domingo, 25 de enero de 2026

Junco, harina y agua: las churrerías.

Hace ya bastantes décadas desde que no he vuelto a ver juncos en una churrería. Era muy típico ir a comprar churros y que te los dieran engarzados en un junco que, precisamente, recibe el nombre común de junco churrero (de nombre científico "Scirpus holoschoenus"). En Villarrubia de los Ojos, Ciudad Real, España, Conce Sepúlveda (1951) me contaba hace unos días que de pequeño iba, con otro amigo, Lore "el alemán", a coger juncos a la vega. Se los vendían a los churreros del pueblo, para su suministro diario.

Fue pasando el tiempo y, como suena, los juncos fueron sustituidos por papel de estraza y bolsas de plástico. Hoy, 2026, se suelen utilizar bolsas de papel aunque el plástico sigue presente. En este caso se advierte a la clientela que son de pago, a razón de diez céntimos.

Los churros se hacen con harina y agua. Un amasado rápido, la compresión de la manga churrera, el aceite bien caliente, y en cuestión casi de segundos, ya están listos para ser consumidos. 

Los suele haber tipo lazo, que en buena parte de España se denominan "churro madrileño" y los de rosca, cortada en trozos de longitud variable, pero generalmente de unos 18 a 25 centímetros, por aportar una estimación sin más (a la que solemos llamar "a ojímetro"). Este tipo de churro suele denominarse "porra" pero en pueblos como este recibe el nombre de "tallo", dejando el vocablo "porra" sólo para el inicio de esa rosca, que se encuentra en el centro y tiene una terminación -en realidad, inicio- más abultada y redondeada. También hay roscas de longitud variable, dependiendo de cada churrería que las prepara. La variedad es mucho mayor pero estos serían los más extendidos.

Se cuentan por miles las churrerías que hay en España. En algunos pueblos y ciudades son un punto de referencia para muchas personas. Desde la cafetería o bar, la simple habitación para solo su fabricación y venta, en quioscos o vehículos adaptados, las churrerías venden sus productos desde bien temprano hasta que la clientela deja de afluir. En ciertos casos esa actividad continua o se retoma al anochecer. También las hay que comparten sartén con otros productos, como las patatas fritas. Y en las ferias son negocios que no suelen faltar.

Había churrerías en Madrid que eran una verdadera preciosidad y que para los años ochenta del siglo XX estaban ya o cerradas o en vías de desaparición. Esos cambios, a mi juicio, tuvieron que ver con ciertos cambios de las costumbres y horarios de los trabajadores pero también con la incorporación de los necesarios utensilios churreros en bastantes cafeterías, que daban un servicio mucho más completo, en todos los sentidos.

Hoy, en Villarrubia de los Ojos, contamos con el bar "La Paloma" que, desde hace unos cuatro o cinco años, viene haciendo tanto churros como pequeñas roscas. La otra opción es, desde hace muy poco tiempo, la nueva churrería "el Tragui". Allí, Santiago hace tallos y se anuncia como la sucesión de una saga familiar desde 1979. En Piedrabuena la churrería de Olvido y Candi anuncia ya su próximo cierre habiendo otra nueva que ha venido a asegurar la continuidad.

En Ciudad Real destacan "La hormiga", con varios establecimientos, y Jovi, que aglutina a una clientela muy abundante. Hay más, y en Malagón, por ejemplo, conocemos la de Los Javichas, y otra en el extremo opuesto de la calle de la Tercia. En Porzuna también hay dos, una de ellas de reciente renovación de la titular. Y podríamos seguir enumerando pero no procede, porque la idea es aportar sólo unas ideas y algún dato sobre esta actividad empresarial del sector de la alimentación y restauración que, en muchos casos, son el arranque del día de puertas afuera. Los precios suelen variar poco. Los que conozco más recientes están entre 50 y 60 céntimos por la porra o tallo.

Antes de finalizar y como curiosidad, también hay churrerías ambulantes y churros en el sureste de Francia. Es interesante destacar que cada churrería suele tener su estilo propio, su toque personal, en un producto aparentemente tan uniforme. En la misma medida hay gran diferencia entre las que sólo elaboran los churros y las que ofrecen otros servicios. Personalmente me gusta frecuentarlas, conocer las que hay cuando viajo por nuestros pueblos y ciudades y, en algunos casos, hacer fotografías. Sigo recordando aquellas churrerías que funcionaban con fuego de leña, con juncos, con la petición de la vez y con la churrera manual y palos requemados.


Churrería "El Tragui", en Villarrubia de los Ojos, Ciudad Real. Enero 2026.

Santiago, dueños de la churrería "El Tragui", Villarrubia de los Ojos, Ciudad Real. Enero 2026.

Churrería en un bar de carretera. Andalucía. Diciembre de 2025.

Churrería Olvido, Piedrabuena.


Churrería de Porzuna.


Rosca de la Churrería Jovi, diciembre de 2025, Ciudad Real.

Churrería Jovi, Ciudad Real, diciembre de 2025. Fotografía modificada para mantener anonimato de la clientela.



Carta de la churrería "La Hormiga", Ciudad Real.





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