lunes, 7 de diciembre de 2020

La curiosa agalla del rosal silvestre, nido de la avispilla "Diplolepis rosae".

 Las agallas son excrecencias producidas por invertebrados en algunas plantas. Las hay que han tenido y siguen teniendo usos determinados, fundamentalmente decorativos o lúdicos, como las de las coscojas y otras quercíneas. Por ejemplo, se hacían rosarios, engarzándolas con una cuerda o cinta. También eran usadas como bolas en los juegos infantiles. 

En algunos pueblos de Ciudad Real se las conoce como agallas, gállaras o garañones. Las hay muy extrañas y difícilmente reconocibles. A veces esas deformaciones son tan evidentes y frecuentes que han producido que se denomine a una planta con el nombre común, por la similitud entre el cuerpo de la planta y el referente en cuestión. Nos estamos refiriendo a la cornicabra, un terebinto al fin y al cabo, (Pistacia terebinthus).

Hoy he podido ver la curiosa agalla del rosal silvestre, ya bastante degradado por lo avanzado del año. Así, en un par de ejemplares ya sin hojas, destacaban esos bultos del tamaño de una nuez o un poco más, con un color castaño muy oscuro. Al aproximarme, se veía ese aspecto filamentoso ya bastante compactado.

El proceso es muy parecido al de otras plantas. Una avispilla del género Diplolepis, concretamente "Diplolepis rosae",  deposita sus huevos en el interior de la planta, que desarrollará esa excrecencia, un nido, en realidad, para las futuras avispas.




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