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domingo, 25 de enero de 2026

Sobre la importancia del apellido de nuestra madre y la creciente amenaza de perderlo.

 Durante prácticamente toda mi vida no fui consciente de la singularidad e importancia de tener dos apellidos. Ya era yo adulto y con cuatro o cinco decenios cuando escuché por primera vez que los españoles y españolas éramos afortunados por esta forma de identificarnos oficialmente. Una mujer francesa nos dijo una vez que nos envidiaba por lo que esta fórmula tenía de reconocimiento a nuestras madres. Y así empecé a darme cuenta de las ventajas de llevar un segundo apellido, el de la madre. Por aquellas fechas supe también que ya, quiénes lo solicitaran, podían cambiar el orden para anteponer el materno al paterno, y algún caso conozco.

Lo cierto es que paralelamente me fui dando cuenta de como había ámbitos en los que estaba cambiando nuestra forma de llamarnos. Así, en el mundo de la creación artística, me decía un conocido muy activo, "no suena bien, no queda bien" lo de los dos apellidos. Me ponía ejemplos y más ejemplos en los que nunca había reparado. Al poco tiempo me tocó firmar un trabajo académico con varios coautores. Se publicaría en una revista científica internacional. Y volví a escuchar el mismo argumento. Me dijeron que no se podía, que no quedaba bien, que solían omitir el segundo o cambiarlos y usar sólo el último, por lo que muchas personas optaban por eliminar su segundo apellido o a agruparlos con un guion. Me pareció nefasto, discriminatorio e injusto. Y hoy acabo de ver la portada de un libro de ensayos sobre Fotografía. Tiene una pinta extraordinaria pero...las siete u ocho personas que lo firman en la portada lo hacen con un solo nombre y un solo apellido. Una pena y una pérdida de información muy considerable.

Estoy firmemente convencido de que debemos hacer el esfuerzo necesario para no perder, por el uso o el empuje de otras culturas, esta precisa y más respetuosa manera de identificarnos. Tenemos dos apellidos, el de nuestro padre y el de nuestra madre. Aunque sólo fuera por respeto y agradecimiento no tenemos que perderlos.

jueves, 13 de noviembre de 2025

"Háztelo mirar", entre el insulto, la ofensa o el problema de quién lo dice.

 Creo que ya escribí sobre esta expresión que, desde mi experiencia, no la llevo escuchando mucho tiempo, quizás siete u ocho años. En 2020 ya escribí una entrada en otro espacio virtual. Sigo pensando lo mismo. Se trata de un insulto, una ofensa o, casi con seguridad, de un problema de quién lo dice. Y es que antes, aunque sólo lo escuché una vez, se decía, "por tu corazón juzga al ajeno". 

lunes, 8 de septiembre de 2025

Sobre el término y concepto "genocidio", 2.

 Ayer, haciendo memoria, recordé lo leído de Eric Hobsbawm hace ya tiempo sobre el concepto de genocidio y de como, tras la II Guerra Mundial se hizo necesario el concepto. Busqué la cita y venía a decir que, llegado el caso, la cuestión no era tanto la precisión estadística como la magnitud y gravedad de los hechos. Suena fuerte eso de que diera lo mismo o que no cambiara nada que en lugar de seis millones de judíos los asesinados por los nazis hubieran sido cinco o cuatro millones, pero este gran historiador, de fama y reconocimiento internacional, y de ideología y militancia comunista, por cierto, lo que quería decir es que lo más importante no es la cifra sino la atrocidad perpetrada. 

Lo cierto es que ni las resoluciones de la ONU basadas tanto en el trabajo de Raphael Lemkin como en la experiencia de Nuremberg particularizan o concretan, en términos absolutos o en otros detalles, al definir el genocidio pero sí queda claro que forma parte o se engloba en los que se denominan "crímenes contra la Humanidad", que fue definido precisamente en el juicio de Nuremberg. De manera que la Asamblea General de la ONU en su Resolución número 96-I de diciembre de 1946 estableció el crimen de genocidio como castigable. Después hubo otros momentos jurídicos internacionales igualmente importantes. 

Pero lo curioso es que no hay acuerdo entre los estudiosos de este espinoso tema en muchos aspectos y sobre el tema se ha escrito y discutido y disentido, hasta el punto de que algunos países no terminan de aceptar determinados artículos o acuerdos internacionales en esta materia.

No es fácil establecer unos criterios si desde instancias internacionales hay tal disparidad de criterios pero leyendo algunos artículos sí parece que se pueda aplicar el calificativo de genocidio a lo que está ocurriendo en Gaza. 

Desde luego, independientemente de las consecuencias jurídicas que pudiera suponer esa clasificación en el futuro, entiendo que lo menos importante es que se considere "genocidio" a actos como atacar un hospital, someter a una población al bloqueo de alimentos y medicamentes o al disparo intencionado a periodistas o a personas que acuden a recoger alimentos. Y en la misma medida entiendo que el ataque cometido por Hamas en octubre de 2023 merecería semejante trato, cuando llegue el caso. Y digo esto porque si se llama genocidio, crimen contra la Humanidad, masacre, matanza, exterminio, pogromo u holocausto o de cualquier otra manera, incluyendo eufemismos, lo cierto es que a diario está muriendo gente por ataques bélicos, atentados, hambre y falta de atención médica y hospitalaria, de manera deliberada y premeditada. Tiempo tendrán los jueces y los estudiosos de elegir el término más adecuado pero lo importante y lo urgente es parar esta catástrofe humanitaria de primer orden. Y, en la misma medida, evitar por todos los medios caer en la provocación o en las provocaciones de unos u otros, de más allá o de más acá. Y en ese sentido tampoco parece lógico que haya quienes se enzarcen o que nos enzarcemos en lo que significa una cosa u otra, o en si tenemos que obedecer lo que digan unos o los otros y si no, nos convertimos en cómplices. No tiene ningún sentido que haya quiénes se erijan en jueces del resto, así, sin más. Las llamadas redes sociales y, en muchos casos, el anonimato y la distancia, hacen que sean frecuentes las descalificaciones, los insultos y los señalamientos sencillamente por mantener posiciones diferentes. Nos dice George J. Andreopoulos, en su entrada de la Enciclopaedia Britannica (Britannica Global Edition, 2009, pág. 6428 y ss. del tomo 11), que tras el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional de 2002 va habiendo mayor consenso internacional al respecto, aunque nos recuerda que sin la participación de Estados Unidos, China y Rusia. 



domingo, 7 de septiembre de 2025

Sobre el término y concepto "genocidio". 1.

 Desde que la guerra de Israel y Palestina comenzó, aquel trágico, sangriento y fatídico 8 de octubre de 2023 la palabra y el concepto no ha parado de usarse. Tengo la sensación, cuando ya han pasado dos años menos un mes, de que cada día se utiliza más. En varias ocasiones escuché que no era correcta su identificación con lo que estaba ocurriendo por cuestiones puramente técnicas o semánticas. Así lo decía, por ejemplo, el eurodiputado por el Partido Popular Margallo y jurista (José Manuel García-Margallo y Marfil, 1944). También lo dijo Josep Borrel Fontelles (Josep Borrel Fontelles, 1947), vicepresidente de la Comisión Europea, del PSOE, añadiendo que aunque no fuera, de facto, un genocidio lo que estaba perpetrando el ejército de Israel sí lo era en su intencionalidad (así lo recuerdo, pero no son palabras textuales).

Otros políticos, periodistas, contertulios, comentaristas y todo tipo de personas suelen usar el término sin demasiado rigor lingüístico, a mi juicio, y sin matizar absolutamente nada. En las llamadas redes sociales y en las manifestaciones, a juzgar por lo que veo, el uso se ha generalizado.

Sin entrar a valorar si es correcta o no esa forma de calificar esta guerra sí me parece necesario recurrir a textos que nos puedan ayudar a entenderla y "calibrarla", por decirlo de alguna manera. La definición del Diccionario de la Real Academia de la Lengua no entra en muchos detalles y aporta, además de la etimología una sucinta definición y algunos sinónimos: "Exterminio o eliminación sistemática de un grupo humano por motivo de raza, etnia, religión, política o nacionalidad". Añade que también se usa en sentido figurado. Y como sinónimos o afines nos aporta: "exterminio", "etnocidio", "exterminación", "holocausto", "pogromo", "matanza", "masacre".

Causa verdadero pavor pensar que esta palabra se considere sinónimo precisamente de dos términos tan íntimamente relacionados con el pueblo judío como "pogromo" -de tan dolorosa y también sangrienta presencia en nuestra Historia Moderna en un buen número de pueblos y ciudades del reino de Castilla.

La entrada de la Wikipedia ya se adentra en la historia del concepto y de cómo fue un abogado polaco exiliado, Raphael Lemkin, quién la acuñó para describir lo que estaba ocurriendo durante la II Guerra Mundial. Curioso aquel veto ¿lingüístico? impuesto por la URSS a la ONU.

El extraordinario diccionario de María Moliner viene a decir lo mismo, sin sinonimia. Más explícito es el de Manuel Seco ("Diccionario del español actual" de Manuel Seco, Olimpia Andrés y Gabino Ramos, de 2008). Éste nos aporta usos concretos como el del "genocidio nacional que poco a poco Francia iría perpetrando en el Rosellón", (dicho por el historiador J. Sobrequés en 1970. Página 2324).

En la siguiente entrada abordaré la visión histórica de este concepto. Ya adelanto que desde que se acuñó, el termino genocidio se aplicó a sucesos de la Grecia Clásica y sucesivas etapas, a veces con división de pareceres y hasta confrontaciones más o menos académicas. 


miércoles, 7 de agosto de 2024

Nombres de persona, 6. Algunos apellidos burlescos del siglo XIX en América del Sur, según Pío Baroja y Nessi.

 Leí hace muchos años, en mi adolescencia devoradora de libros, un libro de Pío Baroja y Nessi cuyo título no recuerdo. Había una referencia muy curiosa a la imposición de apellidos burlescos a algunos habitantes de las entonces llamadas provincias de ultramar, hoy, países independientes de América del Sur. Desconozco si esa historia tenía un trasfondo real y, si así fuera, si se habrán mantenido a lo largo del tiempo. 

Nombres de persona, 5. Nombres para ambos sexos.

 Cuando yo era pequeño me costaba trabajo entender que un hombre se llamara como una tía mía, Mercedes, osea, Merce. Poco a poco fui conociendo casos semejantes sin salir de mi pueblo, Villarrubia de los Ojos, en la provincia de Ciudad Real. Así, Rosario, Concepción, o María Santísima, Remedios y Encarnación que solían abreviarse como Rosa, Conce, María ("Santisma" ), Reme y Encarna, respectivamente, dejaron de parecerme raros y los tengo totalmente asimilados y normalizados. 

También escuchaba hablar de Loreto, que había tenido mucho protagonismo durante la II República y la guerra civil en el ayuntamiento y en el pueblo.

Hace unos días, en un documento de 1903 del Archivo Municipal de Villarrubia de los Ojos localicé a un mozo que se llamaba Ángeles. En el mismo había otro llamado Guadalupe. Los leí y releí por si era un error mío, pero no, aparecían inscritos así. También estaban Isabel, Jesús de la Luz Tecla.

Un par de días después, en otro texto, se tomaba nota de una solicitud presentada por un hombre llamado Manuel de los Ángeles en octubre del mismo año. Puede que se tratara del mismo nombre, en el primer caso, abreviado. 

Ya en los años cuarenta del siglo XX un alcalde se llamaba Natividad, abreviado, Nati. Y había también uno llamado Irene.

En Daimiel conocimos a Nieves, en Piedrabuena también encontramos a Sacramento y en Porzuna a Inés

En fin, creo que hay bastantes nombres más que se usan indistintamente para mujeres y hombres. 

Para terminar, por si alguna persona que lee este texto no lo sabe, les recuerdo que mi nombre de pila completo es Francisco de la Santísima Trinidad. Como vengo manteniendo en estas entradas sobre los nombres de persona el respeto debe ser siempre nuestra actitud, aunque a veces nos pueda sorprender.
















lunes, 5 de agosto de 2024

Nombres de persona, 4. Otra regla de oro: ¡ojo con los diminutivos, aumentativos y demás!

 El español, como otros idiomas, tiene una capacidad impresionante de crear nuevos vocablos partiendo de los ya existentes. Los diminutivos y sus variables, (en -ico, -illo, -ino, -ito, -ete...*), los aumentativos (-azo, -on, ...), los despectivos...(-uzo, -orro..) cuando se aplican a los nombres y apellidos pueden ser una forma cariñosa o simpática de hablar o, por el contrario, una forma de menospreciar, minusvalorar, ridiculizar, señalar y hasta castigar...

Depende de muchos factores. No es lo mismo que a un hombre o a una mujer de cincuenta, sesenta o setenta años, por ejemplo, se le llame con un diminutivo porque se le conoce desde siempre, se tiene parentesco, amistad, cariño, amor o cualesquiera sentimientos positivos que si no se le conoce de nada.

 Tampoco es igual el tono de una situación de complicidad que el de un escenario de confrontación. Pero lo ideal, lo bueno, lo idóneo, lo mejor y lo que debería ser la norma es que esas creatividades varias las dejáramos, como mucho, para el ámbito familiar. 

De manera que, lo ideal es usar los nombres tal cual, que para eso los tenemos.


* En masculino y femenino.

Nombres de persona, 3. Siempre debemos respetar los apellidos, por raros, llamativos o connotativos sean.

 Lo dicho sobre la necesidad de mostrar respeto por los nombres de persona es, lógicamente, aplicable a los apellidos. Da igual lo raros, escasos, abundantes, llamativos o connotativos que puedan ser o que nos puedan resultar. En ocasiones se producen combinaciones graciosas, chocantes, contradictorias...Pero da igual y debemos mantenernos en ese terreno del máximo respeto. Y ocurre o puede ocurrir que lo que a nosotros nos llame la atención en el pueblo de al lado esté completamente normalizado. 

Entre los apellidos que más me han sorprendido de cuantos llevo oídos o leídos sin duda es el de un alcalde que, en su tiempo, protagonizó un hecho histórico. Estoy hablando de Benito Pamparacuatro. Fue el primer alcalde en reconocer la II República Española.  Lo dicho, máximo respeto.



domingo, 28 de julio de 2024

Hablando ¿se entiende la gente?, 6. Tanto insulto en las llamadas redes sociales no puede ser bueno.

 Tanto insulto en las llamadas redes sociales no puede ser bueno. Veo, por ejemplo, esta mañana, un mensaje de una persona que habla de la catástrofe ambiental que viene padeciendo la Mancha Húmeda como consecuencia exclusiva de la sobre explotación de las aguas subterráneas. Contesta una persona, bajo un pseudónimo suficientemente expresivo, insultando a diestro y siniestro. ´Habla de "mongolos ecologistas" para referirse a quién ha publicado unos mapas extraídos de un estudio científico.

Antes de ayer leí unos mensajes de una mujer que abiertamente se declara de una tendencia política y de un partido, y me doy cuenta de que todos, es decir, todos, son negativos, acusatorios, insultantes y con un fundamento más que mediocre...

Y es que el insulto se ha hecho algo cotidiano y normalizado en determinadas cuentas y redes. Y sorprende que nadie, al menos yo no lo veo, deje mensajes en este sentido de hacer ver que no hay que insultar, que hay muchas formas de decir las cosas sin faltar al respeto, que existen tantas sensibilidades como personas...que se puede ser del partido o ideología que se quiera sin necesidad de humillar u ofender a nadie, que tanto adjetivo es algo así como el picante extremo, no añade nada más que dolor y malestar. 

A veces da la sensación de que esas personas han empezado su propia batalla creyendo que están "luchando" por defender algo digno y lo que ocurre es que pierden toda la razón que pudieran tener por esas formas tan agresivas de expresarse.

Tras dejar algún que otro mensaje que intenta ser conciliador suelo optar por el botoncito de bloquear o silenciar y no vuelvo a saber nada de esas vociferantes cuentas, casi siempre anónimas, y envalentonadas por las ingentes cuadrillas de seguidoras y seguidores que les dan la razón, como disciplinados soldados.

domingo, 30 de junio de 2024

Hablando ¿se entiende la gente?, 5: Cuando la respuesta es incorrecta y revela una estrategia defensiva sin sentido.

 Equivocarse es humano y, en muchas ocasiones es o puede ser hasta aconsejable. A veces ocurre que una respuesta incorrecta denota más lo que se piensa o siente que cualquier explicación que se pueda dar. No, no me estoy refiriendo a confundir una palabra, un dato, un concepto. Me refiero a que si una persona te hace una pregunta o te dice algo y se le contesta de forma negativa quizás lo que esté ocurriendo es que no se está atendiendo a lo dicho sino a lo que algunas veces se llama "las aguas subterráneas", a ese circular de las aguas bajo el suelo de un río que no es ni visible ni perceptible. Pongamos un ejemplo.

Una persona dice:

-¿Tú llegaste a conocer ese cine en funcionamiento?

Y su receptor le contesta:

-¿Cómo que no?

A lo que el emisor, perplejo y molesto, le aclara:

-Oye, que yo te he hecho una pregunta, que no te he dicho que no.

-Bueno, sí, pues eso, que sí...

¿Qué significa esa respuesta en forma de pregunta como si le hubieran negado algo? ¿No es lo que se llama "estar a la defensiva"?

Es una de tantas situaciones en las que la conversación atraviesa baches, o se llega a terreno con curvas y percibimos que quizás es mejor guardar silencio y buscar una vía alternativa como, por ejemplo, no volver a transitar por esa carretera, que tiene nombre de persona y dos apellidos. Porque si la conversación, además de no ser una necesidad, no es placentera ni enriquecedora, cuando se mantiene por el mero gusto de tenerla, ¿para qué repetirla?



martes, 18 de junio de 2024

Hablando, ¿se entiende la gente?, 4. Escuchar las frases hasta el final no es tan difícil.

 Hace un tiempo escuché que en general los españoles y españolas no escuchamos. Se decía que tenía que ver con algunos aspectos de nuestra gramática y se ponía el ejemplo del idioma inglés, entre otros. Como una gran parte de las preguntas en este idioma llevan una preposición al final si no esperas a que se termine la frase no sabes lo que te están diciendo. En español con los pronombres interrogativos iniciales ya solemos pensar que entendemos el significado completo, cuando no tiene porqué ser así.

Está muy extendida la práctica de terminar frases y hasta palabras cuando otro habla. A veces lo hacemos para ayudar en lo que parece un titubeo, una dificultad para encontrar una palabra concreta o a pronunciarla correctamente pero, en un buen número de casos es, sencillamente, que nos lanzamos sin permitir que el interlocutor acabe.

Escuchar es muy muy importante. Siempre he dicho que escuchar es tan importante como saber hablar. Se suele decir que "a buen entendedor pocas palabras bastan". Aunque también es cierto que se dan casos -tantos cuantos sean- en los que es imposible seguir una conversación por larga, por repetitiva, por incoherente, por intrascendente, por los excesivos detalles, por lo que se podría  llamar los "callejones sin salida"...

En el habla hay muchos adjetivos y expresiones que hacen alusión a esas formas de hablar, algunas incluso malsonantes- pero lo trataremos en otra entrada. Hay una que me parece que, al menos, se usa en los pueblos de Los Montes de Toledo de la provincia de Ciudad Real:

-¡Madre mía, lo que relató!

Hablando, ¿se entiende la gente?, 3. Negando, que es gerundio.

 Es muy común que en las conversaciones surja la negación incluso en situaciones en las que se desconoce el tema del que se está hablando.  Antes se decía eso de "la ignorancia es muy atrevida" y, quizás con un sentido parecido lo de "por la boca muere el pez". Es un fenómeno de la comunicación digno de ser tenido en cuenta ya que dificulta las relaciones humanas. Lo prudente, a mi modesto entender, es escuchar y, como mínimo, conceder el llamado "beneficio de la duda".

Detrás de cada acto humano se dice que hay toda una compleja red de motivaciones, conscientes una parte de ellas e inconscientes, otra. Lo cierto es que una negación casi sistemática o sistemática revela  aspectos de nuestra conducta, de nuestro carácter y/o de las circunstancias. No tienen necesariamente que ser negativos o nocivos pero, en determinados casos sí que desvelan facetas que se alejan de los modelos considerados como más válidos o recomendables. 

Hay casos en los que esas negaciones ocultan (o lo contrario, muestran) sentimientos en su más clara dimensión. Hay estrategias, complejos, carencias, síndromes...pero, en términos generales, me atrevo a decir que se pueden hacer esfuerzos para superarlos y que merece la pena.

Hablando, ¿se entiende la gente?, 2: El "no" inicial.

 Es muy frecuente en España que ante cualquier pregunta o afirmación se conteste con lo que yo llamo "el no inicial". Hasta dónde yo sé en realidad no se trata de una verdadera negación sino de una costumbre heredada o aprendida de forma automática o inconsciente que precede a nuestra intervención. 

A veces ocurre que la persona que escucha ese "no" pregunta y hasta aclara que se ha producido una negación, generándose situaciones un tanto enrevesadas entre los síes y los noes, las preguntas y las respuestas.

Por ejemplo, una persona habla de la reciente lluvia:

-¡Qué bien! Ha llovido bastante estos días.

-No, lo que pasa es que como llueve tan poco.

-¿Cómo que no? ¡Pero si han caído treinta litros!

-No, si yo lo que digo...

-¿Osea, que no ha llovido bien?

-Sí, eso si.

-Ah, ¡como has dicho que no!

-No, yo no digo que no lo que digo...

-Pero si lo acabas de decir otra vez...

Y es que sin darnos cuenta tenemos esa costumbre, que es más una coletilla que la verdadera negación. Es importante prestar atención a estos actos para, en la medida de lo posible, mejorarlos.

Para terminar, en Villarrubia de los Ojos, Ciudad Real, se contaba un breve diálogo que ponía de manifiesto la dificultad de entenderse:

-¿Vas a Madrid?

-No, voy a Madrid.

-Ah, creía que ibas a Madrid.

domingo, 26 de mayo de 2024

Hablando ¿se entiende la gente? 1.

 Se dice que "hablando se entiende la gente." Es un decir. En realidad depende de lo que entendamos por "hablar" y por "entender", valga la redundancia. Yo personalmente no creo que sea tan fácil. Es más, solemos decir que una persona habla muy bien cuando reconocemos esa capacidad o facilidad comunicativa. Lo que viene a decir que la inmensa mayoría no lo hacemos bien. En un sentido diferente tenemos la expresión "mal hablado" para referirnos al hábito de soltar tacos y blasfemias.

Cuando estudiamos en el colegio y en el instituto aprendemos que hay cinco funciones en el lenguaje humano y, tras una breve búsqueda leo que se considera que son seis. Lo cierto es que me resulta sorprendente lo difícil que es o puede llegar a ser hablar y entenderse. Y en ese entenderse incluyo acabar una conversación con la sensación de haber comprendido y haber sido, igualmente, comprendido que, a su vez, supone, o debe suponer, el más escrupuloso de los respetos por ambas partes.

Lo que podríamos decir que es muy fácil, analizado detenidamente, no lo es. Los obstáculos son muy abundantes y en ocasiones casi insalvables. Y es que lo que queremos y esperamos cada ser humano es diferente. Sí me parece evidente que la mayoría tenemos esa necesidad de comunicación. Recuerdo un texto leído, quizás de Borges, pero no estoy seguro, en el que dos personas que viven solos en una isla, o algo así, se reúnen cada cierto tiempo, para hablar, cada uno en su idioma, sin entender absolutamente nada.

A veces las conversaciones, las charlas, los diálogos son eso. Pensemos en los temas que pueden ser más o menos interesantes, repetidos, incomprensibles, detestables, molestos, hirientes... Pensemos en las formas de hablar. Por ejemplo, demasiado lentas o rápidas, o con tonos que no nos parecen los adecuados, o con retintín, o con soberbia, o con desprecio, o con insultos -sean grandes o chicos, insultos-, o con mentiras, o con verdades a medias, o con blasfemias, o con toques incluso corporales para mantener la atención, o con cambios de tema constantes, o con desvío de la atención y del tema, o con ridiculizaciones y señalamientos y burlas, o con ...¡son tantos detalles!

Generalmente se "triunfa" o simplemente se "supera" la prueba con la paciencia y con el difícil y cada día más escaso arte de escuchar. Es curioso y chocante que nuestra legislación educativa ha mantenido que debe priorizarse el lenguaje oral al escrito pero la realidad y la experiencia nos dice que se suele hacer al contrario. Y los actuales sistemas tecnológicos que nos permiten hablar, grabarnos, compartir, escribir, ver, escuchar, leer en cualquier momento no están suponiendo precisamente una ventaja sino un inconveniente añadido. Vemos lo que ocurre en la televisión, en general y en las redes sociales y el espectáculo es, como mínimo, penoso.

Tendremos que seguir esforzándonos en hacerlo cada día mejor y en seguir aprendiendo si de verdad queremos entendernos. Y, como decía Casimiro Soriano, un sabio que tuve la suerte de conocer, natural de Villarrubia de los Ojos, Ciudad Real, España: "lo que yo diga que no valga".


Si no nos ponemos de acuerdo ni en la bandera como para entendernos hablando de cualquier tema...