Ayer, 2 de octubre de 2026, viernes, un amigo y yo estábamos tomando un café en una terraza de Ciudad Real. Eran algo menos de las ocho de la mañana. Mi compañero de desayuno temprano me dice que mire a mi derecha, al suelo. Algo ha visto que le llama la atención. Miro. No veo nada. Retira una silla. Me levanto un poco. Y ahí está. Es una cucaracha americana, de nombre científico "Periplaneta americana", adulta, grande y llamativa.
La intento fotografiar con el móvil. Se asusta, corre, esquiva obstáculos y sólo consigo una imagen movida, como un barrido.
Se aleja. Hay un hombre sentado y un perro a cuatro metros de nosotros. Allí va. Creo que el perro le va a pegar un lametón o un golpe, pero ni se inmuta. Se mete justo debajo de un pie del desayunante. Ha llegado su San Martín, pienso. El hombre, ajeno al entomo-evento, mueve ambos pies hacia delante y hacia atrás. Pero nada, la vemos que ha salido indemne por el otro lado. ¡Increíble!
Ahora se enfrenta, quizás sin saberlo, a otra prueba mortal casi de necesidad: cuatro carriles de avenida con tráfico, más uno de aparcamiento en batería.
No me lo puedo creer. Ya está allí, al otro lado. Bajo un coche aparcado.
La vida nos puede sorprender en cualquier momento, en cualquier rincón, con cualquier ser.

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