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miércoles, 9 de septiembre de 2026

"Tercera generación", exposición fotográfica de Jesús María Cencerrado en Daimiel.

La semana pasada quedó inaugurada, en la Casa de Cultura de Daimiel, la exposición fotográfica "Tercera generación" de Jesús María Cencerrado García de la Galana. 

Se trata de 138 fotografías seleccionadas de más de 4.000, del quehacer diario, durante muchos años, por este fotógrafo profesional. Su título alude a que él es el tercero de esa familia de fotógrafos que comenzó a captar el mundo que les rodeaba a principios del siglo XX, en un carro, que aparece fotografiado en la muestra. 

Era el pionero de esta saga el urdetano Serafín Cencerrado. Desde allí, con su familia, recorría los pueblos toledanos y ciudadrealeños. En aquella tartana ya viajaba el segundo fotógrafo por esa línea, Jesús. 

Se establecieron en Daimiel, y allí les sucedió Jesús María, como relevo de esa tercera generación. Decía "por esa línea" porque, según me cuenta el autor, otros hermanos, tíos y primos de Serafín Cencerrado también trabajaron con sus cámara. Algunos todavía siguen, en pueblos de Toledo y Ciudad Real.

Jesús María nació en Daimiel en 1960 y durante años siguió con el negocio familiar. No es tarea sencilla seleccionar de prácticamente toda una vida unas cuantas fotografías. En esa ardua tarea Cencerrado recibió la ayuda de su amigo y también fotógrafo aficionado Juan José Moya Madrid.

Además de las primeras imágenes, testimonios de esa tradición familiar, vemos un amplio repertorio de personas, lugares y temas que nos hablan no sólo de Daimiel y sus gentes, y de algunos de sus espacios urbanos, agrícolas y naturales más destacados, sino de otras ciudades y pueblos de España. 

Del mundo natural destacan sobre todo las capturas de aves en vuelo en el Parque Nacional de las Tablas. A las grullas presta el fotógrafo una atención especial, a veces con fotografías partidas, que generan una curiosa sensación de movimiento y ritmo. 

Vemos también las típicas casillas, algún molino harinero,  ya en ruínas, como Flor de Ribera o, todavía en pie, como Puente Navarro, muestras del rico patrimonio territorial daimieleño. 

Entre las fotografías de tema humano Jesús María Cencerrado ha seleccionado algunas verdaderamente entrañables, como varias de niños, escenas familiares o a personas ya mayores, en el campo, con sus perros, en la Plaza Mayor, con su amigo Pepe, a una mujer tomando el sol en Montiel o a un vecino con su bici. 

También abundan las de la extraordinaria Semana Santa de la ciudad de Daimiel, incluyendo algunas que se convirtieron en carteles anunciadores en su momento. 

El bodegón nos aporta una sensibilidad que me recuerda a aquellos pintores flamencos y holandeses, con su virtuosismo, empeñados en captar los colores, los reflejos, las texturas, los brillos de objetos cotidianos. Destacaría la imagen titulada "Bodegón gaseosa", en ese blanco y negro, mucho más negro que blanco, o que gris, de gran sencillez y belleza. 

Y en esa misma tendencia de mostrar la vida cotidiana, de la que no nos solemos acordar, me parece muy destacable la que con el título "Botellines" documenta el interior de la que parece una quintería o casa de labor, probablemente abandonada, en algún majuelo de Daimiel. 

Hay incluso entre estos bodegones una con su toque de humor, o de simple "acta" de lo que fue la pandemia, unos rollos de papel higiénico. 


Flores, insectos, paisajes del municipio o de otros pueblos o ciudades, con una aproximación pictórica muy cosiderable, hacen que estemos ante una muy buena y representativa selección.

La exposicón ha sido organizada por la Delegación de Cultura del Ayuntamiento de Daimiel. El comisariado y la coordinación corrieron a cargo de Andrés García-Consuegra Velázquez. La parte correspondiente al diseño y maquetación del catálogo fue realizada por el propio autor, Jesús María Cencerrado García de la Galana y Pepi Lourdes González-Mohíno Jiménez de los Galanes. La asesoría gráfica correspondió a Juan José Moya Madrid. El catálogo fue patrocinado por la Diputación Provincial de Ciudad Real.

Sólo me queda animar a quiénes no hayan visitado esta exposición para que no dejen pasar la oportunidad y felicitar al autor por su trabajo y sensibilidad y a cuantas personas e instituciones la han hecho posible.

(Por cierto, todas las fotografías están a la venta).

domingo, 8 de marzo de 2026

Subpoemas: Ocho de marzo de 2026. Me asomo a estas rendijas del pasado...

 


Me asomo a estas rendijas del pasado...


Me asomo a estas rendijas del pasado,

a estos espejos con memoria, 

a estas huellas, 

quizás sinceras,

quizás forzadas,

y me asaltan ¡tantas dudas!

¡y tantas, creo, certezas!


Ya han pasado desde aquel instante,

¡más de cien años!

sí,

mi padre

en algún invierno suyo

de sus seis o siete años, 

feliz con su madre, 

con sus primos,

con su tía,

¿eran eso, felices?

Yo creo que sí,

y que ponemos palabras en el vacío

sin darnos cuenta de que seguro, nos las están poniendo

igualmente,

a nosotros y nosotras.

Veo a mi abuela,

 a quién no conocí,

y su sonrisa.


Recuerdo las historias

que me contaron, 

con lágrimas

y temblores

y voz entrecortada.


Recuerdo a esa mujer

corriendo calle abajo

cuando le dijeron 

que su hijo

¡había vuelto de la guerra!


 Me asomo a tantas vidas

y no sé si se pueden resumir

así, 

sin más, 

con unos adjetivos,

con cuatro palabras,

con un solo color

con una sola idea.



domingo, 13 de julio de 2025

Retazos de Historia de la Fotografía, 3. Cuando revelar y positivar salía más barato en Londres que en Madrid.

En 1987 y 1988 revelar (revelar y positivar) un carrete de 35 milímetros en color y 36 fotografías, a un tamaño de 10 x 15 cms en España, en general, era bastante caro. Por las mismas fechas resultaba más barato enviar el carrete por correo certificado a Londres a una amiga, que te lo revelaran y positivaran allí y que te lo enviara de vuelta por correo a España. Y aún así se ahorraba entre un treinta a un cuarenta por ciento. Recordemos que allí los precios de prácticamente todo eran mucho más altos. Nunca lo entendí.

Este sobre de fotografías es de una empresa inglesa de esas fechas. La calidad era la misma.





lunes, 7 de julio de 2025

Retazos de Historia de la Fotografía, 2. Los negativos y su conservación, por un aficionado.

 La Historia de los negativos se remonta a los primeros tiempos de la Fotografía y se alude a Talbot como el primero en crearlos. Pero este "retazo" sólo aportará algunos recuerdos personales y alguna que otra imagen. 

En mi casa, en Villarrubia de los Ojos, Ciudad Real, España, desde que tengo uso de razón, siempre hubo negativos fotográficos. Eran grandes, comparados con los de 35 milímetros, y estaban, ya un poco desvaídos. Había, al menos, dos tamaños. Y estaban en pequeños sobres de papel de estraza marrón, o sueltos, en el fondo de la caja en la que estaban las fotografías familiares. 

Mi padre había sido aficionado a la Fotografía y mi madre también había tenido una cámara Kodak Brownie, como regalo de la Primera Comunión, allá por 1929. Pronto, es decir, a finales de los años sesenta del siglo XX, empezaron a llegar a mi casa los negativos en color de la Kodak Instamatic 25, que también procedía de la Primera Comunión de mi hermano y mía. 

Tuvieron que pasar unos años hasta que nos fuimos aficionando a la Fotografía mis hermanos y yo. Así llegaron los negativos de 35 milímetros. A veces nos los daban enrollados y otras, ya cortados en tiras, en una pequeña funda de papel, fijada al sobre que contenía los positivos o copias. Gracias a otro primo hermano conseguí una ampliadora y monté un pequeño laboratorio fotográfico. Allí, varios amigos pudimos ver ese proceso físico-químico que nos dejaba boquiabiertos. Y además de los nuestros, imprimimos algunos de hacía muchas décadas, aunque tuvieran poca definición.

Como la afición fue "in crescendo" compré mis primeras hojas de papel perforadas con cuatro agujeros para conservar, ordenados, los negativos. Creo que las compré en el Rastro o en una tienda que había en la calle Fuencarral, muy cerca del Café Comercial, junto a la glorieta de Bilbao, en Madrid. Podían ser los primeros años ochenta del siglo XX y Madrid era una verdadera maravilla fotográficamente hablando. Había tiendas de Fotografía por todos lados y, además, algunas eran verdaderos almacenes en los que había de todo, incluyendo infinidad de materiales y aparatos de laboratorio.

Una carpeta de cuatro anillas tamaño folio se fue llenando poco a poco y de los primeros negativos en blanco y negro enseguida pasé a los de color...Y otra carpeta, y otra...

Pero empecé a hacer diapositivas. Ya es otro mundo, no son negativos, sino positivos. De este tema hablaremos en otro "retazo". Los laboratorios empezaron a entregar los negativos, ya cortados, metidos en fundas de plástico y, al cabo de un tiempo, a entregar también las fotos índice, con algo parecido a copias "de contacto". Yo en realidad prácticamente no usaba ya carretes de negativos sino que me había volcado por completo con los de "diapos". Y creo que fue en los primeros años dos mil cuando llegaron para mi los formatos digitales.

En este siglo XXI una prima me regaló varios negativos de los grandes (para mí), como de 7x9 cms, aprox., y alguno que otro de cristal. Yo ya había comprado algunos de este material para mi pequeña colección de materiales fotográficos, que luego usaba en algunas actividades educativas en mi trabajo como maestro de escuela y profesor universitario, y en los talleres como voluntario de Cáritas.

Llegó el momento de echar mano de alguna que otra imagen y, si resultaba complicadillo buscar y rebuscar entre tanto material almacenado, no siempre bien colocado ni etiquetado, tampoco era fácil ni barato recurrir a profesionales, cada días más escasos, por otra parte. Así que la nueva adquisición fue un escáner de diapositivas y negativos en Fotocasión, Madrid. Tras la primera prueba lo cambié por un modelo más avanzado. No está de más decir que así descubrí personalmente lo que ya había le había escuchado a un verdadero sabio de la Historia de la Fotografía a nivel mundial, Ángel Fuentes de Cía, en un par de cursos que hice con él. No era otra cosa que el escaneado es toda una técnica y todo un Arte, similar prácticamente al proceso previo de la captación de la imagen.

Ahora tengo esos submundos fotográficos en los que conviven muy poco y muy relativamente los negativos, los muy escasos escaneos hechos por mí y los encargados a profesionales (a veces guardados en discos) y esa apabullante concentración de archivos digitales que, cada cierto tiempo, te plantan sustos y disgustos. 









Retazos de Historia de la Fotografía, 1. Visores estereoscópicos en una película de Charles Chaplin de 1928.

 Los primeros visores estereoscópicos se fabricaron a partir de 1838, tras el invento de Wheatstone. El principio de la estereopsis o visión binocular se conocía desde hacía siglos. Se cita a Euclides y a Leonardo da Vinci en la entrada de la Wikipedia. El de Brewster es once años más moderno, 1849. Y ya comenzó un proceso en el que se fueron sucediendo diferentes modelos, llegando a la fabricación de verdaderas máquinas con aspecto de mueble que fueron la delicia de quiénes podían usarlas. Algunas se utilizaban en las ferias de determinados lugares. En la película "El circo" de Charles Chaplin de 1928 aparecen un establecimiento dedicado a este fin. 

Es curioso que en una película del llamado cine mudo, que no silencioso, podamos ver esa instalación temporal con los visores estereoscópicos. Ya quedaba poco tiempo para que ambos inventos, fotografía estereoscópica y cine mudo pasaran definitivamente a un segundo o tercer plano.











Modelo Wheatstone, aunque de otro fabricante.

Modelo Wheatstone, aunque de otro fabricante.







martes, 1 de julio de 2025

Mi primera cámara, por el Día Mundial de la Cámara Fotográfica.

 El pasado 29 de junio de 2025 fue el Día Mundial de la Cámara Fotográfica. Puestos a elegir, y siendo la primera vez, he seleccionado mi primera cámara fotográfica, una Kodak Instamatic 25. Me la regalaron en mi Primera Comunión pero pasó un tiempecillo hasta que la pude empezar a usar. Además de ser mi primera cámara también fue la primera que me robaron. Al cabo de muchos años me compré otra, ya sencillamente como recuerdo.





jueves, 21 de noviembre de 2024

Sobre las fotos y los álbumes de familia y la riada de Valencia del 29 de octubre de 2024.

 El pasado martes, 19 de noviembre de 2024 pude leer en el diario La Tribuna de Ciudad Real, en su edición en papel, en la página 3 la columna de José Luis Loarce titulada en esta ocasión "Salvem les fotos". Me pareció una preciosidad. Poesía destilada proveniente del conocimiento y la experiencia. Sobre este tema de la pérdida de los recuerdos fotográficos ya había salido en algún informativo cómo desde los primeros días al menos un equipo profesional, supongo que de Generalitat, estaba recuperando y restaurando los materiales que les llegaban. Y es que las fotografías familiares son palabras mayores. Una vez, comiendo con una amiga y un amigo, antiguos compañeros de tiza y pizarra, les decía que si hubiera un incendio en su casa y no tuvieran tiempo de coger grandes cosas, casi con seguridad salvarían algún álbum familiar de fotos. Y, tras pensarlo, estuvimos de acuerdo en lo importantes que pueden llegar a ser estas historias plasmadas en papel. Entiendo o creo entender lo que supone perder esta parte de la memoria personal y familiar. Decía Loarce que "La fotografía evita la muerte y la desaparición para siempre".

viernes, 11 de octubre de 2024

Recomendable: "Erase una vez el comercio en Ciudad Real" de la mano de Salas y del Centro de Estudios de Castilla-La Mancha.

 Recomendable: "Erase una vez el comercio en Ciudad Real" de la mano de Salas y del Centro de Estudios de Castilla-La Mancha, en el Casino de Ciudad Real. Una buena exposición para conocer o recordar el Ciudad Real de 1954 a 1966.



lunes, 6 de marzo de 2023

Recordando a Mariquita Soria Molina, daimieleña de ascendencia villarrubiera.

 A finales de octubre del pasado año 2022, con motivo de la cercanía del día de Todos los Santos, me acerqué al cementerio de Daimiel para llevar unas flores -y unas oraciones- a mi tía y madrina Emilia Fernández-Bermejo Villegas. Cuál fue mi sorpresa cuando descubrí, en una lápida muy cercana, la fotografía y la inscripción de otro familiar mío, de cuyo fallecimiento no tenía conocimiento. Se trataba de  María de los Ángeles Soria Molina a la que todos conocíamos y llamábamos Mariquita. 

Mariquita Soria Molina (1928-2020) era natural de Daimiel pero su padre había nacido en Villarrubia de los Ojos. Era prima de mi abuelo, Manuel Soria Megía y con ella mantuvimos relación hasta antes de la pandemia. Entiendo, por las fechas, que fue una de tantas víctimas de la COVID-19 pero, también, de esas decisiones que se tomaron en cuanto a las residencias de mayores. 

Voy a lo importante, ya que para mí era una mujer cuya vida merecería la pena ser contada con mayor detalle. Era hija de un labrador y un ama de casa y no tengo mucha más información. Fue la típica soltera que estuvo trabajando desde pequeña.  Primero en el campo y en cuantas labores se le presentaban y, llegado un momento, como costurera. Me contó que un día, creo que en la vendimia o en la aceituna, les cayó una tormenta de esas fuertes, de granizo, y lo pasó tan mal que se propuso no volver a trabajar nunca más en el campo. Toda su vida estuvo trabajando, por ejemplo, limpiando unas oficinas bancarias y, además, cosiendo en su casa y en otras casas a las que iba incluso por temporadas, echando también una mano en lo que se terciara. Y en ocasiones acompañaba y trabajaba en la casa de otras mujeres de Daimiel.

A su bondad, buen hacer y laboriosidad se unía un sentido del humor que me recordaba mucho al de mis tías, tíos y madre. Vivía en la calle Barranco de Santa María, muy cerca de Santa María, en una casa de vecinos que me encantaba visitar y de la que tengo fotos y diapositivas (aunque no están localizadas). Se accedía por una puerta grande, con portal, a un patio, y se cogía una de las escaleras. Además, contaba con una parte de la cueva y de otro patio o corral interior.

A mi casa, es decir, a la casa de mi madre en esos momentos, en Villarrubia de los Ojos, vino en varias ocasiones, a coser y a acompañar a mi madre y mis tías. Después empezamos a visitarla, incluyendo la última vez, ya a la residendia. Una vez, antes de que muriera mi madre fuimos a verla y nos llevó al cementerio, porque mi madre quería ver dónde estaban enterrados los hermanos y hermanas de su padre, con los que la relación fue muy escasa. Hubo también, gracias a Mariquita, algunos encuentros y visitas a esos familiares con los que mi madre quería seguir teniendo contacto. Otro día fuímos a visitarla y a ver a la Virgen de las Cruces. También fuímos a verla con mi tía Isa (en realidad es mi prima segunda pero por la diferencia de edad la trato como "tía")  a la residencia. 

En su comedor había una fotografía enorme de su padre, de joven, con una yunta de mulas. Tenía el traje de labor de los gañanes villarrubieros, con el pañuelo cubriéndole la cabeza, muy frecuente en aquellos años. Como a mí me gustaban tanto las "cosas antiguas" (es decir, conocer nuestra Historia también contada por nuestros mayores) y la Fotografía me dijo en varias ocasiones que esa fotografía sería para mí, puesto que su padre era natural de Villarrubia de los Ojos y yo mostraba tanto interés en ella. Al cabo de unos años noté que algo había cambiado al respecto y supuse que algún familiar habría mostrado su deseo de quedarse con ella. Lo ciero es que era todo un documento etnográfico pero también familiar y, para mí, una preciosidad.

Ahora, hoy, seis de marzo de 2023, al encontrarme estas fotos en mi ordenador, he recordado a esta buena persona que fue Mariquita Soria Molina y he querido compartir mis recuerdos, mi cariño, aprecio y gratitud por ella. ¡Descansa en paz, Mariquita! Ya, cuando voy a ver a la tía también te veo a tí.


En Villarrubia de los Ojos, en los años ochenta del siglo XX.

Con mi madre, el 21 de agosto de 2007, visitando a la Virgen de las Cruces de Daimiel, en Santa María.


En su casa, en Daimiel, el 7 de marzo de 2011.