El pasado domingo estuve visitando y conociendo a Pedro Solís Camacho, en Villarrubia de los Ojos. Me preparó la vista el también artesano César Medina Camacho.
Pedro disfruta con la restauración de muebles y da vida a piezas que en otros tiempos fueron cotidianas, a veces, de hace muchas decenas de años. Es de los pocos que se atreve, por ejemplo con los asientos de rejilla. Es un trabajo complicado, lento y con un material muy caro. Nos habla de maderas, de texturas, de técnicas de limpieza, de los diferentes tipos de pintura, mientras sus muchos gatos y un perro rondan por allí. Acaricia un aparador al que le ha devuelto un aspecto de nuevo; después nos enseña una banca, o una silla muy antigua, ya limpia de la pintura que tuvo, a la que espera reponer el asiento.
César trabaja las fibras vegetales como la anea y el esparto, le hace preguntas y me anima a hacer lo propio. El tiempo es como si fuera más despacio, a otro ritmo, en estos talleres llenos de maderas, de fibras vegetales, de técnica y de maña, pero, sobre todo, de ese saber y querer hacer, dando a cada pieza lo que necesita.
Es un verdadero placer poder compartir un rato con estos artesanos que "viven lo que hacen", aunque no viven de lo que hacen.
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