domingo, 19 de abril de 2020

La casa de papel, una serie indecente, sin más.

Lo de ver series para mí, es nuevo. El estado de alarma por coronavirus ha supuesto que aprenda a usar el mando a distancia correspondiente, y que tenga más tiempo. En realidad tenemos el mismo, pero lo dedicamos a otras cuestiones. Así, casi por azar, empecé a ver "La casa de papel" sin saber que había empezado por el final. No la terminé, afortunadamente, después de ver un montón de escenas absurdas de violencia de salón, con salsa de tomate, ensaladas de tiros, postres de granadas de mano que no hacen pupa, puñetazos y golpes, polis torpes y escenas lentas y sin sentido. Lo siento por esa muchedumbre que se ve o se vio deslumbrada por el asalto al Banco de España.
Pero, siguiendo las indicaciones de uno de mis hijos, y dado que no hacía más que quejarme de los muchos sinsentidos que estaba viendo, decidí ver las primeras temporadas. No siento decirlo, ¡una pérdida de tiempo y de electricidad!
Asaltar la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre de España, relacionarla con una protesta socio-política con retazos descafeinados del 15-M, pasando por el sueño del hijo de un atracador de bancos me parece ... No quiero decir palabras malsonates ni faltar el respeto a nadie. Pero es que se trata de un argumento falaz, burdo, torpe, sin pies ni cabeza.  Menos correcto aún me parece estirarlo tanto como para tres temporadas.
Y es que la historia no resulta ni medianamente creíble. Desconozco lo que ha dicho la crítica, (¿qué es "la crítica"?) pero parece ser que la serie ha cosechado un éxito mundial sin precedentes, lo que demuestra, claramente, cómo está el mundo. ¡Qué pena! Los malos haciendo de buenos, lo imposible, lo tópico, lo manido, lo... en fin.
Nada tengo que decir de la fotografía, del ritmo en algunos momentos, de la ambientación y de algunos efectos especiales, cuando no son demasiado exagerados, que los hay...Y, la actuación de actrices y actores, en general, me parece impecable. Pero ni por esas salvaría yo esta ingente cantidad de fotogramas. Porque, insisto, no es creíble, no convence, no va a ninguna parte...Sí, ya sé, ya ha ido, pero hablo de otro concepto. 
El hecho de mezclar esas ingentes cantidades de tiros, explosiones, golpes, caídas, navajazos,  con el omnipotente dominio de la tecnología...con las relaciones humanas, las emociones, los sentimientos,  el sexo (muy al gusto actual de mostrar sin enseñar más allá que algún culo masculino, muchas tabletas abdominales, y poco más) dicen que ha sido una de las claves del éxito. Nada que añadir. Creo que es un camino más que transitado y de escaso o nulo valor. Pero bueno, ahí está. El meterse en la piel de algunos personajes tiene, a mi juicio, su interés, pero sin tirar muchos cohetes.
Nada me dice el profesor, mejunje personal con un aire de algún que otro personaje de la política  actual con otros tantos de la historia petarda del cine, sin necesitar dar más detalles.
La muerte, -porque supongo que, salvo que me pillara en alguna serie de cabezadas, muere- de una de las rehenes, una de las estudiantes, tendrá algún trasfondo que se me escapa. Yo no veo la coherencia por ningún lado. Es como una particular venganza hacia esas personas que, ante el miedo atroz, son capaces de aliarse con el mayor enemigo. Pero es que nadie la nombra después, no hay duelo, el sensible y humano protagonista y artífice de tan macabro golpe ni lo refiere. Es de suponer que su familia recibe esa cantidad de dinero. O que se aclare la situación en otro capítulo, o que lo hayan dejado para la quinta o la octava temporada.
Y, para ir terminando, lo de indecente me parece que salta a la vista. Millones de personas se han dejado engatusar por una banda de delincuentes, convertidos en héroes, sin serlo. Es el mundo al revés. Los que deberían hacer de buenos hacen de malos, muy malos. El robo, el secuestro, el robo, la violación...se nos presentan como algo justo frente a errores o corrupción.
La indecencia no es que se vea una pareja manteniendo relaciones sexuales, sino ese planteamiento distorsionado y distorsionador de la realidad. Pienso en los cientos de miles de jóvenes que han visto la serie. Me preocupa el grado de aceptación, de identificación, de comprensión de esas conductas. Esa es la inmoralidad. Y con esta crítica tan personal y contracorriente, como siempre, no digo, ni remotamente, que se deba censurar o prohibir de ninguna de las maneras sino que, desde mi humilde punto de vista, es muy recomendable que personas normales y corrientes, de cualquier tipo o condición, manifestemos nuestra opinión. Ya sabemos que ha sido un exitazo pero, que conste también que al menos a alguna persona nos ha parecido una castaña, una pérdida de tiempo, un engaño, una falacia, una pirueta sin gracia, sin olvidar sus buenas dosis de americanada.

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