Voy y vengo. Una vez a la semana riego las plantas. Son unos 150 kilómetros, ida y vuelta. Hace un mes, quizás algo más, arrancando unas hojas secas de las pilistras, de nombre científico "Aspidistra", me llevé por delante otras dos que estaban verdes. Salieron con la hoja seca, con parte del rizoma y algunas raicillas.
¿Qué hacer? No tenía ni tiempo ni los preparativos para trasplantarlas. Quizás en otro momento. Puse el esqueje en un vaso con agua.
Había varios problemas. Uno de ellos era que esa habitación la dejo a oscuras, prácticamente en completa oscuridad. Al cabo de una semana y poco, volví y tuve que añadir agua. Hacía bastante calor.
Pasaron unas tres semanas y no sé si volví a echar más agua. Hoy, 12 de septiembre de 2026, veo que el vaso está totalmente vacío. Las hojas de aspidistra, sin embargo, han sobrevivido. Impresionante. Sin tierra, sin luz y sin agua.
Las pilistras son plantas de interior. Proceden del lejano Oriente, China, Japón, el Himalaya y Vietnam. Hay unas cien especies.
Se dice que pueden vivir cien años. En la cultura anglosajona, de alguna manera, representaban, a la clase media. Han sido motivo literario, artístico y cinematográfico. George Orwell escribió una novela en 1936 cuyo título aparecen: "Qué no mueran las pilistras". (Keep the Aspidistra Flying).
En la Mancha creo que no había patio que no las tuviera. He visto fotografías de hace ochenta o noventa años y ya se las veía.
Efectivamente, son muy resistentes a la sequía y a la oscuridad, pero no a los rayos de sol directos. En realidad, en estado natural habitan en la parte inferior de bosques tupidos y umbríos.
Las mías, mis pilistras, fueron de mi madre y luego de mi hermana. Quizás fueran antes de mi padre o de alguna de mis abuelas. Ojalá las sigan disfrutando mis hijos y los suyos.


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