sábado, 18 de febrero de 2023

España, españolas, españoles y la españolidad. 1. Tenemos dos apellidos y parece que los estamos perdiendo.

 Algunas veces he pensado en eso que se podría definir como españolidad, en España, las españolas y los españoles. 

Primero, por si alguna persona que no me conoce lee estas líneas, debo aclarar que he vivido en varias comunidades autónomas, varias ciudades y pueblos y, el extranjero, un tiempo. Aunque no tanto como me hubiera gustado, he viajado por algunos países y he intentado conocer alguno con cierta profundidad (y extensión). No es mucho lo que he leído sobre este tema pero soy consciente no solo de lo mucho que se ha escrito sino del alto nivel académico, literario e intelectual  de algunos de esos autores.

Desde luego creo que este fenómeno que se empezó a llamar "glogalización" hace ya un par de décadas es cada día más visible. Yo siempre mantuve que no era nada nuevo pero que la diferencia, ahora, es el ritmo y la intensidad. 

Uno de los muchos detalles que podemos citar (y, como dicen los ingleses, en los detalles está el demonio) tiene que ver con nuestro nombres y apellidos. Pasemos por alto los nombres de pila y pensemos en los apellidos. En España desde hace siglos -bueno, no tantos siglos- usamos dos apellidos, en primer lugar el del padre y en segundo lugar el de la madre. En realidad desde hace ya un tiempo se puede alterar el orden pero lo más general es este sistema. Presenta considerables ventajas con respecto a otros idiomas. Por un lado, es más fácil identificar a una persona ya que hay más variedad. Por otro, es mucho más justo con las madres que, aunque en segundo puesto, aportan su apellido.

Pero en el mundo del arte, del espectáculo, del deporte, de la política, de la literatura...lo normal es usar sólo un apellido. Hoy, leyendo un mensaje de una reputada galería de arte me ha sorprendido que, de doce artistas los doce aparecen con un único apellido. De pronto me he acordado de Picasso y de Dalí pero también de un artista contemporáneo al que tengo la suerte de conocer, Pedro Castrortega. Este último unió sus dos apellidos como nombre artístico. Me parece muy buena idea. 

En el mundo académico es, desafortunadamente, cada día más frecuente que se utilice sólo el primer apellido para las publicaciones científicas extranjeras, que son, por cierto, las más valoradas. Hay quiénes recurren a unir los dos apellidos con un guion y se comenta que, si no se hace así o se induce a errores o sencillamente se eliminará el segundo. Una pena.

De alguna manera los dos apellidos nos diferencian, nos individualizan y personalizan y, como tantos rasgos, los estamos perdiendo. Como curiosidad y contrapunto es digno de ser mencionado que en algunos pueblos de la provincia de Ciudad Real la inmensa mayoría de los habitantes, en realidad, tienen cuatro apellidos. Bueno, en realidad son dos, pero compuestos. Nos estamos refiriendo a Daimiel, Membrilla, Herencia...Así, tenemos, Fernández-Bermejo Romero del Hombrebueno, Serrano de la Cruz Martín-Moreno o López de los Galanes Díaz-Salazar (son reales pero mezclados al azar).

Para terminar, en algunos países, como los anglosajones, las mujeres, al casarse, pierden su apellido para tomar el del esposo. En España no es así. 


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