Antes de ayer falleció mi hermana Amanci (Amancia Zamora Soria, Ciudad Real, 1960- Málaga, 2026) con sus 65 años y más de nueve meses y medio en coma, tras haber sufrido un derrame cerebral.
Amanci fue una mujer muy luchadora, hasta sus últimos momentos de vida. Fue una de tantas niñas de su época que estuvo estudiando durante varios años en internados religiosos. Primero estuvo en el Colegio de la Divina Pastora de Madrid (madres franciscanas) de la calle Santa Engracia 140-142 (en 1971, cuando ella estudió allí, se llamaba Calle de Joaquín García Morato, hasta 1980). Después estudió en el internado de Toledo, de la misma orden religiosa. De allí, junto con sus hermanos, se fue a estudiar el C.O.U. a Madrid, a un piso. Inició los estudios universitarios orientados hacia una de sus pasiones, el Campo. Cursó la carrera de Ingeniero Técnico Agrícola y muy pronto empezó a trabajar en empresas privadas, fundamentalmente, actualizando el Catastro de Rústica en diferentes pueblos de España.
Tras prepararse la oposición obtuvo su plaza en Andalucía, instalándose en Málaga en 1991, ciudad donde residiría ya toda su vida. En la Consejería de Agricultura, que a lo largo de estas tres décadas y media ha cambiado de denominación, se desarrolló su carrera profesional. Muy poco tiempo después de instalarse en Málaga siguió estudiando. Así, cursó algún curso universitario de Derecho, matriculándose después, hasta terminar su carrera de Ingeniero de Montes, obteniendo pronto la plaza ya con este perfil profesional, y con destino en la Confederación Hidrográfica del Sur, dependiente de la Consejería de Medio Ambiente de Andalucía.
Además, estudió Fotografía en diferentes cursos y academias, siendo esta una de sus aficiones. Muchas de sus imágenes son verdaderos reportajes de sus abundantes viajes por todo el mundo, ya desde hace veinte años, con su marido, Iñaki Arriazu Agramonte, que tan feliz la hizo y tan bien la supo comprender y cuidar en estos difíciles y dolorosos nueve meses y medio de internamiento hospitalario.
De sus fotografías de viajes, en varias ocasiones, le hice selecciones que reflejaban su sensibilidad, su buen ojo fotográfico, su dominio de la técnica, su visión humana y su tenacidad para conseguir algunas de ellas. Participó con varias escenas preciosas y muy ilustrativas en la exposición colectiva "Escuelas del mundo" que comisarié para la Universidad de Castilla-La Mancha, en la Escuela de Magisterio de Ciudad Real en 2010. También participó en ella Iñaki, por cierto. Sería una buena forma de recordarla preparar esos materiales para una publicación o exposición, o ambas.
Su deseo de seguir aprendiendo supuso que nunca haya dejado de formarse. Siguió estudiando, y hasta donde recuerdo o tengo conocimiento, perfeccionó su nivel de Inglés y aprendió Chino en la Escuela Oficial de Málaga, Allí viajó dos veces y creo que era su intención seguir visitando aquel país.
Entre sus viajes recuerdo el de Japón, con motivo de su unión con Iñaki, los de América del Sur y del Norte, los de China, los de África...y su primer viaje al extranjero, que me atrevo a decir que fue el germen de todo lo que vino después, no solo en ella sino en otras personas de su entorno, como yo. Me estoy refiriendo a Taizé, en Francia, en torno a 1974 o 1975. Todavía me asombra que fuera capaz de convencer a nuestros padres que, aunque eran muy abiertos, veían con mucho miedo un viaje de esas características de una chica tan joven, incluso estando organizado por las monjas franciscanas.
Amanci Zamora tenía muchas aficiones y estaba llena de vitalidad y de proyectos. A los pocos días de sufrir el accidente cerebrovascular, por ejemplo, tenía previsto un viaje con Iñaki y su muy buena amiga Fátima, a Perú. A escasos meses estaba la jubilación, que había postergado cuatro meses, sin haberla podido disfrutar.
Amanci nos ha dejado físicamente pero su recuerdo y su ejemplo en tantas y tantas facetas de su vida nos acompañan.
No quiero terminar este texto sin agradecer en primer lugar a Iñaki y su hermano Patxi estos largos y duros meses de cuidados. A Fátima, Cristina, Montse, Mamen, Javier... todas las amigas y compañeras (perdón por no recordar todos los nombres) que la han acompañado en este trance del hospital, de cuidados y de acompañamiento en sus muy numerosas intervenciones quirúrgicas.
Igualmente quiero dejar constancia de que en todo el personal médico, asistencial y técnico del Hospital Carlos Haya (Hospital Regional Universitario de Málaga) lo único que he visto es profesionalidad, entrega y humanidad.
Amanci ahora descansa en Paz, en el cielo, con mis padres y con tantos seres queridos, dándonos fuerza y llenando el vacío que deja en nosotros con su recuerdo.
En Japón, en una tienda de Fotografía...



No hay comentarios:
Publicar un comentario