En 1864 un vecino de Villarrubia de los Ojos hizo su testamento en Piedrabuena ante el notario Don Guillermo Plaza e Ibáñez. Algo inesperado y grave debió pasarle porque, a sus cincuenta años, decidió testar en el pueblo en el que se encontraba trabajando, en lugar de hacerlo en el de su residencia habitual. Tan grave estaba, y así dijo encontrarse, que falleció al cabo de muy pocos días, el 26 de octubre, en esa localidad. (Aparece también en la documentación que falleció el 27)
Apenas si dio tiempo a enviar a una persona a avisar a los familiares para que un hermano político se desplazara, con el fin de atenderle. Sólo estuvo con él quince días desde que empezó el problema de salud.
Don Eusebio Pérez Escobar Villanueva era natural de Torralba de Calatrava pero residía en Villarrubia de los Ojos. Hacía un año que había enviudado y tenía un hijo de muy corta edad, siete años. Ese niño, con el paso del tiempo, ocupó un lugar destacado en la vida social y empresarial del pueblo.
Se encontraba en Piedrabuena trabajando como carpintero cuando le sobrevino la muerte. Era el titular de la carpintería en la que trabajaban otros empleados.
Por su testamento y la posterior documentación de la herencia podemos conocer bastantes aspectos de su vida y estatus socio-económico así como de algunos detalles de la vida cotidiana de Piedrabuena y Villarrubia de los Ojos.
El matrimonio contaba con un buen nivel económico, con varias propiedades rústicas en Villarrubia de los Ojos y en Torralba. Además de su casa villarrubiera, al inicio de la calle Grande, tenían otra, propiedad de su esposa, en Daimiel.
Puede ser interesante contar que su mujer, Doña Ramona Rivera Bastante, murió a los cuarenta y cuatro años, tras catorce de matrimonio, un año antes que él. Este era el segundo marido. Su primer esposo había sido Don Saturio Cándido Ramos, "encargado que fué del Guarda Ropa de su Alteza el Serenísimo Infante Don Francisco".
El Infante Don Francisco era el hermano menor de Fernando VII. De los catorce hijos que tuvieron sus padres era el benjamín. Fue todo un personaje y el protagonista de los sucesos que desencadenaron la Guerra de la Independencia en 1808.
Por esta razón de su viudedad a Doña Ramona le había quedado una pensión, de la que obtuvieron una cantidad de dinero nada desdeñable.
Con los datos disponibles hasta el momento, el carpintero debía contar con una buena reputación personal y profesional. No era sólo que estuviera haciendo esta gran obra piedrabuenera sino que había hecho otras muy importantes en Villarrubia de los Ojos.
Constan así en la documentación notarial las abultadas deudas de algunas de las familias mejor situadas del pueblo, así como la de un arquitecto de Manzanares, Don José María Cuenca hacia él.
Hay otros detalles que soportan esta idea, como que estuviera suscrito al Boletin Oficial de la provincia o que fuera el responsable del reloj de la villa, por cuyo cargo cobraba del ayuntamiento. En su testamento afirmó que sus bienes podían valer cincuenta mil reales.
Cuando, un año después de su repentina y temprana muerte, se elaboró el "Inventario y avalúo" de los bienes del matrimonio por sus albaceas y varios peritos, la cifra final ascendió a 64.000 reales, redondeando a las unidades.
El inventario de la herencia revela también una situación muy desahogada, de un nivel más alto que medio. Además de contar con criada, las pertenencias del matrimonio reflejan que se trataba de esa posición destacada: prendas de vestir, mobiliario, decoración...
La viuda tenía, por ejemplo, un retrato de su primer marido, con marco de oro o un reloj de repetición, también de oro, con cadena de plata.
Pero, volvamos a Piedrabuena. Por la deuda contraída con una empresa de Alicante, a "Don Carlos Adolfo de Adhlander y compañía" sabemos que se trataba de una obra mayor. Solo el importe en bruto del "resto" de la madera ascendía a prácticamente 7.000 reales (6.998). De manera que cabe suponer que ya se habrían retirado y pagado otras partidas.
El carpintero Don Eusebio, para esos trabajos que describió como "obras de reparación del templo", estaba asociado con otros dos villarrubieros, Quirico y Sinforiano Bornez. El primero era maestro albañil y el segundo, labrador propietario. El segundo ya había adelantado unos quince mil reales en lo que llevaban ya hecho.
La iglesia había sufrido fuertes daños en el terremoto de Lisboa y al inicio del siglo XIX ya estaba en el suelo. Las obras, con interrupciones largas, duraron unos noventa años. Sin embargo el texto notarial da a entender que se trataba de una reforma y no una obra ex-novo.
A juzgar por las deudas que había dejado, se puede concluir que llevaba un tiempo instalado aquí. Había traído uno de sus socios o empleados, además de sus herramientas, un carro de uva de sus fincas, suponemos que para su venta y molturación.
Veamos otros gastos que fue detallando su albacea, el sacerdote don Pedro Pérez Escobar, su hermano, también todo un personaje en la vida cotidiana villarrubiera. "Al Pastor de Piedrabuena que custodiaba el potro de este caudal por resto de guardería y pastos del mismo hasta quince de febrero del presente año mil ochocientos sesenta y cinco, cuarenta y cinco (reales)". Y continúa: "Al mismo pastor por igual concepto... hasta fin de Abril del mismo año quince (reales)".
Muy interesante es la cita a las lavanderas de Piedrabuena, que nos recuerdan un poema de Nicolás del Hierro y a alguna fotografía ya en color. A aquellas mujeres se les abonaron "por labar la ropa de Cama del difunto, quince reales".
El entierro tuvo lugar en Piedrabuena. Solo en cera se abonaron a Gabriel Huertas cincuenta reales. La cera era uno de los elementos más importantes de los sepelios. Dependiendo de la economía de la persona fallecida se gastaba más o menos. Se decía que era un buen indicador del capital familiar. Los gastos detallados por la misa, el enterrador, el sacristán campanero aportan esos detalles de los que no solemos tener noticia.
También debía Don Eusebio a Rafael Moraleda (y Martín) 32'20 reales. Podría tratarse de la tienda que tenía este vecino, ya de 69 años en 1864.
A Ana García, de los "géneros" de su comercio, casi tres reales. Y a otro comerciante piedrabuenero con el mismo apellido de la anterior, "Eccequiel García", 25 reales.
A Franco Freire había dejado a deber 500 reales por madera que no le había dado tiempo a entregar.
Hubo algunos gastos más. Sería interesante poder completar este fragmento de la Historia de ambos municipios, Piedrabuena y Villarrubia de los Ojos. No fue este el único contacto entre ambos municipios, como espero poder contar en otra ocasión.
¡Felices fiestas, piedrabueneras y piedrabueneros!






































