Villarrubia de los Ojos, Ciudad Real, España. Llega la feria. Un día antes, sábado, 5 de septiembre de 2026, el cementerio tiene una actividad superior a la del resto de días. Hay más coches en la explanada del aparcamiento. En el interior también se ve ese ajetreo de mujeres limpiando, yendo y viniendo a por agua, al contenedor o con centros de flores.
En la floristería que hay fuera se nota ese mayor trajín. Veo ya preparados algunos encargos. Tienen las flores en un extremo una esquelilla de cartulina. Leo: "fulano, patio central, derecha, día 7". Sobre el mostrador hay dos cuadernos de alambre, uno sobre el otro. Sendas etiquetas indican que en uno se van anotando los pedidos para la feria y en el otro, los de los Santos, aunque falten casi dos meses.
Llegan más coches y salen sus ocupantes, unos con flores, otros ayudando a abuelas o abuelos, y algunos, sencillamente, acompañando.
Saludos, corrillos, deseos de descanso en estas fiestas en honor de la patrona, la muy querida Virgen de la Sierra. Y no se puede iniciar este período tan especial y significativo sin este pequeño ritual en el que afloran los recuerdos, que se convierten en dolor, necesario, a mi juicio. Cada cual elegimos cómo vivir este sentimiento de pérdida. En Villarrubia de los Ojos el cementerio es también una parte importante de la feria para muchas personas.

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