Aquel veintitrés de febrero de 1981 yo estaba en Madrid. Vivía con mi hermana (qepd) y mi hermano en un piso de alquiler. Yo iba al instituto en turno de noche, es decir, de 7 a 11 de la noche. Y es que el instituto estaba desbordado de alumnado masculino y había tres turnos, matutino, verpertino y nocturno. En el último turno teníamos la dudosa ventaja de tener menos horas de clase. Cuando salí me pareció que había menos tráfico de lo normal y habíamos escuchado más sirenas también que de costumbre. Mi instituto era el "Cardenal Cisneros" y daba a tres calles, San Bernardo, Reyes y Amaniel, si no recuerdo mal. Ya por la plaza de Olavide había un coche de policía nacional y los policías estaban hablando con las ventanillas bajadas. Uno le dijo al otro:
-¿Qué te parece la que han montado estos?
Y no recuerdo o no escuché más. Al llegar a mi casa me enteré por la radio y supongo que por mis hermanos. Enseguida nos llamaron mis padres para preguntarnos cómo estaba la situación. Estaban muy preocupados. Mi padre había vivido como soldado la guerra civil de 1936-1939 y mi madre ya como adolescente. No sabían si debíamos intentar coger un autobús para nuestro pueblo -Villarrubia de los Ojos, Ciudad Real- al día siguiente, o un tren a Alcázar de san Juan. Autobuses en aquella época sólo había uno, que salía de la Estación Sur de Autobuses de Palos de Moguer, a las cinco y media de la tarde. Otra opción era coger "una pava", es decir, un autobús de la empresa Sepulvedana, y había más horarios, y bajarnos en Puerto Lápice, a quince kilómetros de nuestro pueblo. O el tren, con varias opciones pero Alcázar de san Juan, a cincuenta kilómetros, era la más frecuente por el mayor número de trenes.
Efectivamente, en nuestro piso de estudiantes también fue la noche del transistor. Al día siguiente, bien temprano, compramos el periódico, aunque creo que fueron dos. Todo se "solucionó" en unas horas. Creo que pasamos a la casa de nuestros vecinos para ver las noticias a las tres. Y por la noche, en clase de Historia, mi profesora nos estuvo hablando de lo ocurrido y leyendo fragmentos de diferentes periódicos, incluyendo "El Alcázar", que todavía se publicaba.
Muy pronto hubo una gran manifestación en Madrid, a la que asistí, recorriéndola desde la acera, en sentido inverso de la marcha.. como había hecho con algunas más.
Hoy he estado viendo algún informativo y una parte de programas de opinión. El presidente del gobierno, Pedro Sánchez Pérez-Castejón, ha anunciado que se van a desclasificar los documentos de aquellos años. No tengo una opinión formada al respecto. Sí me parece una cortina de humo, aunque pueda ser un humo revelador y, esperemos, positivo.
Desde luego lo que pudimos ver es que la candidatura del nuevo aspirante a presidente de gobierno, Leopoldo Calvo-Sotelo y Bustelo, pasó de la falta de apoyos y la bronca parlamentaria al apoyo suficiente, para su breve gobierno. Había dimitido Adolfo Suárez González y la situación era muy compleja.
Recuerdo que durante años había un hombre sentado en una silla plegable, muy cerca del Banco Central, con una pancarta, en la que decía que el golpe de Estado había sido orquestado por Adolfo Suárez. Vendía unas fotocopias, que, aunque sentí curiosidad, nunca compré. En un cartel de publicidad enorme que había muy cerca estaba escrito con ceras el resumen de esa curiosa versión. Después, mucho después, y tras el juicio, se publicó aquel libro de Javier Cercas. En realidad ya había unos cuantos, que sí compré. Y hace años conocí una obra del pintor arrobeño de proyección internacional José Ortega. Y al año siguiente se organizó una exposición de arte en el Congreso de los Diputados. Recuerdo, entre otras, una extraordinaria pintura de Antonio López. Han pasado cuarenta y cinco años. Creo que la inmensa mayoría lo vivimos con calma tensa, con preocupación, pero, a su vez, con mesura y madurez democrática, a pesar del escaso recorrido que teníamos.
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