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domingo, 10 de julio de 2022

Mi cuaderno del coronavirus, 19: ¿Cómo te sientes cuando una persona a la que considerabas un buen amigo te oculta que tiene coronavirus?

 El coronavirus sigue estando muy presente en nuestras vidas. Ya nos quitamos las mascarillas incluso en los colegios, voluntariamente. No se hacen pruebas de forma "oficial" y no se dan bajas laborales salvo en casos de sintomatología fuerte. Hay personas con las que hablas por teléfono que tienen Covid-19 con síntomas y que están teletrabajando o, incluso, trabajando con mascarilla. En Castilla-La Mancha se ha dicho estos días que no se iban a poner en marcha más medidas de control o contención de esta llamada séptima ola (creo que es la séptima) y el gobierno de España ha refrendado esa toma de decisiones.

Pero lo cierto es que hay muchas personas infectadas, muchos ingresos hospitalarios y muchas muertes, prácticamente silenciadas. 

Hace unas dos o tres semanas supe que en mi colegio había varios casos de contagios. En una conversación de pasillo, informal, se dijo que qué se podía hacer, que no se podía volver a paralizar el país, que la vida tiene que seguir, que la gente tiene que comer. Efectivamente pero, dije, lo que sí parece lógico y coherente es que se siga informando y eso no se está haciendo como se debería. Con eso de comer siempre recuerdo una cita, atribuida a Mussolini que, supuestamente dijo: "daremos de comer al pueblo aunque el pueblo no quiera comer". Y es que los muertos no comen, los contagiados por Covid-19 tampoco tienen un apetito muy fuerte y en España, hoy por hoy, no parece que haya gente que no coma. Pero entiendo esa expresión que quiere decir que la Economía tiene que seguir creciendo, incluso contra Natura y contra la Sociedad y contra muchas personas, con nombres y apellidos.

No le encuentro lógica alguna ni justificación medianamente seria a la prohibición de acceso a determinadas instituciones públicas sin cita previa. Citas previas muy difíciles de conseguir, por cierto. Me parece lamentable y vergonzoso. Podemos asistir a clase con normalidad, podemos ir a bares, tiendas, transportes públicos, conciertos, cines, manifestaciones, teatros, actividades deportivas, culturales y religiosas pero ¡no podemos ir al Ministerio de Inclusión!

Pero lo sorprendente es que hay personas que, sabiendo que tienen el coronavirus y con síntomas muy claros, siguen haciendo vida completamente normal sin decírselo a nadie, ni siquiera a los amigos cuando toman algo o cenan juntos. ¿Cómo te sientes cuando una persona a la que considerabas un buen amigo te oculta que tiene coronavirus? ¿Cómo debes comportarte? De pronto te planteas si esa persona era verdaderamente un amigo. Piensas en las personas de riesgo o de alto riesgo con las que has estado en los últimos días y sientes miedo. Llamas al centro de Salud y te tranquilizan. 

Pero, sobre todo, te sientes engañado, traicionado y defraudado. Pierdes la confianza y no sabes cómo reaccionar. Me viene a la memoria aquel libro de los años noventa del siglo XX  de Hervé Guivert que se titulaba "Al amigo que no me salvó la vida". Mientras esa persona sigue en bares sin mascarilla tú te la pones, por precaución y llamas al Centro de Salud. Te haces preguntas. Te sientes mal. Evitas besar y acercarte a tus seres queridos y te preocupa poder contagiar a alguien. ¡Es la vida lo que está en juego! No sabes cómo debes reaccionar. ¿Guardar silencio como si nada hubiera pasado, pedir explicaciones, perdonar, hablar abiertamente, distanciarte, romper, llamar a las demás personas y bares para que se sepa lo que está ocurriendo...? Decepcionante esta concepción de la vida, de la amistad y la convivencia. 







miércoles, 12 de enero de 2022

Mi cuaderno del coronavirus, 18: Seguimos mal y no lo parece. Ayer, 250 muertes en España no fueron noticia.

 La última vez que escribí sobre el coronavirus fue a finales de junio de 2021. Apenas unas líneas que no llegué a publicar y se me echó encima el verano. Después, empezamos el curso escolar 2021-2022 con mejoras muy significativas. Segunda vacuna ya en el cuerpo, medidas de seguridad pero retrocesos, como la pérdida de profesorado y de otras personas de apoyo docente y de gestión en los centros educativos. Además, las medidas se van relajando, sin que haya unas directrices claras al respecto. Por ejemplo, el espantoso "Halloween" supone que al centro se puedan traer escobas, lo que nos convierte en un museo de los horrores negri-naranjas. También se recupera la castañada de las madres y padres y las visitas reales. Pero, a pesar de todo, llegamos a final de trimestre muy satisfactoriamente. Los aparatos de control del CO2 los seguimos teniendo muy a la vista, y siempre con las ventanas y puertas abiertas.

Pero llega la variante ómicron, la Navidad y el hacerse el despistado. Empiezan a subir los contagios de forma alarmante. Se sustituyen todas las medidas restrictivas del año pasado por la idea de que estamos muchas personas vacunadas con la segunda dosis. Además, ya se ha empezado a poner la tercera. Además, supuestamente, ahora el COVID-19 se comporta como un vulgar resfriado. Las cuarentenas se reducen a siete días incluso habiendo sufrido el contagio y haber tenido síntomas. Y sigue la política desinformativa a su buen ritmo. Tranquilidad, no pasa nada. Pero sí pasa. Cientos de miles de personas no hemos contagiado. La posibilidad de hacernos test por nuestra cuenta aportó una sensación -falsa- de control y de seguridad que se ha demostrado dañina. Ayer, 11 de enero de 2022 murieron en España 255 personas. Pero eso ya no es noticia. Las polémicas siguen otros derroteros, falaces y perniciosos, por cierto. Que si el ministro Garzón debe dimitir, que si el presidente de gobierno debe prescindir de él, que si en España tenemos carne muy buena...

Lo cierto es que el coronavirus sigue golpeando. Hubo miedo para que se iniciaran las clases pero, hasta dónde sabemos, los centros educativos seguimos trabajando de forma segura.

El 17 de diciembre de 2021 tuvo lugar la instalación de carpas en algunos centros escolares para llevar a cabo vacunaciones de menores. Parece ser que la medida no tuvo la repercusión esperada. Aunque no dispongo de datos oficiales las cifras de vacunas puestas podrían ser escasísimas.

Vuelvo a comprobar, cómo dije hace muchos meses, que los rastreadores no llegan hasta dónde se nos dice que deben llegar...No se entiende que tengan que ser ellos, los llamados rastreadores, los que den las bajas y las altas y que los médicos no llamen ni prescriban absolutamente nada en muchísimos casos. 

Por supuesto el límite de los siete días se ha demostrado que nada tiene que ver con algunos pacientes. Y es que el virus no se ha debido leer las indicaciones legales oportunas y, además de pernicioso y hasta mortal, es un desobediente. Y vuelvo a hablar sobre los rastreadores. ¿Quiénes son? ¿Qué perfil profesional tienen?¿Son verdaderamente, legalmente, las personas que deben saber de nuestras vidas y nuestras enfermedades? ¿Es eso legal? ¿Cómo se está gestionando y custodiando toda esa información? ¿En serio son esas personas las que tienen que darnos de baja y de alta? Mis dudas me abruman.

Pero, es más, ¿cómo saber si ya no se tiene carga vírica? ¿Porque lo dictamina el gobierno con un período genérico de siete días? Lo que está ocurriendo, una vez más, es que cientos de miles de personas, por su cuenta, se están haciendo las pruebas para asegurarse de que no contagiarán a nadie. Y eso no tiene lógica alguna. Como tampoco la tiene que haya diferencias considerables de criterio entre la Sanidad Pública y las mutualidades. 

Pero, insisto, lo más preocupante es que se está dando una visión inocua de lo que está ocurriendo. No hablar de muertos no contribuye a bajar la mortalidad. Además, ahora, con la posibilidad de hacerse uno mismo las pruebas lo que está ocurriendo es que hay personas que, dando positivo, no lo comunican, con lo que la incidencia es mayor. En fin, la que parecía que iba a ser una Navidad más segura y saludable se ha convertido en una verdadera trampa, incluso para las personas que ya tenemos la tercera dosis en el cuerpo.


viernes, 2 de julio de 2021

Mi Cuaderno del Coronavirus, 17: Fin del curso escolar 2020-2021, exitosamente.

 Antesdeayer, 30 de junio de 2021, miércoles, acabamos el curso escolar 2020-2021, exitosamente. Ha sido un curso atípico y muy difícil. Pero, lo importante, lo que debe prevalecer es que lo hemos conseguido. Las administraciones, especialmente la educativa, han hecho un gran esfuerzo. Las familias y el alumnado, también. Y, por supuesto, los profesionales han (hemos) hecho todo lo necesario para conseguirlo.

(Esta entrada la dejé así y, ahora, pienso que debo publicarla tal cual.)


jueves, 28 de enero de 2021

Mi cuaderno del coronavirus, 16. Sigue la devastación, en todos los sentidos.

 Van pasando los días. La llamada tercera ola nos va alcanzando, sin piedad. Se estrecha el círculo. Muere un amigo, te enteras de algún conocido ingresado y muy grave, en tu trabajo ya se van dando casos de positivos, de contactos, de confinados, de contagios...Los bares siguen cerrados. En algunos pueblos, como Villarrubia de los Ojos, los empresarios de los bares se estuvieron manifestando y se hicieron carteles de protesta. No sabemos las razones por las que se tomaron determinadas medidas. Parece evidente que están pagando justos por pecadores. ¿Qué porcentaje de contagios se han producido en estos establecimientos?

Ayer, al llegar a un centro comercial, me dí cuenta de que había "palés" de madera ocupando algunas plazas de aparcamiento. Un cartel avisaba de que el aforo estaba reducido al 30%. Una parte de ese espacio estaba completamente cerrada. Parece ser que habían recibido la llamada ese mismo día, imponiendo la medida las autoridades. 

Hoy he visto el primer control policial en Ciudad Real. Policias municipales y nacionales retenían a algunos vehículos. Uno de los agentes portaba un arma larga. Los bares siguen cerrados y los casos siguen aumentando. Me cuentan que en Alcolea de Calatrava la situación está totalmente descontrolada y que el número de contagios es abrumador. Mientras que se dice que las "uvis" están al 40% me entero de que, dónde antes había una, ahora hay cuatro, completamente llenas...es decir, al 200%, cosa de poco. Y es que, mientras el virus y el miedo avanzan, la verdad, la objetividad y la información retroceden. Los rastreadores siguen brillando por su ausencia en escenarios en los que los verdaderos protagonistas son las personas que, voluntaria y cautamente, se autoconfinan, e incluso se hacen las pruebas, "motu propio" y pagándolas.

Las vacunas que antes se decían que se iban a regalar a otros países ahora no llegan al ritmo esperado. Cuando se atacaba a los que no se querían vacunar no se tuvo en cuenta esta situación tan peculiar en la que se acusa a muchas personas por el grave delito de haberse dejado convencer para ser vacunados y que no se desperdiciaran dosis. Se han producido críticas furibundas y hasta habichuelescas, y se han generado situaciones conflictivas, con dimisiones, investigaciones, descalificaciones y acusaciones. Creo que a todas las personas nos ha pillado esta nueva situación por sorpresa. Ahora, los que no nos queremos vacunar, o, dicho de otra manera, cedemos nuestras dosis a otros, ¿cómo somos?

Pero parece que las complicaciones siguen su curso. A la llamada cepa inglesa se une la sudafricana. Mientras, países como Alemania, aparecen en el centro de la diana de la enfermedad, de la muerte y de las cifras diarias de víctimas, centenarias. Atrás quedan escritos, grabados o recordados aquellos mensajes que nos hablaban en tono despectivo, y los que argumentaban causas que no parecen sostenerse hoy. Y por cierto, se siguen viendo saltos un tanto canguriles, en cuanto a las pruebas, que nunca son noticia ni motivo de polémica mediática o política. No pasa nada,  lo tenemos asumido.

Y, siguen, a su ritmo, los llamados negacionistas y los incumplidores compulsivos, como si nada estuviera pasando.

El toque de queda sigue. Las mascarillas se han hecho tan familiares que ya nos llama la atención ver la cara de alguien. Veo mascarillas por el suelo, como leve huella de lo que está pasando. Falta poco para que se cumpla un año del confinamiento de marzo de 2020. La moral y el ánimo de cientos de miles de personas también está por el suelo, como tantas y tantas economías familiares. Escucho una frase desgarradora: "mis padres no tienen dinero para comprarme una goma, sólo para comprar comida". Y es que el suelo se está cubriendo no sólo de mascarillas usadas.







domingo, 17 de enero de 2021

Mi cuaderno del coronavirus, 15: más de seis meses después, seguimos al límite.

 La última vez que escribí sobre la pandemia del coronavirus fue en junio de 2020. Supongo que con la llegada del verano, las vacaciones y el fin del confinamiento, no encontré el momento de retomar el tema. Hoy, 17 de enero de 2021, san Antón, vuelvo a este cuaderno, con la idea de hacer un breve repaso de este tiempo.

Acabamos el curso escolar 2019-2020 confinados. Tuvimos el último claustro presencial, manteniendo las distancias de seguridad y con mascarillas, sin saludos ni de manos ni de besos, ni comidas ni cañas. Recogimos todo el material de las clases en bolsas de plástico, dejando a mano lo imprescindible y preparando el nuevo curso.

El verano transcurrió con cierta libertad, pero con las limitaciones de aforo, de mascarillas, de gel hidroalcohólico y con menos actividades colectivas. A finales de julio y primeros de agosto a los docentes de Castilla-La Mancha nos hicieron la prueba rápida. A pesar de las críticas, más o menos lógicas, era un paso positivo. Así, supimos que algunos no lo habíamos pasado, y que otras personas, sí. En situaciones de desconfianza ya era un dato importante a tener en cuenta. Evidentemente, cualquiera nos podíamos haber contagiado en la misma sala en la que nos hicieron el test, pero ese riesgo siempre está presente.

Empezamos el curso 2020-2021 con muchas medidas, incertidumbre y nuevas normas. A pesar de las críticas y hasta el catastrofismo, a pesar de los agoreros, los que desconfiaban y del ambiente generalizado de temor, conseguimos llegar a la Navidad, con un considerable éxito. La incidencia del coronavirus en los colegios e institutos fue muy escasa, porcentualmente. 

Entre medias, hubo que emplearse a fondo en todos los sentidos. Aunque el alumnado y las familias están muy concienciadas, el día a día es bastante "tedioso" en el sentido de tener que estar pendiente de aspectos que antes ni existían. Así, las mascarillas que tienen que estar bien ajustadas, las narices que se dejan ver, las distancias, el no compartir materiales de ningún tipo, el establecer una serie de nuevas rutinas como que todo el alumnado vaya al servicio antes de salir al recreo, por turnos, el asumir asignaturas voluntariamente para evitar que más personas entren en nuestras aulas, el crear "recintos" estancos en los colegios, el controlar la ventilación en todas las horas, el uso de los jabones líquidos, el tener que limpiar a diario varias veces nuestras mesas, sillas, ordenadores...han sido el día a día. No estoy seguro de que la sociedad haya sido o esté siendo consciente de estos cambios y de estos esfuerzos.

 Además, las administraciones han hecho también un gran esfuerzo. Hablo de mi caso. Hemos tenido profesores de apoyo, alumnado de prácticas que ha sido fundamental, conserjes, personal de limpieza prácticamente todo el día...y hasta desdobles de los cursos de tercero a sexto. 

Ahí hemos tenido -algunos-cierto malestar. Se estableció por la autoridad educativa, que de segundo de Educación Primaria hacia abajo (es decir, 2º, 1º y Educación Infantil) éramos, y somos, "grupos de convivencia estable", de manera que no nos hacían desdoble. Es decir, dónde había dos grupos de unos veinte alumnos y alumnas de tercero, ahora hay tres, con tres profesoras o profesores. Pero dónde hay hasta veinticinco alumnas y alumnos de segundo...seguimos igual. La medida no sé si tiene algún soporte científico, pero así ha sido.

Lo cierto es que la prioridad ha sido la seguridad en el sentido de la salud en cuanto al coronavirus. Vamos más despacio en clase pero, a pesar de los pesares, hemos podido trabajar y avanzar.

Tuvimos sustos y hubo alumnado o familias confinadas e incluso positivos, pero terminamos el cuatrimestre. Yo mismo tuve que permanecer varios días en mi casa hasta contar con los resultados de las pruebas, dado que un familiar se había contagiado.

El coronavirus ha venido a cambiar un montón de cosas también en nuestras aulas. Dónde antes decíamos hasta la saciedad que veníamos al colegio a compartir ahora decimos lo contrario, intentando puntualizar que es por la situación actual del virus.

La información institucional ha seguido siendo, a mi juicio, caótica, contradictoria y preocupante. Así, con los cambios en no se qué modelos informáticos o de contabilidad o de estadísticas...dejamos de saber el número de fallecidos a diario. También es cierto que no he prestado prácticamente ninguna atención. Por si fuera poco, las confrontaciones partidistas, por un lado, y los datos del Instituto Nacional de Estadística venían, casi a diario, a contradecir al gobierno.

Llegó un momento en el que yo personalmente no sabía ni cuantos muertos había a diario ni en qué fase nos encontrábamos.

El tema estrella durante meses ha sido el de las vacunas, con todo un elenco impresionante de datos, informaciones, opiniones y macutazos. Creo que se generó un estado hasta de agresividad verbal en muchas personas a cuenta de este asunto. Así, se podían escuchar opiniones de lo más variadas. Y, en algunos casos, un buen número de argumentos falaces, acompañados de sentencias, de insultos y descalificaciones, a favor o en contra.

Parece que la cordura, al menos verbal, se ha impuesto, y ya no somos tachados de insolidarios y egoístas los que simplemente preferimos esperar u opinamos que esperaremos o que no queremos vacunarnos.

Las llamadas "olas" y todo un vocabulario más o menos acertado, se ha incorporado a la comunicación diaria...Y con esos movimientos de las aguas, revueltas, las confrontaciones de los partidos políticos han hecho lo propio. Entre medias, el gobierno ha ido sacando leyes sin consensuar y sin ton ni son, en momentos tan difíciles. A veces no se sabía si era una estrategia para desviar la atención, o, lo contrario, es decir, si aprovechaban la situación de la pandemia para promulgar leyes.

La confrontación, la trivialización, la politización y la radicalización han prosperado tanto como el virus. He escuchado tantos insultos de un lado como de otro. Es cuestión de paciencia. Y me ha parecido detectar posicionamientos de lo más beligerantes, argumentando peligros y amenazas terribles: golpes de estado (de derechas y de izquierdas), destrucción de España, ruina, bandos, ponerse de lado con la que está cayendo...Es como si hubiera que "ponerse" como alguien nos diga, o como si hubiese que pensar u opinar como ordena el vicepresidente del gobierno. En fin, las cosas no son así. Libertad es una palabra de tres sílabas que necesita su tiempo y su espacio. No cabe en una siglas, en una palabra o dos, en un color, en un lado, ni en una ideología. Y un virus no nos puede contagiar semejante concepto hasta meterlo en un hospital y en un quirófano.

En diez meses nuestras vidas han cambiado mucho. Muchos argumentos se han ido cayendo día a día. Sigo pensando que la información fue una de las primeras bajas de esta pandemia. Como siento que falla todo el sistema del llamado rastreo y control de los positivos, de los que están a la espera de los resultados y de sus contactos. También estoy convencido de que todo lo que nos está pasando es nuevo, difícil, imprevisible en muchos aspectos, y no imputable a las autoridades. Coincido en que hay mucha más gente responsable y preocupada que los que no, pero a veces nos expresamos -yo el primero-, a la ligera. La pandemia saca lo bueno y lo malo. 

Tengo claro que uno de los peores sentimientos del ser humano, y de los más peligrosos, es el miedo. Y es lo que más hay. Debemos distinguir entre el miedo y el respeto y el peligro. Hace ya años que vengo escuchando que el miedo es libre. Sí, bueno. Pero se puede añadir que es como la sal en un huevo frito. Una pizca puede ser hasta imprescindible, o simplemente, necesaria. Más, no.

Desde luego se hace necesario un clima de concordia, de acercamiento, de diálogo, de consenso, de colaboración, y no todo lo contrario. Y esto no significa que haya que abandonar la crítica o las lógicas diferencias de criterio.

Hoy, ya 18 de enero de 2021, Fernando Simón ha dicho que podríamos estar en el punto más alto de "la curva", ojalá sea cierto. A mí, las dudas me asaltan. ¿Cómo puede ser que hayamos pasado de cero muertos diarios a la situación actual...¿Dónde ha estado el fallo? ¿Seremos capaces de detectarlo y ponerle remedio? En Castilla-La Mancha, y en Ciudad Real, las cosas están muy mal. Son más que preocupantes. Los bares, como buen termómetro, están cerrados, y hoy nos ha dicho el gobierno regional que seguiremos así diez días. ¿Hay datos suficientemente fiables como para que haya que cerrar las terrazas de los bares y no los centros educativos? Los aforos de ambos se pueden comparar...Es cierto que en uno se bebe y se come...

Para terminar, en los primeros días de septiembre de 2020 yo estaba en un bar en Villarrubia de los Ojos. En la televisión empezaron a hablar de la vuelta al colegio. Hubo algunos comentarios. El dueño del bar, que me conoce, me preguntó. Se hizo un silencio expectante. Le dije que teníamos que tener confianza. Creo que superamos la prueba muy satisfactoriamente. Espero que la próxima vez pueda decir lo mismo.



domingo, 21 de junio de 2020

Mi cuaderno del coronavirus, 14: se van cayendo las hojas de muchos aplausos.

Se van cayendo las hojas de muchos aplausos. La conversación, entre amigas y amigos avanza. Salen los detalles, los sentimientos, las vivencias, y se va desdibujando una forma y gestando otra. La poderosa duda, la incertidumbre y hasta algunas sospechas se ciernen sobre cualquier mesa de un comedor, de una terraza, de un bar, de un restaurante. ¿Qué está pasando?¿Qué nos está pasando? Fulanito se ha ido, y, en teoría, no se puede salir. Hay muchas posibles causas. Hay gente que cumple las normas y gente que no. Sesenta euros son las clave. ¡Háztelo! Ese es el problema, que no me lo quiero hacer. Yo ya pago. ¿Curiosidad? No, es responsabilidad. Es sentido del deber. Es profesionalidad. Lo importante no es saber si lo has tenido sino si lo puedes seguir contagiando. Todo es cuestión de dinero. Y de organización. La verdad es la verdad. Y dos más dos son cuatro. Es complicado. Como todo. Claro, claro. Yo creo. Yo pienso. Yo me supongo. Yo me figuro. A mí me parece. Es que yo. Desde mi punto de vista. Yo he leído.Yo he visto. Me han dicho. Me contó, Dijeron. Parece ser. Ahora a ver qué tal nos comportamos. Eso, eso. La gente mayor. Los jóvenes. Los niños. ¡Madre mía! Pero se puede. No se puede. Lo suyo sería. Dentro de un par de meses. Cuando lleguen los fríos. Esto va pa´largo. Ya hay otro que ha mutado. Las casas. Los arquitectos ya están planteándose cómo hacer las cosas (casas) en el futuro. ¿Y los colegios? ¿Y los centros de salud? Palabras. Palabras. Palabras. Y las hojas van cayendo. Se deshoja la flor. La antesis ya no es ni un mero reflejo agostado por las preguntas sin respuestas. Los centros de salud siguen cerrados. Te atienden por teléfono. Teletrabajo. Y la gente que haya estado en casas pequeñas. En pisos interiores. En ciudades. Y la gente que está en el paro. Los niños sin poder salir. Tres hijos y dos ordenadores y el padre o la madre, teletrabajando. Horroroso. Ha sido horroroso. Hay quiénes no quieren hablar. O no pueden. Es normal. Ha habido de todo. 
Ya se puede salir y entrar. Con mascarilla. Y guardando las distancias de seguridad.¿abrirán los cuarteles? ¿O estaban ya abiertos? ¿Y los centros de salud? Ya se puede volver a los colegios. ¿Tiene sentido? Hay miedo. Es normal. Hay gente a la que se la señala. Se les puede coser un símbolo con el coronavirus bien visible. O impedirles entrar o salir. O encerrar. O poner en cuarentena. Una mujer me habla de un familiar muerto. Se me pone el bello de punta. Y a mí. No poderles dar siquiera un beso. Ni cogerles las mano. Hay mucha gente. Han sido muchos. Pero muchos. En el siglo XXI. En el siglo pasado, vale, ¿pero ahora?
Parece que amaina el temporal.  Hablan o hablamos de normalidad. 

viernes, 5 de junio de 2020

El Canguro Violeta reanuda su actividad fotográfica con "Luces y sombras de una pandemia" de Teresa Luca.

Hoy, viernes, 5 de junio de 2020, ha quedado inaugurada la exposición fotográfica "Luces y sombras de una pandemia" de la fotógrafa de Velilla de san Antonio (Madrid) Teresa de Luca.
Con una selección de 25 fotografías la autora nos muestra escenas del día a día de estos meses difíciles en los que los miembros de Protección Civil han tenido una actividad muy importante. 
Reinicia así el Canguro Violeta de Piedrabuena (Ciudad Real) su actividad, con cierta normalidad, en su deseo de seguir dinamizando la vida cultural del municipio. El patrocinio ha corrido a cargo del Ayuntamiento de Piedrabuena y el comisariado y trabajo de impresión a Margo Zúñiga.
La fotógrafa, para poder realizar las fotografías durante el estado de alarma, consiguió un autorización de la policía municipal, acompañando a los voluntarios de Protección Civil. 
Se trata de una exposición documental, de rabiosa actualidad, con una mirada centrada en el voluntariado y en la asistencia prestada a vecinos y vecinas. La autora es Técnico Superior de Imagen con una formación amplia en el mundo de la Fotografía.
En las imágenes seleccionadas podemos ver el devenir de un pueblo, la asistencia prestada a los vecinos, los momentos de encuentro, en ventanas y balcones, los aplausos y gestos de apoyo o los procesos de desinfección del personal sanitario. Todo, con la mirada respetuosa y humanizante de esta vivencia trágica. Una buena forma de preservar tanta solidaridad y tanta cooperación en medio del aislamiento, el dolor y el miedo. Desde aquí felicitamos a las personas que habéis hecho posible esta actividad pero, sobre todo, a la autora, Teresa Luca, por su buena iniciativa y su gran trabajo.




jueves, 4 de junio de 2020

Mi cuaderno del coronavirus, 13: no hay pruebas del coronavirus nada más que pagando, o para los elegidos.

Desde que empecé a escribir sobre el estado de alarma, el confinamiento, la pandemia por coronavirus y lo que nos está pasando no he dejado de poner en duda todo lo que oigo o leo. Así, cuando se habla de víctimas mortales yo he mantenido que esas cifras eran, manifiestamente, falsas. Ahosa nos dicen desde el Instituto Nacional de Estadística, nada más y nada menos, que las personas que han muerto en España en este periódo, frente a las del año pasado, superan las cuarenta y cuatro mil, muy lejos de las veintisiete mil que dice el gobierno. Se podría añadir que son más, al menos, porcentualmente. Veamos. La población española ha bajado. Los cientos de miles de turistas que nos visitan se han ido. La actividad laboral se redujo a mínimos así como los transportes, de manera que, al número de fallecimientos del año pasado habría que descontar un buen número, pero, aún así, la diferencia es tan grande que no merece la pena profundizar en ese argumento. Lo triste, lo grave, lo penoso, es que hablamos de personas, con nombres y apellidos, con familias, y no sólo de datos o cifras.
Por otra parte me preocupa que se estén tomando medidas tan contradictorias como que un municipio decida hacer las pruebas a todos sus habitantes, o un colectivo como el de la Universidad de Castilla-La Mancha, frente a otros que no han sido elegidos. Ni siquiera le vale a Caixasegur Adeslas la información aportada en un diagnóstico por un radiólogo para que a un asegurado se le pueda hacer la prueba por COVID-19.
Sorprende que al personal de la UCLM se le vaya a hacer la prueba y no al de Educación Infantil, Primaria, Secundaria, Formación Profesional y otros. Sorprende porque los segundos tratan con muchas más personas y en condiciones laborales mucho más difíciles de manejar. En la Universidad hay adultos, mayores de 18 años y, de entrada, muchos más espacios. En el resto de centros educativos, mucho peor equipados en todos los sentidos, hay menores y familias. Compárese una aula de la universidad, un pasillo, unas escaleras y visítense los colegios. Tómese nota de la entrada, a las nueve de la mañana, a un colegio, con cientos de adultos acompañando a los escolares. Obsérvese luego la entrada en las diferentes facultades.
Pero las pruebas del COVID-19 no están previstas, parece ser, para todo el mundo, sino para los elegidos. Ah, ¡qué olvido! Y también se puede conseguir pagando, es decir, repagando, porque todos hemos pagado nuestras correspondientes cuotas sanitarias durante estos meses.
Así las cosas, los discursos, las palabras, los tonos, hasta ese fondo poético y conciliador de los cuarenta y siete millones de hilos que forman la bandera de España de la que hablaba el presidente del gobierno, don Pedro Sánchez Castejón, en el parlamento, ayer mismo, suenan huecos, vacíos, falsos, sencillamente falsos. Aunque las dos comentaristas de la Cadena SER me puedan tachar de cualquier cosa...por expresar mis ideas libremente.

viernes, 29 de mayo de 2020

Mi cuaderno del coronavirus, 12: Gotcha?

Pasa el tirempo. El galimatías estadístico es desconcertante para los no iniciados ni los no seguidores del tema. Así, leo que en España hay un sólo muerto por coronavirus en las últimas 24 horas, pero me llega un correo de un sindicato que afirma que, en el mismo período, ha habido tres fallecidos en Castilla-La Mancha. Además, se habla de "ajustes" estadísticos, de cifras de defunciones por encima de la media con respecto al año pasado muy superiores a las dichas desde el gobierno de España.
Leo que en un municipio de la Comunidad de Madrid, Torrejón de Ardoz, se van a hacer tests a 130.000 personas. Mientras, en Ciudad Real, a un asegurado de ADESLAS, es decir, de, SegurCaixa Adeslas, le piden el informe del médico que le prescribió la prueba, en otro municipio, a 30 kms, ya que en el suyo no tiene la opción de acudir a medico alguno, sino llamar por teléfono para que, en 48 horas, le atiendan telefónicamente.
De cualquier manera, se haría la prueba, en caso de ser aprobada, dentro de dos semanas, aunque le ha sido dicho, en un diagnóstico, por escrito, que es muy problable que lo haya pasado. Además, la especialista lo atenderá dentro de tres semanas.
Mientras tanto, la duda circula a tanta velocidad, o más, que el mismísimo virus, y que el miedo. ¿Te ves igual si te dicen que lo has pasado? ¿te sientes seguro o segura?¿Y las personas que te rodean? ¿Y las que escuchan la noticia, más o menos adaptada a cada trasmisor?
Enciendes la televisión y no entiendes nada. No cuadran las cifras ni las unidades de "esfuerzo" informativo ante cualquier noticia. Para colmo, el mismísimo vicepresidente del gobierno aparece dando un lamentable espectáculo con una diputada que, a su vez, le falta profundamente al respeto, al decoro, al sentido común y al interés político y ciudadano de los españoles. Pero como buen terremoto, lo vuelve a hacer al día siguiente, con otro interlocutor y en otro escenario. Ya es noticia la esposa, tambien ministra, el padre y la madre.
Yo no sé quién empezó antes o quién faltó al respeto y/o a la verdad primero, lo que sí tengo claro es que no nos interesa ni nos aporta nada positivo nunca pero, ahora, menos. En pleno estado de alarma, con una pandemia de la que se sabe muy poco, con una situación social y económica muy preocupante, lo que de verdad necesitamos es gente que trabaje y se trague sus diferencias, por arriba y por abajo, por la derecha, la izquierda y el centro. Y, en ese tragar, lo que tienen que hacer es ser capaces de ponerse de acuerdo, o no, de criticarse con respeto y moderación y aceptar las críticas, como demócratas de verdad, no de boquilla.
Los espectáculos que estamos viviendo son penosos. No nos merecemos esas escenas sino todo lo contrario. Nos merecemos una información fiable y un acceso gratuito a las pruebas cuando sea necesario. En eso tienen que trabajar y no en ver la forma de humillarse públicamente. Esas confrontaciones conducen a escenarios peores de los actuales,a la radicalización en el mal sentido de la palabra. Suponen que aumenta la desconfianza y el malestar en vez de sembrar la concordia, el diálogo y el entendimiento. 
Y, para concluir, si una doctora te dice que, tras haber padecido una neumonía por COVID-.19, sigues teniendo riesgo de contagiar a otras personas, ¿cómo debes proceder? ¿Lo ocultas, para que no te señalen? ¿lo dices? ¿solicitas una prueba que se resisten a autorizarte? ¿te encierras?¿pagas por un servicio que te niega el propio sistema al que ya pagas mensualmente desde hace décadas?
-"Gotcha!", pensó, cabizbajo, el funcionario, que, supo, al fin, que lo había pillado, con todo el mejunge que conllevaba.
-"Gotcha!"

miércoles, 20 de mayo de 2020

Mi cuaderno del coronavirus, 11: ¿nueva pandemia de miedo?

Ya hoy, a 20 de mayo de 2020, miércoles, con tres días en la fase 1 del llamado desescalamiento, me viene a la mente la idea de una nueva pandemia, la pandemia del miedo. Desde mi modesta posición y mi exigua experiencia, pero diversificada y heterogénea, me parece percibir que ahora lo que está contangiándose muy deprisa es el miedo. Así, escucho hablar de un síndrome que no conocía, el de la cabaña. Otras personas me hablan de desánimo, de inseguridad, de dificultades para afrontar con serenidad esta salida del encierro.
Como me estoy perdiendo toda la serie televisiva, radiofónica y perdiodística desconozco los cauces por los que nos estamos moviendo. Pero si en un pueblo o ciudad que lleva sesenta días sin poder ir a un bar no se aprecia una afluencia considerable creo que es un síntoma de algo. ¿Precaución? Quizás.
Alomejor es el momento de abordar este problema de otra manera pero, ante la inmensa avalancha de opiniones, datos y hasta sentencias de expertos ¿quién se atreve a hablar? Y hay más, sin conocer el calado real de lo que está ocurriendo, opinar desde el desconocimiento es muy arriesgado. Espero que mis palabras se entiendan desde el respeto, que es el punto de partida.
Pero no comparto la visión negativa, ni la botella medio vacía, ni los temores ni miedos. Precauciones hay que tomar. Nos hablan de dos metros de distancia, por ejemplo, de acuerdo. Ayer un camarero bromeaba, a esa distancia de mí. Yo, le seguí la broma:
-¡Échamelo! -dije, abriendo la boca...
Y es que la contradicción está ahí, desde el primer día. Las comparaciones, también. El desconocimiento sobre miles de cuestiones, surge a diario. Hoy, una persona me decía, ante mi optimismo, que no había casi contagios porque no salimos...¿Eso es cierto?¿está demostrado?¿es así?
No lo sé. Yo no tengo una opinión formada sobre si deberíamos ir más deprisa o más despacio pero sí sobre la forma de afrontarlo anímicamente, cuando se pueda.
No comparto esa idea, escuchada ayer, de que el miedo guarda la viña. La viña la guardan las personas honradas, y, en segundo lugar, sus dueños y las autoridades. Y, si todo el mundo tiene comida suficiente, la viña se guarda, prácticamente, sola. Siempre hay algún ansias comelindes, un perturbado o un delincuente, pero eso parece ser inevitable.
Pero el miedo no es buen consejero. El cumplimiento de normas que tengan lógica, sí. Y si tenemos que hacer caso a nuestras autoridades, que dicen basarse en expertos, no entiendo las razones por las que haya que aumentar las medidas de seguridad. Si tengo que dejar dos metros de distancia con una persona, y hasta hace poco eran un metro y medio -también dicho por expertos- ¿porqué tengo que distanciarme más?, por poner un ejemplo real.
Desde luego, parece llegado el momento de instaurar una confianza sensata, que tienda a eliminar esos miedos que hacen sufrir a tantas personas.
Lo que solemos llamar, arbitrariamente, buen tiempo, ya está aquí. Las condiciones de habitabilidad para cientos de miles de personas empiezan a cambiar rápidamente. Y se acerca, aunque falta un poco, el fin de la primavera, el inicio del verano, la temporada tur´ñistica por antonomasia, el fin del curso escolar...
Como decía, el miedo no guarda nada y la incertidumbre tampoco es buena consejera. Ya pensando en el curso académico 2020-2021 no deberíamos aventurarnos lo más mínimo a hacer predicciones negativas. Nos evitará malestar y facilitará nuestra felicidad. Y es que, antes de septiembre, tenemos que terminar mayo, empezar junio, terminarlo, pasar el verano...Así que, ¿miedo?no, gracias. ¿Precauciones? las necesarias. Pero sólo las necesarias.


domingo, 17 de mayo de 2020

Mi cuaderno del coronavirus, 9: El filósofo Santiago Alba Rico y los buenos y los malos del coronavirus.

Hoy he podido escuchar la entrevista hecha al filósofo Santiago Alba Rico. Sus palabras me han parecido muy interesantes, con reflexiones profundas, aunque, a mi modesto entender, quizás un poco apresuradas, dado que todavía estamos en pleno proceso de pandemia y estado de alarma. Además, las generalizaciones y las conclusiones siempre me han parecido demasiado arriesgadas. Debo confesar que algunos puntos de vista me han parecido muy sabios.
Sin embargo, al final de la entrevista, el pensador es como si se hubiera bajado de su cátedra, como si hubiera abandonado la mesura, la empatía, el análisis, para sentenciar, poco más o menos, que hay buenos y malos en cuanto a las actitudes de las gentes que manifiestan sus sentimientos y emociones. Así, los que aplauden a las ocho, son buenos. Los que golpean sus cacerolas, son malos. Evidentemente no lo ha expresado así, pero es lo que ha venido a decir.

Me parece que, tras el análisis expresado unos segundos antes, sus palabras han salido como un verdadero exabrupto, como un decir sincero: "y ahora suelto lo que de verdad pienso, gentes que no comulgáis con el gobierno". Y rezuma verdad esa clasificación y esa valoración, sin más. Toda la finura anterior queda así, pisoteada, desde el simplismo y el maniqueísmo.

Y es que el tema de los aplausos se puede analizar de muchas maneras, como el de las caceroladas. O los crespones negros, o el todo va a salir bien con los arcoiris...No es tan fácil como establecer dos grandes grupos pero sí es muy revelador que, quiénes se dicen de izquierdas, quiénes propugnan la libertad de expresión, el derecho a disentir, el desarrollo del sentido crítico, la igualdad y la verdad, por encima de dogmas, ahora vengan con estos postulados tan curiosos, con estas llamadas a la unidad, es decir, al silencio, al control absoluto de la información, y a la parte positiva, que la hay, de este grave conflicto que estamos viviendo.
Me parece inaceptable esta actitud de autoritarismo y negación de las libertades más elementales. No tengo porqué estar de acuerdo con nadie, si no lo considero oportuno, en un llamado  Estado de Derecho, sin que eso suponga que nadie, osea, aboslutamente nadie, tenga el derecho a señalarme, a marcarme, a estigmatizarme...
La gente, con una pandemia por coronavirus y unas medidas políticas tomadas por un gobierno legítimo, tiene el derecho legítimo a expresarse como quiera. Es decir, se puede aplaudir, cantar, bailar, tocar un instrumento o golpear una sartén...Y eso no es ideología, o no tiene necesariamente que serlo. Pero si lo fuera, bienvenida la ideología, el derecho y la capacidad y la valentía para disentir. Eso no es volver al pasado ni querer lo peor. 
Y ahora, la persona que ha perdido a un ser querido, por ejemplo, precisamente por alguna de las malas, nefastas, inhumanas...prácticas que se han podido producir durante estos dos días...¿debe aplaudir a las ocho? Si has sufrido una enfermedad con cierta gravedad, y tu doctora te ha atendido por correo electrónico, porque la clínica que te correspondía es privada -eso no es culpa tuya, supongo-y cerró, ¿estás obligado a aplaudir? ¿Las personas que pensaban que las medidas de confinamiento se deberían haber tomado mucho antes son retrógradas? ¿están siendo injustas? ¿deben apoyar sin fisuras al gobierno? Las personas que, día a día, han visto cómo el gobierno decía una cosa y al día siguiente la contraria, ¿no puede manifestar su disgusto?
La situación ha sido y sigue siéndo muy compleja. Con seguridad se han cometido errores como los habría cometido cualquier otro presidente o partido en el poder. Pero esa no es la cuestión. Yo escuché una duda a una persona sin estudios que decía que en países más avanzados que el nuestro las cosas iban mejor, y que en otro, vecino, supuestamente más atrasado que España, también iban mejor. ¿Es sosprechoso de algo pensar así?
Y para terminar esta pequeña carta de un ciudadano a un filósofo, le hago otras preguntas. ¿Si hubiera sido al revés pensaría usted lo mismo de las caceroladas? Es decir, si estuviera el gobierno de España en manos del Partido Popular ¿opinaría lo mismo? ¿Estarían justificadas estas llamadas a la unidad, al silencio, al apoyo incondicional? Me temo que no.
En fin, una pena haber estropeado con tan pocas palabras una brillante intervención radiofónica.
El programa ha tenido lugar en Radio Nacional de España entre las 11 y las 12 de la mañana, sin que lo sepa precisar.

viernes, 15 de mayo de 2020

Mi cuaderno del coronavirus, 8. Cambiamos de fase.

Van pasando los días y las semanas. Hoy, viernes, 15 de mayo de 2020, hemos sabido que pasamos a la fase 1. Significa que podremos salir con cierta normalidad, que podremos viajar a otros municipios y, sobre todo, que la situación está mejorando, es decir, hay menos contagios y menos muertes.
En estas semanas pasadas hemos empezado a salir a pasear, toda una liberación y un verdadero placer. Daba gusto salir y ver a vecinas y vecinos, a familias con niños, a algunos mayores tomando el sol...
Con el teletrabajo hemos seguido aprendiendo y dando lo mejor de nosotros mismos, intentando, muchas veces sin conseguirlo, poner límites a los horarios. Hemos aprendido mientras intentábamos enseñar. A veces han sido las madres y los padres los que nos han ayudado. 
Los más de sesenta días de confinamiento van haciendo mella, apagando un poco la alegría, la ilusión y la esperanza. Intento mantener el buen humor y el ánimo, y ser optimista. Lamento la expansión, la extensión y la profundidad del miedo, sobre todo en lo que tiene de gratuito, de suposición, de vaticinio, de especulación. No soy nada partidario de hacer predicciones ni de sufrir por adelantado. Confío en que todo se solucione de la mejor forma posible.
Sigo pensando que el exceso de información, de programas, de expertos, de teorías, de datos...no es positivo. Así, poner en cuarentena a los llamados medios de comunicación social no es mala idea.Y veo como la realidad se va politizando y partidizando, sin que parezca que se pueda optar por un sentido crítico lo más imparcial posible. 
Cada día son más los interrogantes que nos podemos plantear. Vemos lo que está ocurriendo en Francia y no sé cómo valorarlo. Más muertos y más contagios que aquí, con mayor población, y con la vuelta escalonada y voluntaria a los colegios.
Aquí, me ha sorprendido que un guardia civil me informe de que no puedo poner una denuncia por un delito informático y que debo, o viajar a Ciudad Real, o esperar. Aunque me consuela diciendo que lo que me ha ocurrido ha sido muy frecuente, dado que se produjo una "brecha de seguridad". Y la palabra "brecha" ya me empieza a parecer demasiado elástica.
Como me ha sorprendido que para poder recoger un documento médico en una clínica tuviera que responder a preguntas sobre el contagio, los síntomas y la cercanía del coronavirus. Es de suponer que es una primera medida de protección para poder tomar otras más drásticas.
Se vislumbra una gran crisis económica pero no deja de ser una predicción, y la sola idea nos turba, nos preocupa y nos hace ponernos en escenarios muy negativos.
Y así las cosas, algunos nos empeñamos en ver lo bueno, lo que podemos sacar como lección, como parte positiva, aunque sea en esta caótica y desconcertante situación.

miércoles, 29 de abril de 2020

Las Cruces de mayo de Piedrabuena 2020, confinadas, pero vivas y sentidas.

Se acerca el dos de mayo de este atípico, extraño, duro y, sobre todo, trágico 2020. Un virus llegado de China nos ha cambiado la vida, y a miles de personas, sencillamente, se la ha quitado.
Unos días antes de que se iniciara el estado de alarma y el llamado confinamiento, por la pandemia del coronavirus, ya veíamos que este año era muy posible que no pudiéramos vivir las cruces de mayo de Piedrabuena, y de otros municipios, como en años anteriores.
Se había suspendido el gran evento en torno a los teléfonos móviles en Barcelona y, nada más y nada menos, que las Fallas de Valencia. Así, todo parecía indicar que se avecinaban cambios muy importantes. 
Un grupo de jóvenes de Piedrabuena estaba ya preparando, con toda su ilusión y mucho tiempo y esfuerzo, su cruz de este año. Fuí a ver el nuevo emplazamiento y sus inicios. Hice algunas fotos y, pensé, este año les haría un seguimiento muy cercano. Pero las noticias cada día nos nublaban más el horizonte temporal. Y llegó el día trece de marzo, en que supimos que se suspendían las clases de todos los niveles educativos. Al día siguiente, el presidente del gobierno, Pedro Sánchez Castejón, anunciaba la declaración del estado de alarma.

Pero fueron pasando los días y las semanas. Algunos pensábamos que, aunque no hubiera cruces como tal, algo queríamos hacer. Y la única manera era en nuestras casas. Lo hablamos en familia y estuvimos de acuerdo. Sería una cruz pequeña, sencilla, sin prácticamente flores ni plantas, y, por supuesto, sin nada extraído del campo, dadas las restricciones para salir.
A los pocos días, una vecina y familiar nuestra nos preguntó que si teníamos alguna imagen religiosa en casa de cierto tamaño que le pudiéramos prestar, pues quería hacer una cruz. Dos vecinas se ofrecieron y sacaron rápidamente sus vírgenes. Eran las ocho de la tarde y nos habíamos asomado a aplaudir a los trabajadores sanitarios y a todas las personas que han sido consideradas esenciales en sus puestos de trabajo.

Ya esta semana mi esposa me ha enviado tres fotografías de tres cruces. Sinceramente me emocionó y sentí que esta iniciativa la debíamos haber tenido muchas personas.
Nos pusimos manos a la obra y, aunque fuera solo a modo de ensayo, de pequeña obra más que efímera, volátil, formamos una cruz con clavos. Éstos tienen su historia , pero la contaré en otro momento. 
Lo cierto es que, este año de 2020, sin cruces como las conocemos, muchos sentimos que el símbolo de la Cruz sigue siendo muy importante en nuestras vidas. Cada uno sabe lo que significa para él o para ella, lo que siente, y lo que padece. Y estas pequeñas cruces son, también, una forma de sentirnos unidos y unidas ante la adversidad, ante la enfermedad, ante el temor y el miedo, ante tanta incertidumbre, tantas dudas, tanto desasosiego.
Las cruces de mayo, avatares y paradojas de la vida, quizás hayan recobrado el sentido que tuvieron antaño, en los primeros momentos, ahora, en 2020, bajo la amenaza de una enfermedad.
Me recuerda mucho lo que está ocurriendo a las luminarias de Fontanarejo, que se hacen precisamente en estas fechas y con esa finalidad, recordar la salida de una epidemia, con la purificación de las casas con el humo del romero quemado al ponerse el sol, en la calle, con las puertas abiertas de par en par.
Ahora, desde nuestros hogares, nos comunicamos más con diferentes aparatos pero, cusiosamente, añoramos ese contacto humano que, parece ser, todavía no será posible. Pero las cruces nos acercarán, al menos, un poco, aunque no podamos visitarlas y nos conformemos con las fotografías y vídeos.



jueves, 23 de abril de 2020

Mi cuaderno del coronavirus, 7. Un vicepresidente de gobierno dirigiéndose a chicos y chicas.

Hoy he visto unos fragmentos de una comparecencia pública de uno de los vicepresidentes de España, Pablo Iglesias Turrión, en la que se dirigía a los chicos y chicas de España. Me parece totalmente inapropiado. Se trata de menores de edad y, a mi juicio, incluso el Defensor del Menor, el Defensor del Pueblo y las instancias judiciales deberían intervenir y, como mínimo, darle un toque de atención. 
Lo ideal, sería que quedara claro, escrito y sabido, por todo el mundo, que los políticos y gobernantes no pueden ni deben dirigirse a los menores de edad. 
Me ha parecido una torpeza de las mayores que llevo vistas desde que empezó el estado de alarma por el coronavirus, creo recordar, el 14 de marzo de 2020.

Por otra parte, cada vez que pienso en esa peculiar idea de que la oposición, como estamos ante una pandemina mundial, debe estarse calladita, sentadita, y asintiendo a todo, me estremezco. Y lo que más me sorprende es que lo dicen, lo repiten y lo remachan desde la llamada izquierda, desde el supuesto progresismo, desde la defensa a ultranza de la Libertad de Expresión... Me enseñaron una viñeta que hacía alusión a esta cuestión en la que aparecían las prioridades de varios países, y eran acabar con el coronavirus, mientras que en España era acabar con el gobierno. Se quedó calvo el autor y, sobre todo, demostró que no lee ni un periódico extranjero ni escucha más noticias que las de su partido. Donde hay menos críticas, y las hay, es en los regímenes dictatoriales. Allí sí es "¡todos a una!" y "¡silencio!".
Y si escucho unos segundos al ministro de Justicia hablar de la necesidad de perseguir los bulos siento pánico. ¿Dónde vamos a llegar? ¿Podemos imaginar que estemos en nuestra casa y nos visite, por ejemplo, la Guardia Civil, la Policía Judicial o cualquier otro cuerpo de seguridad, por opinar en un blog o escribir un artículo? ¿Y si nos llega una citación a un juzgado por las mismas razones? ¿Quién marca la diferencia entre lo que es un bulo y lo que no? ¿Los mismos políticos o alguna pareja de guardias civiles de Tráfico, como pasó hace un mes en Villarrubia de los Ojos, Ciudad Real, saltándose la ley?

Los políticos tiene "inmunidad parlamentaria", pueden decir lo que quieran, generalmente tópicos, verdades a medias, osea, mentiras, interpretaciones de lo más personales, de partido, de facción, de camarilla, de intereses determinados ¿y nosotros y nosotras, la llamada ciudadanía, no podemos decir lo mismo? ¿Habrá que guardar periódicos y grabar discursos y proclamas de las largas y cargadas quincenas electorales para demostrar lo que todas y todos sabemos? Como los pimientos de Padrón, unos sí y otros, no...¡Vaya Democracia!
En fin, yo creo que se está perdiendo el rumbo. Que un vicepresidente no se puede dirigir de ninguna manera a los menores de edad para pedirles disculpas ni para justificar tal o cual medida. Pedir perdón, reconocer errores, me parece genial, pero hay que saber a quién se dirigen esas palabras. 

Por otra parte ¿qué habría pasado si lo hubieran hecho dirigentes de otras opciones políticas? Y, si a esta pregunta se pudiera contestar que ya lo han hecho, aplíquese toda mi crítica anterior, con la misma fuerza y rigor.

miércoles, 22 de abril de 2020

Mi cuaderno del coronavirus, 6.

Ya lo dije, la primera víctima de una guerra es la verdad. Hace dos o tres días un alto mando de la Guardia Civil decía que estaban, entre otras misiones, trabajando en localizar la procedencia de las críticas al gobierno. Escándalo político de grado medio, rectificaciones del gobierno de España, reconocimiento de error, escenificaciones varias con aplausos para el protagonista, bloqueo de preguntas, y aclaraciones.
Parece ser que la Guardia Civil recibió una petición en ese sentido. Ahora, tengo dos preguntas, sabiendo que no veo telediarios, no leo los periódicos ni escucho la radio. ¿Quién envió esa misiva? y, la segunda, ¿el mando de la Benemérita cometió un error o, por el contrario, hizo lo que debe, es decir, informar al pueblo español, como militar disciplinado y valiente? Creo que lo segundo.

He leído cómo, en otros lares y en determinados grupos, hay verdadera preocupación por el más severo control y/o censura en internet. Así, por ejemplo, se afirma de determinadas redes sociales y se habla de nuevas estrategias de los grandes entre los grandes, los gigantes Google y Apple.
Entre medias, está la vida cotidiana de una familia, de unos familiares, amigos, compañeros y compañeras, de unas vecinas, que sigue transcurriendo con abnegación pero con un creciente cansancio. Y, cada cierto tiempo, con desconcierto, malestar y desconfianza.

Las cifras de fallecidos en España no me ofrecen precisamente ningún referente fiable. Es una corazonada, una sensación de que, ahora más que nunca desde el primer día, se ha entrado a saco en el control de los datos. Ni los cuatrocientos y pico muertos ni, por supuesto, el psicológico 399, tienen validez para mí. El resto tampoco, pero estas cifras, mucho menos.

Y, como decía, la vida sigue. Hoy he visto "desinfectar" el casco urbano. Me ha parecido, como las veces anteriores, una medida más cosmética que eficiente, pero ahí está, con su olor a lejía, y su chorreante líquido en el cristal de una puerta de un establecimiento.

Las noticias, confusas y contradictorias, sobre las posibles salidas de menores, y los nuevos posibles trabajos que se podrán realizar animan un poco.
Mientras, sigo escuchando verdaderas estupideces muy cercanas al arte adivinatorio. ¿Como será la vida después de...? ¿Pero es que alguien sabe lo que va a ocurrir esta misma noche? ¿Cómo es posible que se atrevan a anticipar lo venidero? ¿Es tan fácil como seguir, al dictado, lo que han hecho otras personas en otros escenarios completamente diferentes?

Y, ayer, por azar, me llevé una sorpresa...Escuché una pregunta retórica de una persona sin estudios, con un trabajo clasificado como esencial. Decía que cómo es posible que un país como Portugal, que va diez años por detrás de nosotros, y otro, que va diez años por delante, hayan controlado mejor la epidemia del coronavirus. ¿Procede esta pregunta de la radio, la televisión o la prensa? No lo sé. Escuché opiniones en todos los sentidos, con espontaneidad, y eso me encanta, aunque surjan improperios o argumentos demasiado fuertes. Por supuesto lo de los diez años de Portugal y los de Alemania puede ser muy discutible, aunque lo podemos considerar como una idea bastante extendida en España.

En los colegios nos seguimos inventando a diario, con las mejores intenciones. Pero también seguimos ejerciendo nuestra profesión y poniendo en práctica nuestros conocimientos específicos y nuestra experiencia y, además, aprendiendo. Las familias siguen trabajando con sus hijas e hijos, bandeando, a diario, toda suerte de dificultades.

Y hoy, Día de la Tierra, de la Madre Tierra, -¡qué hermosa expresión para designar, en realidad, un drama, una tragedia!- cincuenta años después de que se iniciara esa celebración en Estados Unidos, descubrimos una curiosidad inquietante. En una de las manifestaciones que tuvieron lugar aquel mes de abril de 1970, la gente iba con mascarillas. Hoy, la inmensa mayoría de personas, llevan mascarillas. Y hay quiénes dicen que hemos ido a peor. Quiero terminar con la botella medio llena. Hoy, necesito pensar que hemos mejorado, que ha servido de algo, que muchas realidades han mejorado. Que la Madre Tierra todavía tiene pulso para soportar nuestra existencia.

En el 50 aniversario del Día de la Tierra, confinados por un virus.

Hoy es 22 de abril de 2020, miércoles. En muchos países del mundo se celebra el Día de la Tierra. Esta jornada de movilizaciones, de actividades de todo tipo y de reflexión, se empezó a celebrar en Estados Unidos en 1970. 
En 1990 me llegó, como cada semana, la revista "Time" a mi domicilio. Mi alegría fue inmensa. La portada de esa revista, de tirada mundial, estaba dedicada a esa celebración. No era por falta de noticias de gran repercusión internacional. Lo cierto es que en la fotografía aparecía una niña,y detrás, una pancarta que pedía una moratoria de la energía geotermal. Ya en la página 7 se encontraba un anuncio publicitario, precioso e impactante, de WWF. Se tratata de un sencillo dibujo de una araña, en blanco y negro, y un breve texto. Decía, con traducción mía:

"Un espacio no mayor que este anuncio (de 24,4 x 5´5 cms, el equivalente a un tercio de página, tamaño DinA4, aprox), del suelo de la selva tropical puede albergar especies de insectos, semillas, hierbas y plantas capaces de enriquecer abundantemente el conocimiento médico del ser humano. Pero sin tu ayuda nunca será posible. Porque van a morir".

Después aparecían unas líneas y la dirección de contacto de la Asociación, en Suiza. Y ya, en las páginas desde 24 a la 43, había diferentes artículos dedicados a este tema tan importante. 
El inicio del primer artículo era una cita del gran escritor, poeta y activista ambiental mexicano Homero Aridjis, que decía: "La lucha es por la Tierra". El artículo, de Marguerite Johnson, se titula "Battle To Save The Planet", (Batalla para salvar el Planeta).
Y el inicio, hoy, 30 años después, me sigue conmoviendo y preocupando:

"Día de la Tierra de 1990. Desde la Calle Mayor, en Estados Unidos a algunos puntos remotos de África y Asia, a la cima del monte Everest, la aldea global parará como tributo esta semana a su patrimonio común, La Madre Tierra. Escolares en El Cairo, Copenhague, Río de Janeiro, y otras incontables ciudades quitarán tiempo a sus estudios para plantar árboles. Celebridades como Paul McCartney, John Denver y Bette Midler actuarán a favor del entorno. Una cadena humana de 542 millas de larga (872 kms) se formará  a lo largo del río francés Loira, para llamar la atención sobre sus problemáticas aguas..." (Traducción mía, FZS, 2020)

Decía que, después de estos tres decenios, esta revista, guardada en sitio preminente, me sigue emocionando y doliendo. 
Por un lado, siento que siempre estuve ahí, intentándolo, haciendo lo que podía, para conseguir un Planeta mejor. Por otro, considero que esta fiesta no ha cuajado en España como en el resto de países. Me parece que no ha llegado nunca a tener el seguimiento que le corresponde. Educativamente, tampoco -desde mi modesto puesto de trabajo- ha llegado muy lejos. Y, lo peor de todo, aunque cientos de leyes, de instituciones, de empresas, de grupos de todo tipo se emplean muy a fondo, la tarea pendiente sigue siendo ingente. Los atentados, los despropósitos las aberraciones ambientales y humanas siguen floreciendo por doquier.  Hay autores y autoras muy serios y con fundamentación científica impecable que señalan precisamente a nuestras devastadoras acciones lo que está ocurriendo con la pandemia del coronavirus. 
Sin embargo, me quedo, me quiero quedar hoy, siquiera hoy, con la imagen de la portada de la revista "Time". Un mensaje de esperanza, de ilusión, de confianza en las generaciones que han de gestionar nuestro mundo. 
Pienso en el charco que vengo estudiando ya bastante tiempo. Ahora mismo debe ser un hervidero de vida. Me vienen a la mente miles de imágenes de una vida que explota por doquier. Bajo a mi patio y veo flores, escucho el leve griterío de las crías de golondrinas comunes en su nido y pienso en el futuro, con el sueño de que podamos hacerlo mucho mejor con nuestro Planeta y con nuestras hermanas y hermanos, entre las que también están las piedras, el agua, las nubes, las hormigas, los árboles y las golondrinas, que cruzan medio mundo cada año, sin conocer fronteras más allá del frío y del calor.
Y para terminar, hoy he hecho un vídeo con una lectura de un caligrama precioso del artista estadounidense John Miller. Curiosamente, lo saqué de un libro, hace también casi 30 años, coordinado por Homero Aridjis.







sábado, 4 de abril de 2020

Mi cuaderno del coronavirus, 5: Rezo del Angelus de Julián Plaza en la Parroquia Ntra.Sra. Asunción



Esta mañana, por uno de esos extraños azares de las llamadas redes sociales o, mejor dicho, de la blogosfera, o más exacto todavía, en el canal de vídeos particulares "youtube" me he encontrado con un curioso vídeo de Eñe Tv cuyo título no dejaba margen de error: "Rezo del Angelus de Julián Plaza en la Parroquia Ntra. Sra. Asunción".
Tras verlo me he quedado con las ganas de escribir un comentario pero no están habilitados así que me he tenido que conformar con darle al "me gusta". Hoy, 4 de abril de 2020, tiene 91 visualizaciones.
Pero he pensado que, aunque no suelo publicar materiales que no sean míos en este blog podía merecer la pena.
Lo que quería escribir era muy sencillo y muy breve y dirigido al sacerdote don Julián Plaza: 

-¡Madre mía!¡Qué fuerza tienen tus palabras!

Después lo he comentado a mi familia y les he pedido que lo vean, porque me parece, sencillamente ¡extraordinario!

Muchas gracias, Julián y a las personas que han hecho posible este vídeo.
Y no tengo más que añadir, recomiendo verlo hasta el final, incluso a las personas que no son creyentes.

viernes, 3 de abril de 2020

Mi cuaderno del coronavirus, 4.

Hoy es trece de abril de 2020, viernes. Empezamos las vacaciones escolares de Semana Santa. En realidad, seguimos confinados y teletrabajando, atendiendo correos y enviando peticiones de algunos padres al equipo directivo, que también, a estas horas, está ahí, detrás del ordenador, solucionando problemas.
En estos días he visto muy poco la televisión y, lógicamente, he salido lo imprescindible, a tirar la basura y los residuos reciclables, a hacer la compra y, sinceramente, el domingo por la mañana, a ver un paraje que vengo estudiando desde hace ya tres o cuatro años, pero fue muy breve.

Han fallecido tres familiares, de avanzada edad. Dos estaban en residencias y una tercera, en su casa, con buena salud y haciendo vida completamente normal.
He tenido noticia de otros fallecimientos y de contagios así como de la muy preocupante situación de las personas de la residencia de Piedrabuena. La información que me llega es totalmente contradictoria y se demuestra, una vez más, lo que aprendí de una película de los años ochenta del siglo XX. Trataba sobre un periodista o fotógrafo de guerra en un conflicto armado en Sudamérica. Decían algo así como que la primera víctima que cae siempre en una guerra es la Verdad. 
Aunque no me guste la denominación de "guerra" para lo que está ocurriendo, la expansión de un virus con efectos mortales por prácticamente todo el planeta, osea, una pandemia, utilizo el termino porque se está usando profusamente en la actualidad.
Desde que tuvimos las primeras noticia sobre el coronavirus o COVID-19  en diciembre de 2019, escuchamos y leímos que no se nos estaba contando lo que estaba ocurriendo de verdad en China. Lo achacaron y achacamos, al sistema político y social de aquel país. Hasta que llegó aquí  y vimos que algo muy parecido estaba pasando. Así, del caso del que hablaba, me dicen que han muerto dos personas por un lado y por otro que, en realidad ya eran nueve. Me aseguran que hay dos contagiados y, otra fuente que me parece mucho más fiable -como de aquí a Lima, que se solía decir- habla de treinta personas.
Un familiar que ha perdido a su progenitor relata el rápido proceso y la poca información recibida. Parece ser que es legal, dadas las circunstancias, enterrar muy rápidamente a los fallecidos. Sin embargo, me aseguran, esas personas no constan en documento o estadistica alguna como víctimas del coronavirus, porque no se les ha practicado la autopsia y no se les hizo la prueba correspondiente. De manera que, aplicando una lógica de cajón, que por desgracia, tantas veces funciona, pienso que donde dicen mil serán, en realidad, mil quinientos, dos mil o quién sabe cuántas las víctimas.
Pero el dolor queda ahí, con la pérdida de un ser querido, sin poder recibir siquiera el apoyo de familiares y amigos.
Por otra parte, el tratamiento dado en las televisiones me parece absolutamente desproporcionado. Como decía, no estoy viendo la televisión, que quiere decir que del total de horas que paso en mi casa, todo el día, son apenas minutos el tiempo que presto atención a la pequeña pantalla. Pero lo que oigo me parece muy, muy cuestionable. 
Por cierto que escuché en la radio que el Ministerio de Sanidad ha difundido un documento previniendo precisamente de los efectos nocivos de estar expuesto a estas fuentes de ... mensajes, digamos, durante más de media hora al día.
Uno de mis hijos me dice que "cuando volvamos a la normalidad, es decir, cuando las cosas vuelvan a ser como antes..."  y le expreso mi opinión. Las cosas nunca vuelven a ser como antes. Es como el antes y el después de la pasada crisis económica. Ya prácticamente nada ha vuelto a ser igual. Por lo pronto, se quedan por el camino miles de personas, y todos sus familiares, amigos, conocidos, con esa herida, recidiva. Además, está el daño emocional, difícil de cuantificar e incluso de percibir. Y no he nombrado los cambios económicos, sociales, culturales, legales, políticos...

Hoy, sin ir más lejos, me ha llegado una petición para que firme, si estuviera de acuerdo, en el sentido de pedir un ERTE para nuestros políticos. No entro a valorarlo. Por el momento, no he firmado. Y también hoy me ha llegado información de la Universidad de Valladolid en la que se pide contestar un cuestionario de diez minutos, totalmente anónimo, para estudiar los efectos psicológicos del confinamineto por el coronavirus. Se encuentra el enlace en el extraordinario blog de Ruiz Calleja. Recomiendo contestar el cuestionario.

Lo que me queda claro es que es muy curioso lo mucho que deja al descubierto un ser vivo tan pequeño como un simple virus. Así, nos abre un poco los ojos para que veamos la gran injusticia que está teniendo lugar en las residencias de ancianos o de la tercera edad. ¿Es lógico que no se les trate, ni hagan pruebas ni se establezcan cauces más fluidos y, sobre todo, más humanos, entre los pacientes y los familiares? ¿Las personas que han hecgo posibles nuestras vidas y nuestro nivel de vida y nuestro sistema público de salud no tienen derechos? ¿Es humano ese arrinconamiento? ¿Qué pensaremos y sentiremos dentro de diez, veinte, treinta años, cuando nos toque a nosotros?Tendríamos que plantearnos muy seriamente si es medianamente aceptable esta situación y este modelo. A mí, personalmente, me hizo reflexionar mucho un artículo o una entrevista, creo que en el diario El País, en julio o agosto de 2012, de una mujer del entonces naciente partido Podemos (creo recordar, quizás fuera del 15-M o de Equo o algo cercano)

También he pensado en estos días en las muchas realidades que han cambiado a mejor en esta situación. Por ejemplo, la mortalidad por accidentes en carretera o los accidentes laborales entiendo que ha debido bajar de forma muy clara.
Me ha llamado la atención las grandes diferencias que he detectado entre otros países y España ante los primeros contagios detectados. Podríamos nombrar a México o Jamaica. Llama mucho la atención.
No he entendido, desde el primer momento del Estado de Alarma, la retransmisión de imágenes en televisión de personas amonestando o incluso insultando a otras por pasear o correr. Me parece una falta de...no sé, de respeto, como mínimo. Veamos ¿la declaración del Estado de Alarma nos convierte a todas y todos en jueces y en miembros del orden?¿Qué autoridad tiene quién vocifera o conmina a alguien desde su balcón? ¿Conoce, por ejemplo, la situación real de ese viandante, por ejemplo?
Se dio el caso, penoso, de familiares de niños autistas que tuvieron que salir a pasear con sus hijas o hijos y llevaban el decreto del BOE en el bolsillo, incluso para mostrárselo a policías. Se les dijo que portaran un pañuelo azul ¿como? ¿Para así poder gritar con más acierto? ¡Lamentable! La mirada incriminatoria, acusatoria, desconfiada, ya es síntoma de que muchas cosas no se han orientado bien.

Otro tema que me preocupa es el de las medidas que se están tomando y que pueden no ser eficaces pero, sobre todo, parecen improvisadas o simplemente, cosméticas, partidistas y electoralistas. Una vez, una estudiosa de temas relacionados con el agua potable me hablaba de un problema surgido en Portugal. Decía que era más grave lo que se estaba haciendo, el tratamiento químico, que la ingesta del agua que tenía alguna característica no deseada, pero inocua.
De manera que, fumigar con lejía, nombre del clorito sódico más utilizado en España, o dicho de otra manera "desinfectar" así, ¿lo avalan los científicos en la materia? Yo, hasta que no lo lea en fuentes cualificadas, no lo veo. Supongo que es una medida más, de las que se vienen tomando, en un sentido tranquilizador, lo que nos devuelve la pregunta ¿pero tenemos que estar intranquilos? ¿Tenemos que tener miedo? 
No sé, yo creo que la situación actual tiene aspectos que son manifiestamente mejorables y tiene mucho que ver, como casi siempre, con la comunicación y la información veraz.¿Que me quede en casa? Pero si vivo a cien metros del campo, en un pueblo. ¿Puedo ir a trabajar al campo o a comprar pero no a ver un espacio cercano que vengo siguiendo desde hace mucho tiempo? 
En fin, hoy hay motivos para la esperanza, según nos dicen. El número de contagiados ha bajado. Espero que el dato no haya pasado por "cocina".



miércoles, 25 de marzo de 2020

Cuestionable y arbitraria actuación de dos guardias civiles de Tráfico en Villarrubia de los Ojos por el coronavirus.

Hoy, 25 de marzo de 2020, miércoles, he tenido noticia de la muy cuestionable y arbitraria actuación de una pareja de guardias civiles de Tráfico en el término municipal de Villarrubia de los Ojos, Ciudad Real, a cuenta del coronavirus.
Parece ser que los agentes se han dirigido a un trabajador del campo que estaba en una parcela a cinco kilómetros del casco urbano realizando las faenas encomendadas por la empresa, indicándole que se debía ir a su casa. Ante la sorpresa del agricultor, le han dicho que si no se iba procederían a identificarlo y denunciarlo, preguntándole, además, por la mascarilla, que no es ni obligatoria ni siquiera recomendable en estos lugares y casos. 
Como se sabe, a fecha de hoy, 25 de marzo de 2020, ninguna autoridad ha prohibido el trabajo agrícola, de manera que no hay ninguna ley ni pieza legislativa alguna que lo prohíba. Es más, ni siquiera se ha aconsejado preventivamente en casos como este, una persona, sola, a muchísima distancia del casco urbano y de cualquier otra persona.
Es posible que mañana el gobierno legisle y considere que se deben prohibir este tipo de trabajos pero, por el momento, dos guardias civiles de Tráfico no parecen autorizados a hacer lo que han hecho, que es, ni más ni menos, que impedir que un trabajador se gane su sueldo, provocando además, indefensión y un sentimiento de injusticia y humillación. No se puede ni comprender ni permitir que algunos representantes del orden y la ley campen a sus anchas atentanado contra los derechos y libertades de las personas.
Sería de agradecer que las personas en cuestión, dos guardias civiles de Tráfico, tuvieran la profesionalidad, el respeto y el valor de pedir disculpas a la persona a la que han conminado a irse a su casa sin fundamento legal alguno.
Como se podrá desprender de la lectura de este breve texto, en ningún momento se pone en tela de juicio a la Guardia Civil de Tráfico ni el gran papel que desarrolla a diario, y más en estos momentos tan difíciles, sino que, sencillamente, se cuestiona la actuación de dos guardias civiles concretos en una situación concreta. 
Esperemos que, con el coronavirus, por un lado y el estado de alarma, por otro, no sea un delito opinar o criticar libremente, sin faltar ni un ápice a la verdad.