Hace unos días supimos por la prensa escrita, concretamente por el diario La Tribuna de Ciudad Real, en su edición gratuita en papel, que el artista japonés Teruhiro Ando, tenía una exposición en el Museo de Valdepeñas, Ciudad Real, España.
El artículo no era muy generoso al hablar sobre el verdadero protagonista, como desafortunadamente ocurre, y se explayaba más en los discursos de los políticos, incluyendo el lenguaje gráfico.
Visité el Museo. La obra expuesta me pareció sublime. Esas nubes, ese virtuosismo hiperrrealista, ese minimalismo cargado de significado, esas texturas, esos pasos de dos a tres dimensiones reales, y viceversa, son el reflejo de una búsqueda, de un minucioso trabajo y de un gusto exquisito.
Las obras de Teruhiro Ando están, a mi modesto entender, manando paz y espiritualidad. Hay además una reinterpretacion, nada más y nada menos, que del orgaceño Sánchez Cotán. Irremediablemente me trajo a la memoria otra muy parecida del arrobeño Pepe Ortega.
Desde luego, Teruhiro Ando bien merece una visita.
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