Durante prácticamente toda mi vida no fui consciente de la singularidad e importancia de tener dos apellidos. Ya era yo adulto y con cuatro o cinco decenios cuando escuché por primera vez que los españoles y españolas éramos afortunados por esta forma de identificarnos oficialmente. Una mujer francesa nos dijo una vez que nos envidiaba por lo que esta fórmula tenía de reconocimiento a nuestras madres. Y así empecé a darme cuenta de las ventajas de llevar un segundo apellido, el de la madre. Por aquellas fechas supe también que ya, quiénes lo solicitaran, podían cambiar el orden para anteponer el materno al paterno, y algún caso conozco.
Lo cierto es que paralelamente me fui dando cuenta de como había ámbitos en los que estaba cambiando nuestra forma de llamarnos. Así, en el mundo de la creación artística, me decía un conocido muy activo, "no suena bien, no queda bien" lo de los dos apellidos. Me ponía ejemplos y más ejemplos en los que nunca había reparado. Al poco tiempo me tocó firmar un trabajo académico con varios coautores. Se publicaría en una revista científica internacional. Y volví a escuchar el mismo argumento. Me dijeron que no se podía, que no quedaba bien, que solían omitir el segundo o cambiarlos y usar sólo el último, por lo que muchas personas optaban por eliminar su segundo apellido o a agruparlos con un guion. Me pareció nefasto, discriminatorio e injusto. Y hoy acabo de ver la portada de un libro de ensayos sobre Fotografía. Tiene una pinta extraordinaria pero...las siete u ocho personas que lo firman en la portada lo hacen con un solo nombre y un solo apellido. Una pena y una pérdida de información muy considerable.
Estoy firmemente convencido de que debemos hacer el esfuerzo necesario para no perder, por el uso o el empuje de otras culturas, esta precisa y más respetuosa manera de identificarnos. Tenemos dos apellidos, el de nuestro padre y el de nuestra madre. Aunque sólo fuera por respeto y agradecimiento no tenemos que perderlos.
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