Comenzaré por decir que una crestomatía es una recopilación de textos literarios para la enseñanza. Me tomo la licencia de usar esta palabra sabiendo que mis textos ni son literarios ni serán utilizados para la docencia.
Por si alguien que me lea no lo sabe me llamo Francisco de la Santísima Trinidad Zamora Soria, aunque todo el mundo me llama Paco o, en ocasiones, Paco Zamora.
Desde pequeño me ha atraído con una intensidad difícil de explicar la Naturaleza. Veía un saltamontes, una libélula o una rana y me parecían, y me siguen pareciendo seres extraordinariamente hermosos.
Las ranas eran para mi el sumun, el clímax, la cima de mi personal pirámide de admiraciones. Y dentro de las ranas, la verdadera reina o emperatriz era la ranita de San Antonio (científicamente no es una rana sino un hílido).
Con los reptiles había en mi una pugna fuerte, y a veces creo que dolorosa, de la que quizás hablaré largo y tendido en otro momento. Baste decir que las tortugas (galápago europeo) también estaban muy bien situadas en esa imaginaria clasificación pero con las culebras había una mezcla de admiración y miedo.
Fueron pasando los años y aquí estoy, con sesenta y cuatro primaveras incompletas (nací a finales de abril), y sigo fascinado por los anfibios y los reptiles y tantas y tantas maravillas de la madre Naturaleza.
Mucho ha cambiado mi percepción, mi relación y mi conocimiento en estos años.
Llevo tiempo queriendo escribir, e ilustrar, hasta dónde me sea posible, esos encuentros que denominaré batraco-herpetologicos. La denominación quiere, de alguna manera, hacer justicia al término más utilizado pero inexacto de la Ciencia, la Herpetología. Y es que hubo un tiempo en que se hablaba de Batracología y de Herpetología. En algún momento se decidió que ambos grupos serían estudiados e incluidos, indistintamente, bajo la denominación de Herpetología.
Lo cierto es que ayer, 20 de junio de 2026, contemplé por unos segundos un espectáculo herpetológico muy interesante en el término municipal de Consuegra, provincia de Toledo. Pensé que había llegado el momento de ir sacando del baúl desordenado de mis recuerdos estos encuentros y de irlos escribiendo y publicando.
Y así haré, si Dios quiere, y si voy encontrando el tiempo y la calma suficientes.
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