domingo, 21 de junio de 2026

Bares. La sensación de la clavada, en Consuegra, Toledo.

 Me ha pasado muchas veces. He ido a un bar y he salido con la sensación de que me han dado una clavada. Clavada es participio pasado del verbo clavar y se suele usar con el sentido de cobrar por encima de los precios normales.

En alguna ocasión pudo tratarse de errores del camarero y, en otras, míos. Pero también he vivido situaciones de precios "dobles", es decir que me han cobrado precio de forastero o, en el caso contrario, precio de cliente habitual.

Ayer me cobraron 80 céntimos por un churro pequeño, - churrito-, por cierto, frío, y 1,50 euros por una botella pequeña de agua mineral. Fue en Consuegra, Toledo. Le comenté al camarero, que me pareció ser el dueño del negocio, que se me hacía caro. No le hizo mucha gracia y me mostró el tique. Le dije que no había problema, que le había pagado y que le había dado las gracias.

Un sesenta por ciento más por un churro de lazo, madrileño o churrito, como aparece en el justificante del pago, con respecto a las churrerías que frecuento en la provincia de Ciudad Real, se me hace, más que caro, abusivo. En esas churrerías que conozco, un churro pequeño está en unos 50 céntimos y uno grande, porra o tallo cuesta 50 o 60 céntimos. 

En fin, que a veces, la sensación de que te han clavado, supera la posible credibilidad del papelito impreso.

Evidentemente hay libertad de precios pero también de elección de bar.



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