Hoy, 19 de agosto de 2026 es el Día Mundial de la Fotografía. Me lo ha recordado el Telediario de TVE. Por lo visto no sé cuántos mil millones de fotos se van a hacer hoy. Y un tanto por ciento muy considerable de esa ingente cantidad se considera algo así como chatarra virtual. Otro tanto jamás será visto ni usado.
Así que me sigo haciendo preguntas, como hace tiempo. ¿Merece la pena seguir haciendo fotos así? ¿Merece la pena exponer, publicar, imprimir...? ¿Tiene remedio? ¿Qué podemos hacer si nos gusta, nos entusiasma, nos apasiona la Fotografía?
¿Dónde irán a parar mis fotos de hace cincuenta, cuarenta, treinta, veinte, diez... años? Algunas, creo y modestia aparte, podrían tener cierto interés, trascendiendo lo meramente personal y familiar.
¿Y las de tantas y tantas personas que toda su vida ha girado, muy cerca o en torno a una cámara?
Hay una mega inflación fotográfica y una especie de hastío, de saciedad, de cansancio, que tiene mucho que ver con los llamados Medios de Comunicación Social y las omnipresentes redes sociales, o antisociales.
Vivimos inmersos en una suerte de mediocridad estructuralizante, de mal gusto, de simplismo amplificado y amplificador, de vacío de liderazgos positivos y de espacios adecuados para el disfrute, el diálogo, la crítica, la investigación, el estudio, la reflexión y la conservación.
Son estos tiempos cambiantes, confusos, complejos, duros para muchos y quizás demasiado blandos para otros.
La tecnología, en cualquiera de sus formas, facilita pero a la vez, dificulta este proceso de captación y creación fotográfica.
Ahora, en 2026, la Fotografía parece más una forma material o virtual de la llamada "función fática o de contacto" que cualquier otra del lenguaje, tomándome la licencia metafórica pertinente.
Se hacen o hacemos fotos compulsivamente - así me lo dijo una amiga francesa, con razón- que es algo así como si cocináramos a todas horas y sin control, independientemente de que haya comensales o no. Evidentemente es necesario hacer tantas salvedades como sea preciso y hablo por mí más que por nadie.
Y todo genera impactos, también ambientales y sociales, por cierto, a veces, paradójica y aparentemente contradictorios.
Así las cosas, en esta nueva etapa de la llamada Posfotografía, opto por mi silencio iconográfico y hago el esfuerzo de recordar algunas fotografías que me impactaron cuando era o niño o joven, como la de aquel lince, sobre la que ya escribí y era como mi cielo liberador de la pequeña celda en la que me sentía.
Enhorabuena por el artículo!!!!!
ResponderEliminar