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lunes, 6 de enero de 2025

Sobre las icnitas de "Daedalus desglandi" de Fontanarejo, "referente único a nivel mundial"...

 Las icnitas o icnofósiles son las huellas que dejaron los seres vivos en el pasado geológico. Las más conocidas en un buen número de municipios de la provincia de Ciudad Real son las cruzianas, las huellas de los trilobites. En algunos pueblos se las llama "raíces", como en Porzuna y en otros se les asignaban leyendas y creencias variadas. La entrada de la Wikipedia en español habla del tema de forma sucinta, y única, hasta dónde tengo conocimiento. 

Sin embargo las crucianas no son los únicos icnofósiles que podemos encontrar en las abundantes cuarcitas de buena parte de la península Ibérica y de otros países. De manera que hay otros de gran parecido como "Rusophycus" o "Didymaulichnus", por tratarse de pistas bilobuladas. 

Pero hay unas icnitas que durante muchos años han sido descritas sin que se supiera qué ser vivo las produjo. "Daedalus" era una de estas huellas que se quedaron "escritas" en la fina arena del mar, ya muy cercana a la playa. 

Lo que se aprecia son una especie de formas subcirculares en los que sobresalen ligeramente los extremos y si conseguimos una vista transversal apenas si se ven unas formas onduladas o ahusadas longitudinalmente. 

La edad es muy similar a la de las crucianas, en torno a los 490 (cuatrocientos noventa) millones de años del Ordovícico inferior hasta el Silúrico, unos 70 millones de años. 

En la provincia de Ciudad Real se pueden ver en Navalpino, Mestanza, Puertollano, Arroba de los Montes, Navas de Estena y en Fontanarejo. Es en este pueblo dónde se encuentra el que, según los geólogos Juan Carlos Gutiérrez Marco, Saturnino Lorenzo y Artur A. Sá es el yacimiento más grande del mundo de este fósil, conocido hasta la fecha. Así, hablan de "referente único a nivel mundial", con unos 12.000 (doce mil) metros cuadrados de extensión. De manera que ya en una publicación científica, "Geogaceta", en 2017, proponían este enclave, el Morro del Águila, como Lugar Geológico Español de Interés Internacional. 

Ya existen otros con esta categoría, aunque no presentan tanto interés como el propuesto de Fontanarejo. El yacimiento de Risco Carbonero en el "Geoparque Mundial de la Unesco Villuercas Ibores Jara" o los de Cabañeros (Navas de Estena) o La Cimbarra, Jaén, no son tan relevantes. 

Recomiendo la lectura del artículo de Geogaceta, así como el blog de Juan Ramón Navarro, de Fontanarejo, que en 2006 ya publicó las primeras fotos de este yacimiento en su blog "Fontanarejo de los Montes", bajo el título "Fósiles del Morro del Aguila" y el de Jesús Víctor y María Dolores Fernández Martín, sobre Arroba de los Montes: "Fósiles del Ordovícico Inferior de Arroba de los Montes".

Icnitas de "Daedalus desglandi" de Puertollano, Ciudad Real, España.

El profesor Saturnino Lorenzo explicando la formación de los icnofósiles de "Daedalus desglandi" en Puertollano, Ciudad Real, España. Mayo 2024.



sábado, 17 de agosto de 2024

Un bloque de cuarcita con skolithos venerado en Malagón desde hace cuatrocientos cincuenta años: "la piedra de santa Teresa"

 El año 1576 fue inaugurado el convento de san José en Malagón, Ciudad Real, por santa Teresa de Jesús. La obra habría comenzado el año 1568. Muy cerca del edificio la Santa se sentaba en una piedra, un bloque de cuarcita cuadrangular irregular, para descansar y supervisar la obra. Se cuenta que la piedra se mantuvo en su lugar y, con el tiempo, ya en el siglo XVIII, se diseñó y construyó una hornacina, que fue modificada el año 2015, con motivo del V Centenario del nacimiento de la santa.

La hornacina, con el bloque de cuarcita armoricana dentro, se encuentra en una esquina, frente al convento e iglesia de san José. Por allí pasa la gente y, en buena proporción, se santigua, se para a rezar, a llevar flores o velas. También es costumbre tocarla ya que se encuentra al alcance de la mano, tras una reja. En el pueblo que albergó la tercera fundación teresiana, se la conoce como "la piedra de santa Teresa".

La piedra en cuestión, atendiendo a su tamaño es un bloque (medidas superiores a 25 cms de lado). El material es cuarcita armoricana, de gran antigüedad, unos 490 millones de años. Estas rocas, aflorantes en las sierras cercanas, y en todos los Montes de Toledo y los Montes de Ciudad Real, en realidad, se formaron por la sedimentación de las arenas del mar. En ese ambiente marino algunos animales dejaron sus huellas, como los anélidos. A esas pistas o huellas, -icnofósiles- de forma tubular, las llamamos "Skolithos". Y esos "escolitos" son visibles en "la piedra de la Santa". Son como tubitos de un grosor inferior a un lapicero o bolígrafo y se observan a simple vista, desde la calle, en el borde superior y más cercano y paralelo a la acera del bloque. Aquellos fondos marinos se fueron consolidando, endureciendo y, con el paso de millones de años, sufrieron plegamientos y una gran elevación que supusieron fracturaciones, rupturas y resquebrajamientos (diaclasas) así como la retirada del mar. 

Cuando yo era pequeño, mi madre (qepd) me contaba esta historia de la piedra de santa Teresa. Tras muchos años la vi y ahora me acerco de vez en cuando, la toco, me santiguo, rezo, pienso en esos relatos de mi madre y me sorprendo y maravillo de esta curiosa veneración a una simple y abundantísima cuarcita de colores rojizos con escolitos. 

La piedra de santa Teresa me habla de la historia geológica de estos hermosos territorios; de sus gentes; de la historia de la tercera fundación; de una santa, Teresa Sánchez de Cepeda, y de la fe de un pueblo como Malagón, que se acerca al lugar con veneración.









viernes, 24 de noviembre de 2023

El topónimo "El Caracol" de Piedrabuena: algunas hipótesis sobre su posible origen, incluyendo las paleontológicas y arqueológicas.

 Hace un año o dos estuvimos unos amigos y yo en las cercanías de El Caracol, unos peñones de Piedrabuena, Ciudad Real. Se encuentra El Caracol dentro de la finca "La Peñuela". La Peñuela está en la misma alineación montañosa que la "Sierra de las Majadas", en el extremo sur del término municipal. El punto culminante, según el Mapa Topográfico Nacional (4),  alcanza los 805 metros de altitud sobre el nivel del mar. Muy cerca aparece el Camino de Caracol. Además, dependiendo de la cartografía que utilicemos podemos ver hasta tres veces el mismo nombre en una zona reducida, como se aprecia en las imágenes preparadas por el geógrafo Juan Martín Martín  al final de este breve artículo.

A simple vista y a cierta distancia, puesto que el paraje se encuentra dentro de una finca privada que está vallada, sólo se aprecian unos riscos de cuarcita con las características típicas de los mismos, aspecto grisáceo y acastillado, con vegetación y "callejones", es decir, espacios de decímetros hasta un metro o poco más entre los estratos verticales o ligeramente inclinados y paralelos entre sí.

Con este tipo de topónimos es importante ser cautos ya que, sin información fidedigna, apenas si se puede rebasar el límite de las meras hipótesis. La denominación no ofrece ni una etimología ni un sentido lato que nos remita a alguno de esos aspectos, a priori.  

Por un lado, como suele ser tan frecuente, podría tratarse de un apellido o del apodo de una persona. También  se generan modificaciones, corrupciones o evolución de vocablos e incluso erratas. Por ejemplo existe el término "carasol" (3) bastante usado en el norte y que en algún caso derivó en "caracol" pero tampoco se ajusta a la orientación, por lo poco que conozco el enclave concreto. La forma del peñón podría haber supuesto que se encontrara cierto parecido con el del invertebrado en cuestión, es otra posibilidad que ya apuntaba una de las amigas en aquella salida de campo. Y es que la pareidolia también ha dejado sus huellas en nuestra rica y compleja Toponimia.

Sin embargo, tras buscar unos datos de otro tema en una publicación de los años 60 del siglo XX del geógrafo e historiador Fernando Jiménez de Gregorio  (1) di con el siguiente párrafo que me hizo pensar en la posibilidad del origen paleontológico de este topónimo:

"...hay un paraje, de El Caracol y un arroyo de la Vereda de los Caracoles, cerca de las Navas de Estena, que probablemente se refieren a los abundantes fósiles de esa estructura, Las arroyadas del Estena transportan fósiles en grandes cantidades. en el Horcajo los llaman gusanos."

De manera que así vemos otra posibilidad, el origen paleontológico de este topónimo. No he visitado el lugar pero no tendría nada de extraño que se encontraran icnofósiles de cruzianas o de los mencionados gusanos marinos. Es curioso que muy cerca se encuentre otro cerro con el nombre de "Morro de los Garabatos".

Y, como última opción, arqueológica o prehistórica también he pensado que se podría tratar de esas incisiones de forma espiral hechas en las rocas de tiempos remotos y de las que tengo conocimiento de Anchuras, Ciudad Real. ¿Podrían ser petroglifos de espirales o laberintoides de la Edad del Bronce, de una edad de dos mil años antes de Cristo los que dieran el nombre a este paraje? (2) Evidentemente, primero, se deberían haber localizado dichos petroglifos, cosa que no ha sucedido. 

Y ya para concluir recordemos que también en Anchuras aparece este topónimo de "Caracol", dando nombre a una finca. En ese término municipal sí hay petroglifos de espirales.


Capturas de imágenes de satélite y del mapa topográfico nacional del IGN realizadas por el geógrafo Juan Martín Martín.


(1) JIMÉNEZ DE GREGORIO, Fernando (1964): "La población en la zona suroccidental de los Montes de Toledo". Revista de Estudios Geográficos. Instituto Juan Sebastián Elcano-CSIC, Madrid. Compilación hecha por Rafael Ubaldo Gosálvez Rey.

(2)  FERNÁNDEZ PINTOS, Julio (2018): "Los petroglifos de espirales en Galicia".

(3) REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA (1796) "Diccionario de voces españolas geográficas". Editorial Aguilar. Edición facsímil, 1990. Madrid

(4) MTN escala 1:50.000,  "Abenójar", número 783, en su segunda edición de 1954. Instituto Geográfico y Catastral.