Al menos durante las dos últimas décadas del siglo XIX y las primeras del siguiente, en las Iglesias, y tras la misa, se entregaban unos justificantes de comunión.
Eran tiras muy pequeñas de papel en las que solía aparecer el nombre del municipio y el de la iglesia.
Aunque había diferentes modelos, diseños y tamaños, los que he podido ver miden entre siete y diez centímetros de largo y unos tres a cinco de ancho.
También los había con la fecha, que venía incompleta, para rellenar a mano, por décadas. Así, vemos "Año de 189..."
Los justificantes o recordatorios de haber comulgado que he visto se encontraban en lo que llamábamos en mi casa como "libros de rezos". Allí han permanecido, desde hace más de cien años, junto a recordatorios y estampas religiosas.
Para mí son verdaderos tesorillos que tienen la capacidad de trasladarme a esa época. Casi seguro que algunos fueron de mis bisabuelos y quizá haya incluso de mis abuelos. Me vienen a la mente esos momentos tan intensos e íntimos de la Comunión, con una mezcla de pensamientos y emociones de las que, curiosamente, no se suele hablar.
En una búsqueda rápida en Internet he visto ejemplares muy parecidos de otros lugares y de fechas más tardías.

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