Sí, Amanci, te recuerdo. Entro en la que fue nuestra casa, y después la tuya y solo siento ese extraño deseo de gritar tu nombre, y llamar a nuestro padre y a nuestra madre.
Veo estas fotos de 1970, de 1978, de 1984, de 1987... y una impresionante avalancha de recuerdos me ahogan.
No encuentro las palabras...como tantas otras cosas, cuyo verdadero valor no es ni medible ni, seguramente, compartido, fuera cual fuera su precio.
Veo ese hueco que quedó en la pared en la que siempre estuvo aquel cuadro de nuestro querido padre o ese rincón en el que compartimos un tesorillo materno los tres hermanos, y me estremezco.
Huecos, huecos, huecos... como zarpazos.
La vida, tu vida, se te escapó, a pesar de tu lucha y fortaleza. Entre ilusiones, proyectos y deseos, negro sobre blanco, quedó tu voluntad plasmada.
Ahora, estas fotos tuyas se van cruzando en mi búsqueda, y las voy seleccionando, como piezas clave de una vida que quiero que queden en mi memoria.





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