente secos en los últimos treinta años. La existencia del topónimo “ojuelo” ya pone de manifiesto la antigua realidad hidrogeológica de estos terrenos.
Además, son abundantes los yacimientos arqueológicos así como otros elementos patrimoniales que no deberían dejarse malograr.
En estos parajes son visibles los restos de las extracciones de yeso y el entramado de arroyos y zanjas de hace decenas de años. La zona está sufriendo una intensa transformación agrícola con los consiguientes impactos ambientales y patrimoniales. Además, se están produciendo usos extractivos –áridos-que podrían ser ilegales y que, aunque no lo fueran, dada la riqueza y la importancia de estos ecosistemas, deberían ser estudiadas y sometidas a un estudio de impacto ambiental serio y riguroso. No está de más recordar que los límites del Parque Nacional de las Tablas de Daimiel se encuentran a muy escasa distancia.
Igualmente se están produciendo vertidos de alpechines y de escombros así como el almacenamiento de cantidades ingentes de basura de origen ganadero sobre materiales extraordinariamente porosos y a escasos metros del nivel freático.
En la zanja conocida como Zubilla y en Los Ojuelos se han detectado por el momento tres afloramientos de agua, uno de ellos de considerable extensión. El agua está manando a una profundidad de un metro y medio aproximadamente. En dos de los manantiales se puede apreciar vegetación palustre como la anea y la masiega además de otras plantas endémicas como el albardín y el limonium, entre otras, propias de los yesares.
Los nuevos afloramientos de agua tienen una gran importancia y ponen de manifiesto la complejidad hidrogeológica y el desconocimiento del subsuelo y del funcionamiento de las masas de agua subterráneas.
Aunque se podría deducir que desde hace ya un tiempo los niveles freáticos se están recuperando, tanto la prudencia como la falta de datos y las aportaciones de algunos científicos apuntan en otro sentido o matizan esa percepción. Se habla, por ejemplo, de “tramos saturados colgados” que podrían explicar esas diferencias entre unos puntos y otros muy cercanos.
Dada la complejidad hidrogeológica de toda la zona, otro de los valores intrínsecos de estos terrenos, es aventurado sacar conclusiones o hipótesis pero parece aconsejable la realización de estudios de detalle desde todos los puntos de vista para intentar frenar los procesos destructivos, que conduzcan a la gestión integral y armónica de estos paisajes.
Los afloramientos se encuentran en las antiguas zanjas y en los llamados Ojuelos, afloramientos de aguas subterráneas, que se encontraban en realidad en el cauce anastomosado del río Gigüela.  Ese cauce fue rectificado y encauzado, iniciando así el proceso de desecación total.
Estos pequeños enclaves dejaron de tener agua a mediados de los años ochenta del siglo veinte por lo que supone una gran noticia, después de tres décadas de ausencia.
Es igualmente destacable la gran riqueza animal de estos predios municipales y particulares en los que se echa en falta un mayor control de algunas actividades humanas.

Estas zonas en realidad forman parte del que podríamos denominar como paleo cauce del río Gigüela y que quedó reducido a un canal rectilíneo que ponía fin a ese cauce anastomosado, extraordinariamente ancho y con algunas zonas elevadas, con manantiales como el de Zubilla y con formas y usos perdidos para siempre.

Los Ojuelos de Villarrubia de los Ojos, Ciudad Real, España.

Villarrubia de los Ojos es un municipio de la provincia de Ciudad Real, España. Se encuentra situado al norte de la provincia, limitando con la de Toledo.
Su término municipal se encuentra repartido entre pequeñas sierras y una llanura, por la que discurrían dos ríos, el Guadiana -que nacía o renacía allí, según se mire- y el Gigüela. Los dos ríos y sus afluentes, al discurrir por esa zona llana, lo hacían divagantemente, con cauces anastomosados, muy anchos, con escasa corriente y zonas pantanosas.
Entre sus peculiaridades estaba la existencia de surgencias de agua que recibían el nombre de "ojos" y "ojuelos".
En el caso de los Ojuelos, se trataba en realidad del paleocauce del río Gigüela, los restos de esa amplísima superficie inundable en la que había islas, ligeras elevaciones del terreno y pequeñas depresiones en las que manaba el agua. Había mucho yeso, que se extraía y se generaban a su vez pequeñas depresiones de escasa profundidad. Todos esos terrenos estaban a su vez entrelazados por arroyos y zanjas de origen antrópico que tenían diversas funciones. Por un lado, desecar la zona para poderla cultivar, cuando llegaba la temporada de la bajada de las aguas. Por otro, recoger aguas para el riego de esas pequeñas huertas. Además, eran "trampas" para los peces, lucios y carpas, y otros animales. Se hablaba de la "zanja madre", más profunda y ancha y que desembocaba en el río. Estaban la zanja de Zubilla o la de los Cachones, entre otras. Curiosamente ambos topónimos nos hablan de fenómenos hídricos. Una "zubilla", pienso, es el diminutivo de "zuba" o "zúa"...como en "Zuacorta", con el significado de "azud". "Cachón" hace referencia a un terreno cubierto por el agua y, más exactamente, a la espuma que se forma al caer. Muy cerca de los Ojuelos se encontraban los "cachones de la vega", justo antes de llegar al río Gigüela, desde Villarrubia de los Ojos. El cachón de la leona, por ejemplo, se encuentra aguas abajo del río Guadiana, ya pasado Puente Navarro. Allí murió un joven ahogado a principio del siglo XX, creo recordar.
También muy cerca estaban los "ojos" del Gigüela como el de Ricopelo o el de la Médica. 
Además, esos terrenos estaban y están parcialmente, jalonados por dunas. Puede resultar chocante pero es una realidad digna de ser conocida. En realidad se trata de "paleodunas" aunque, curiosamente, están activas y se aprecian las pequeñas formas que dibuja y construye el viento con esas arenas finísimas de color rojizo. En Villarrubia de los Ojos esas formaciones siempre se han conocido como "arenales" y nos recuerdan al vecino y contiguo municipio de Arenas de San Juan. Un poco más alejado se encontraba "Arenales de la Moscarda", población a la que se cambió el nombre por el de Arenales de San Gregorio.
En Los Ojuelos podemos encontrar unas plantas y una fauna de gran interés, con un buen número de endemismos. Este tipo de hábitat se considera como prioritario para su conservación por la Unión Europea.
Desde el punto de vista patrimonial todo este territorio está cargado de historia y de restos arqueológicos. Paisajísticamente están sufriendo transformaciones profundas, cuando no la destrucción total. Son en realidad una de esas "partes" del municipio -y que suele haber en otros muchos pueblos y ciudades- que tienen un halo de marginal, un aire de "sub", de extrarradio del campo aunque no esté precisamente alejado.
Curiosamente abundaban los terrenos municipales y se alternaban las pequeñas parcelas con algunas medianas o grandes pero quizás por su condición de terrenos ganados al río, de la existencia de yesos y arenas, por su escasa productividad agraria con el régimen actual de ausencia de agua...quizás por eso tenían y tienen ese aspecto un poco de "tierra de nadie" en lugar de ser lo que verdaderamente eran y deberían seguir siendo, "tierra de todos".
Llama poderosamente la atención que hoy, en enero de 2016, se vean vertidos incontrolados de escombros por aquí cuando lleva ya muchos años funcionando, mejor o peor, una escombrera, convertida en el eufemístico "Punto Limpio".
Pero más sorprende que se sigan alterando estos paisajes a ritmos frenéticos.Por ejemplo, la extracción de áridos que suponen la destrucción total de las dunas y de todo lo que en ellas se encontraba, desde los seres vivos a los restos arqueológicos. Los vertidos de alpechines en una zona tan porosa en la que el agua se encuentra muy somera. La puesta en cultivo de terrenos prácticamente infértiles pero que suponen la destrucción de la vegetación endémica. En fin, todo parece corroborar esa concepción de territorio periférico y abandonado.
Subsisten algunas pequeñas alamedas y las zanjas se resisten a desaparecer, esperando tiempos mejores.
Y es estos paisajes casi de casquería, de despojos y de rastro, ahora, surge una luz, una fuente de esperanza y de ilusión. Brota el agua en varios puntos cercanos. Se ve la vegetación acuática y surgen el interés y las dudas.
Los Ojuelos nos dicen que en realidad los hemos tenido abandonados demasiado tiempo, cuando no maltratados y maltrechos. Nos ponen de manifiesto nuestro olvido y la necesidad de que les devolvamos la mirada que les quitamos hace demasiados años.
Los Ojuelos de Villarrubia de los Ojos nos dicen que hay que mirar también a lo pequeño, a lo distante, a lo menos llamativo, a lo aparentemente menos valioso. Nos demuestran lo poco que sabemos. Por ejemplo, no sabemos porqué mana ahora, después de un año seco, y allí, el agua, a un metro y medio de profundidad, y sin embargo los pozos de noria cercanos, más profundos, siguen secos.
Los Ojuelos son ese lugar mágico en el que tanto podemos aprender. Nos están diciendo por ejemplo que la Naturaleza no se rige por esas líneas que trazamos en los mapas y a veces en el suelo.
Pero sobre todo Los Ojuelos de Villarrubia de los Ojos nos están retando a hacer "las cosas" de otra manera.
Quizás debamos abandonar la grandilocuencia y hacer oído y bajar al nivel de la hierbecilla y el insecto para entender la complejidad del paisaje.